Entre Argelia, el Sahara y un Colorado limeño


Por Samy Mamun

Argelia tiene un nuevo jefe de misión en Perú. Se dice de él, que es un diplomático serio y honesto, que es un duro, pero juega limpio, y que viene con las ganas y la intención de higienizar el patio propio de las inmundicias que le ha dejado su antecesor en el cargo.

Se dice que a él, no le agradan las ratas, garrapatas, sabandijas y cuantos parásitos plagan a su embajada y que por ahí, a lo mejor, puede alcanzar a darle alguna inesperada sorpresa a su colega del vecino Marruecos, rivales por la disputa entre los dos países sobre el Sahara Occidental.

Se dice también, que el primero a quien se le revolvió el estomago al enterarse del fair play del nuevo embajador africano, fue un ario que se hace apodar el Colorado (para así diferenciarse del resto de la ciudadanía peruana) y que siempre ha merodeado por los escondrijos de la cancillería argelina en Lima.

El horripilante, petulante y tosco personaje, salido a destiempo de un cajón de los Simpsons (por amarillista), persiste en su infinita cacofonía y perturbada megalomanía, deseando  y hasta rezando para seguir encontrándole gusto al cobro fácil por vender quimeras y humo a los incrédulos burócratas argelinos.

Ironía y sarcasmo del destino quizás, pero sobre todo, miopía de esos burócratas que se han tragado las fabulas de un fascistoide de derechas, miembro de una innombrable secta y que dice ser volcado, cuerpo y alma, al servicio de un régimen supuestamente revolucionario de izquierdas.

La irritante inconsistencia de ese personaje garabateando repetitiva y monótonamente sobre el Sahara, un tema del que no tiene idea ni habilidad para hablar y que jamás estará lo suficientemente capacitado para entender, fue el más valioso servicio que le rindió a Marruecos atacándolo.

Total, es mejor ser agredido que elogiado por un sinvergüenza, inmoral, trucho, desequilibrado y sicópata.

Se dice por lo tanto, que aquel castillo de arena que el Colorado se quiso construir en el desierto argelino de Tinduf se le vino abajo y que aquel falso y malhumorado charlatán ve cómo se desvanecen sus sueños de cruzado del Siglo XXI y se oscurece el panorama para su pequeño y sucio negocio.

Lo que no se dice pero se rumorea es que aquella caricatura de Lucky Luke, que presumía de pedigrí de pura raza y alta cuna y de tener la llegada fácil a las jerarquías religiosas de Lima, hace tiempo que ha perdido la categoría, si alguna vez la tuvo, y que ni las Cruces a las que se amarraba lo quieren sostener.

Lo que tampoco se dice, pero se pregunta, es ¿a quién el Colorado intentará en adelante rentar su pluma mercenaria si ni a propios puede convencer? Da lástima. Ni arrepentido podrá redimir sus errores.

 

 

 

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