La Marcha Verde movilizó a 350 mil marroquíes para recuperar al Sahara

Sahara: un conflicto útil (y2)


“Nadie da nada por nada”: teniente coronel  Rafael de Valdés

Por Ismael Medina

España y Argelia son dos caras de una misma moneda en lo que se refiere a la cuestión del Sahara. Hacen causa común y son, y con creces, los más beneficiados por el estatus quo en la región. El conflicto les sirve para el apriete a Marruecos.

Al régimen argelino, el dilema se le plantea bajo la premisa de que cualquier solución que no contempla la tesis de un “Estado saharaui” significaría un fracaso y no sería aceptable desde ningún punto de vista porque a la cúpula militar se le agotarían los pretextos para seguir reteniendo el poder.

Los militares argelinos no venden gas y petróleo para hacerse con parte de las riquezas del país, pero si, compran muchas armas y renuevan arsenales lo que les deja muy buenas comisiones.

A España, el conflicto del Sahara le sirvió para mantener a raya a los revoltosos magrebíes sobre todo en una época en que se temía por una alianza Marruecos-Argelia. En el tema saharaui, los gobiernos que se tornaron en Madrid desde 1975 hasta la fecha han tenido la misma actitud de “falsa neutralidad”.

Durante cuatro décadas hubo dos Españas: la oficial que buscó quedar bien con Marruecos, dejando actuar, con demasiada prolijidad y protagonismo, a la no oficial, que se movía del lado argelino movilizando una impresionante maquinaria de apoyo a los separatistas del Polisario.

Isabel González Cobos, quien fuera la presidenta de la Asociación de apoyo en Málaga, la primera constituida en Andalucía y una de las primeras en toda España, aporta sugestivas revelaciones en torno a las actuaciones de oscuros grupos españoles en relación al tema del Sahara.

En declaración al periódico Sur de Málaga, Isabel Cobos detalla como “la policía nos entregaba información” sobre los saharauis que llegaban desde Marruecos a Ceuta o a Algeciras “a donde íbamos a buscarlos”.

“Luego coordinábamos con la delegación saharaui en Madrid la salida de esas personas con destino a los campos de Tinduf”, dice.

Hasta la fecha, los políticos españoles, de derechas y de izquierdas, siguen creyendo que un arreglo en el Sahara y una reconciliación entre Argel y Rabat serian en detrimento de Madrid y piensan, por lo tanto, que mientras más dure el desencuentro entre los vecinos magrebíes, los intereses españoles estarían a resguardo.

Mucho antes de la Marcha Verde, en 1975, España le había dado el jaque mate a Marruecos con dos torres: las hermanas Mauritania y Argelia que hicieron su juego sucio, quedando ella como espectador privilegiado de los acontecimientos.

No es este el momento de hablar del vergonzoso y perverso papal que jugaron los tres en el desarrollo del conflicto, antes y después de la salida española del territorio en febrero de 1976.

Cabe sin embargo, recordar que Madrid nombró en 1974 a su último Secretario general de gobierno en el Sahara, el coronel del ejército Luis Rodríguez de Viguri, por cierto, un marroquí de nacimiento, al que se le encargó la tarea de poner en marcha las bases para un futuro Estado saharaui “independiente”.

Es oportuno también subrayar que en los sucesivos meses, lobbies respondiendo a múltiples intereses en España se apoderaron de la cuestión del Sahara como botín, para luego falsear todas las ecuaciones del conflicto, lo mismo que hicieron los militares argelinos.

No les costó esfuerzo alguno a esos lobbies para que los militares argelinos apadrinen al Polisario. Así, unidas por el morbo, Argelia y España buscaban  hacer claudicar a Marruecos y se aseguraban que el Reino estuviera ocupado en atender el problema de la guerrilla en su frontera Sur en vez de reclamar la soberanía sobre los enclaves de Ceuta y Melilla y sobre los territorios marroquíes anexados por Francia a la ex-provincia francesa de Argelia.

Además, Argelia necesitaba del conflicto del Sahara para la vanidad de los militares en el poder y también para hacerse presente en la región y afianzarse como “Estado”, cosa que nunca fue antes de 1962, al lado de un Marruecos consolidado como Estado-Nación desde el año 789.

Para eso, y en plena guerra fría, Argelia Logró combinar exitosamente el apoyo de la entonces Unión Soviética y las fabulosas e inesperadas divisas por la subida vertiginosa del crudo tras la guerra israelí-árabe de 1973.

En declaración a “El País” del 18 de junio, meses después de su salida del Sahara en febrero de 1976, el último gobernador español del territorio, el teniente coronel Rafael de Valdés, lamentó “que ya es imposible que (los separatistas del Polisario) consigan crear un Estado independiente”.

El consuelo del militar español, quien más trabajó por un “Estado independiente” en el Sahara, fue que “aunque (los separatistas) liberaran el territorio estarían mediatizados por Argelia”, porque, reconoce, “nadie da nada por nada».

Que nadie se llame a engaño sobre la verdadera naturaleza de la “solidaridad” española con el “pueblo saharaui” o sobre el incondicional apoyo argelino al derecho de “autodeterminación” en el Sahara marroquí, ya de los derechos del Sahara argelino no  se habla.

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