Agarrado de las tetillas del chivo saharaui


Por Lic. Marco Aurelio

El sínico y falso periodista peruano, Ricardo Sánchez Serra, está echando humo porque alguien se ha atrevido a evidenciar sus espurios negocios de mercenario al servicio de la embajada de Argelia en Lima.

Por eso y porque su traición a los principios deontológicos de la profesión periodística denuncia  su perfidia, el corrupto y mercenario se victimiza, lloriquea, protesta y busca apoyo en otros falsos y usurpadores de su misma estirpe.

Ahora, acorralado por la realidad porque ve acercándose el fin de su turbio negocio, el descerebrado se encuentra en la disyuntiva de decidir si se jubila y pierde el cheque de la embajada argelina o sigue sacando chispas maldiciendo igual que una vieja cotorra enjaulada en un prostíbulo.

Triste, de verdad, la historia de ese impresentable ser patógeno que, dependiendo del grado de alcohol en su organismo, garabatea sin control los efectos de su borrachera e intenta agarrarse de cualquier palo para no caer más abajo, hasta el abismo mismo de su irrelevante existencia.

Y es aquí donde se plantea nuevamente la pregunta jamás contestada de si sabrá el mercenario hacer otra cosa de su miserable vida, a parte de agredir a Marruecos, por las sobras que le tiran desde el balcón de la embajada de Argelia.

¿Se atrevería el corrupto bocón a dar un salto de dignidad en su efímero goce parasitario? ¿Renunciaría al amargo capón de galera argelino? No servirá de nada insistir. Ni valor tiene el maleante para reconocer que vive a cotillas de otros, ni de enfrentarse al espejo para ver la cara de siniestro que trae.

Obviamente, su espasmo narrativo, su menú monotemático y el sacro guion para su “historia”, no pueden ser otros que las tetillas del chivo saharaui, de las que se chupa sin misericordia. Pues, el viejo chivo saharaui ya no da más de sí y el parasito tendrá que buscarse otra víctima.

Mientras, y aún parapetado en su autismo, le angustia y le aterra el mero pensamiento de que algún día sus amos argelinos lo saquen del sucio juego y lo tiren a la vertedero, al igual que hicieron con aquel espía chileno, que lo inició en el juego mercenario, pero ahora sufre la doble humillación y la tragedia de haber perdido el empleo y el maná chavista que le llovía desde el cielo venezolano.

Pues, ni lástima para los murciélagos cueveros y que se pudran en su infinita infamia. A los mercenarios, ni el agua. Y no importa si chapean, chorrean, manguean o si chupan a los argelinos. A Marruecos esto le trae sin cuidado y nadie, jamás, logrará el cometido de ensuciar al pueblo marroquí.

Por ahora, el autista sigue disfrutando agarrado de las tetillas y esquilmando el flaco chivo del desierto. Pero llegará el día en que tendrá que soltar el pezón y que sus amos le saquen la mamadera y el chupón. Cada cosa a su debido tiempo. Y ni con reclutar a mil canallas de su estirpe se salvará.

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