Egipto: una decadencia anunciada


My Ali Zwin

Verdad o falso, el pueblo egipcio, desde siempre, se ha considerado el lumpen de las sociedades avanzadas y sería una ofensa, un sacrilegio, y además inútil, discutirle sus argumentos o alguna de sus credenciales.

En muchos aspectos, tiene toda la razón. Pocos en el mundo árabe pueden rivalizar con sus afamados artistas, escritores, doctos de la fe islámica y támpoco fue fruto del azar que el único Premio Nobel árabe recayera en un egipcio.

No servirá de mucho entrar en la discusión acerca del origen semántico o religioso de la palabra. Pero para muchos, inclusive no egipcios, el país de los faraones es nada más y nada menos que “Um e-dunia” (la madre del mundo). Su ex presidente, el gran Gamal Abdel Nasser, el padre del panarabismo, también era apodado el “Gamal” (belleza) de Allah, de la Tierra y del Cielo.

No es de extrañar que el egipcio tienda a exagerar las cosas sin remordimiento alguno por ello. Es cierto que actúa con viveza pero no con maldad. Tiene la habilidad para el buen manejo de la palabra, usando un lenguaje apropiadlo para decir las cosas con sencillez y de la forma más amena, sutil y convincente.

Allá por los años 60, un anuncio publicitario de la época decía que el de Egipto es “un gran pueblo porque fabrica desde la aguja hasta las naves espaciales”. Es probable que ni agujas fabricaran, pero eso no importa. Los demás árabes les tenían fe al alma mater del panarabismo.

Fue dramática la derrota que sufrió en 1967 el que se tenía por el todopoderoso ejército nasseriano, pero el país siguió siendo “Um e-dunia” y el mundo árabe continuaba girando a su alrededor.

La sede de la Liga árabe fue trasladada del Cairo a Túnez luego de la firma del Tardado de paz con Israel, en 1979, pero no por mucho tiempo. Tuvo que volver a sus origines porque no se podía imaginar la unidad, la cohesión y hasta la existencia misma del mundo árabe sin Egipto, centro y cordón umbilical de este Mundo.

Sucede sin embargo, que últimamente “um e-dunia” dejó de parir genialidades. De “golpe” y más rápido de lo pensado, Egipto perdió todos sus hechizos. Es conmovedor observar hoy cómo un egipcio sufre al ver que el centro gravedad se le va de la mano y se traslada a países periféricos pero pujantes como los del Golfo arábigo, a Turquía o Marruecos.

La situación política y económica en el país de los faraones es insostenible desde muchos antes de la “Primavera Árabe”. Lo es aún más desde el golpe de mediados de 2013. El pueblo egipcio se siente herido de muerte porque no logra o no puede levantar el vuelo.

El golpe de gracia se lo dio el golpe del Mariscal contra el presidente Mohamed Morsi. Guste o no guste, el gobierno de los Hermanos musulmanes tenía el respaldo de una legitimidad de origen derivada del juego democrático.

Por menos, en junio de 2012, los gobiernos de América del Sur reaccionaron en bloque en defensa del presidente constitucional del Paraguay, Fernando Lugo, destituido por el parlamento de su país.

Durante un año y medio, el Paraguay fue suspendido de su participación en el Mercado Común del Sur (Mercosur) y de la Unión de  Naciones Suramericanas (Unasur) porque sus socios consideraron que no se le brindó la oportunidad y el tiempo suficiente a Lugo de preparar su defensa.

¿Serán más democráticos los países sudamericanos? ¿Por qué no actuó la Liga árabe? ¿Se seguirá obviando la cuestión democrática durante las cumbres América del Sur-Países árabes (ASPA)?

Lo veremos en la IV cumbre, quizás la última, prevista para mediados de marzo próximo en Riad, en Arabia saudita.

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