Carlos Garrido Chalén

Poeta Garrido Chalen : “Si esa es la paz, devuélvannos la guerra”


Por Hassan Achahbar

Es poeta, periodista y escritor, autor de una treintena de obras, en los géneros de poesía, ensayo, cuento y novela, Premio mundial de literatura “Andrés Bello”, versión poesía 2009 de Venezuela.

Es humanista peruano, nominado por historiadores de República Dominicana y Puerto Rico, al premio Nobel y de su boca hablan los amantes de la anhelada Paz mundial cuando asevera que “los peores enemigos de la Paz, no son solamente los propiciadores de la guerra, sino los “pacifistas” de mala fe, que creen que la paz es un fuero de su absoluta y exclusiva pertenencia”.

La Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura (Unesco) lo distinguió recientemente por su trayectoria literaria y su trabajo a favor de la educación, la literatura y la Paz en el Planeta.

Él, es nuestro amigo Carlos Garrido Chalén, presidente fundador de la Unión hispanomundial de escritores (UHE), embajador universal de la Paz en el Perú, del Círculo de embajadores de la Paz de Ginebra y embajador de buena voluntad de la Paz y la Humanidad de SPMUDA, Filipinas.

Y de la Paz se expresó en una conferencia magistral, a partir de su ensayo “Si esa es la paz, devuélvannos la guerra” y asentó que “necesitamos una paz, que cultural, social, política, económica y financieramente, junte todos los cabos sueltos, y nos lleve a la imperiosa conclusión de conceptuarla como artífice de las más grandes conquistas mundiales. De lo contrario será siempre una estafa intolerable”.

De la Paz también habló en el marco de la III Feria Internacional de Libro “Eugenio María de Hostos”, que se realizó del 3 al 9 de marzo 2014 en la ciudad puertorriqueña de Mayagüez, a la que acudió como invitado especial.

En presencia de destacados historiadores y escritores de Estados Unidos, República Dominicana, Chile, Venezuela, Argentina, Perú y Colombia, Garrido Chalén sostuvo que “no es cierto que si no hay guerra, la paz es automática. Esa es una facilista y anémica manera de definir la paz, en la que desgraciadamente han caído muchos “pacifistas”, algunos de buena fe y otros de mala estirpe”.

“Porque la paz, argumentó, no tiene un formato fácil para esquematizar como la mera antítesis de un conflicto bélico o social. Se termina una guerra o pone fin a un conflicto social, y puede que la paz siga ausente, si el hombre no comprende que para asegurarla -para que sea evidente y tangible- el herramientario que se use para ajustar sus tuercas, tiene que ser racionalmente moral, intrínsecamente espiritual, -e incluso familiar, desde que la familia es la base social más importante- y eso tiene que ver con la forja de los valores y los mejores sentimientos, pero también con el equilibrio del entorno sociopolítico sobre el que se afianza”.

Según el presidente de la UHE (con sedes en 40 países) “de nada vale una paz hermosa en el papel, cuando en la práctica la envilece la política de los desleales, de los truhanes, de una corrupción que apesta a muerto y desintegra y ofende la moralidad y dignidad de nuestras sociedades”.

Y nuestro poeta acota: “La guerra es mala. Pero más mala es la paz de los hipócritas y los miserables. La paz de los corruptos que conspiran contra el alma y los dineros de nuestros pueblos. La paz lírica y advenediza e inconsecuente de los que viven como pachás ignorando que mientras ellos pueden comer, y hasta en exceso, hay infinidad de niños y jóvenes y ancianos de nuestros pueblos olvidados, que se van a dormir sin nada en el estómago, porque carecen de los recursos más mínimos para vivir una vida digna y sobrevivir a la miseria”.

“No debemos olvidar que la integración que promueve la paz, no valdrá nada, si no se hace con justicia social; jamás tendrá un significado trascendente, si no promueve desarrollo, pues paz en pobreza y sin educación ni cultura, es una paz sin futuro”, sostiene.

Luego redondea su pensamiento aseverando que “La paz tiene que moldearla el ideal de la verdad histórica, que no la hacen los historiadores de la mentira, que andan pensando más en sus propios intereses, que en lo que la historia debe promover para los pueblos. Los pueblos olvidados, muchos de ellos en pobreza extrema, no viven de los discursos políticos pírricos, ni los ensambla la locura de los prometedores políticos de profesión que aparecen como redentores cuando va a haber elecciones, y los gana la amnesia y el olvido cuando no los urge un voto para llenar su egoísmo. Y es que eso es así: de nada vale una paz consentida -vestida con las prendas más lindas de la hipocresía moral-, desarmonizada por el hambre, el sufrimiento y la miseria de nuestros pueblos”.

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