Todos los “codos” son feos


 

-Por Ismael Medina*

El codo, ese paria del cuerpo humano, desarticulado y disfuncional, no ha recibido elogios de famosos y “ser codo” nunca fue honrado por ninguna cultura, civilización o religión

 

Los “codazos” se dan entre familiares por las herencias, entre jugadores y políticos enemigos o rivales. Se dan también para abrirse paso entre las multitudes, para salir en la foto y sobretodo para conseguir puestos, favores, prebendas o honores dudosos e indebidos.

Ya a principios del siglo XVII, el británico William Shakespeare se mofaba en su obra “Medida por medida”, del “Codo” (Elbow), ese prototipo de personajes pedantes y burlescos.

En México, “ser codo” es el peor de los insultos porque sinónimo de tacañería, de mezquindad y sordidez. Se dice también que alguien “habla por los codos” por su incontinencia verbal o por su frivolidad.

Aplicados a las demarcaciones fronterizas, tan “intangibles” para el reparto colonial del siglo XX, los “codos” pueden ser arbitrarios, injustos, incomprensibles y en muchas de las ocasiones desastrosos.

Los “codos” fronterizos, trazados sobre el papel a tiralíneas y ajenos a las realidades históricas, étnicas y culturales de las poblaciones afectadas, y presuntamente intangibles, particularmente en África, son aberraciones coloniales y constituyen verdaderas bombas de tiempo.

El más conocido, por cierto accidental aunque igual de torpe e incalificable que los intencionales, es el “codo de Churchill”. Se comenta que, mientras el Premier dibujaba las nuevas fronteras en Medio Oriente, se le acercó su ayudante quien le movió el brazo, alterando el trazado original. Para nada se enojó el político y no hubo necesidad de corregir el “accidente fronterizo”.

Así quiso el destino y así quedó marcado en el Mapa.

En África del Norte, Argelia cuyas fronteras fueron inventadas por el Imperio francés, tuvo a su favor varios “codazos” que le permitieron engullir varios territorios ajenos y extender sus “intangibles” limites al Este, al Sur y al Oeste, en detrimento de Túnez, Mali, Níger, Mauritania y Marruecos.

Por ejemplo, el “codo” colonial francés en 45 grados adentrado de Marruecos le adjudicó a Argelia cinco provincias del territorio histórico marroquí que seguramente, algún día, tendrán que volver a estar sobre el tapete.

Y qué decir de los desastrosos trazados fronteras del Congo, Camerún, Sudan, Chad, Mauritania y otros más en África y Asia, fuente permanente de conflictos tribales y regionales y que tarde o temprano irían a parar en la Corte Internacional de justicia de La Haya, si antes no desencadenan en conflictos armados.

Muchos son los “codos” coloniales “intangibles” y mucho tendrán que esforzarse los conjueces de la CIJ para atender el inevitable aluvión de demandas futuras y para armar el rompecabezas que dejaron como herencia los imperios británico y francés en Asia y Africa.

 

*Analista político

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