Con el amo

Sahara: se le acaban los tiempos al cruzado de la triste Orden de Malta


Por My Al Zwin

Se le acaban los tiempos a Ricardo Sánchez Serra, un cruzado repentinamente convertido en “defensor” de los derechos de los pueblos en Palestina, en el Sahara, en Siria e Irak y en el Kurdistán.

Ese empleado en negro de la embajada de Argelia en Lima, que ni impuestos paga por lo que cobra, se hace el distraído y ataca a quienes señala como “malos peruanos que se venden por un plato de lentejas”, aún siendo uno de ellos.

Hoy, lo atormenta el no poder ofrecer a sus amos argelinos ningún resultado concreto en la recta final del gobierno del presidente Ollanta Humala y desearía que los tiempos se detengan. Ni la mentira de volver a intentarlo con el próximo executivo le serviría dado que ninguno de los tres precandidatos presidenciales actualmente mejor posesionados en las encuestas para los comicios de 2016 prestaría atención a su enfermiza obsesión.

Acosado por la realidad como un fantasma, al cruzado de la triste Orden de Malta no le queda otra salida que recurrir a la provocación y para ello echa mano a un viejo truco de arreglar entrevistas truchas en busca de atajos. Y el turno de victíma le ha tocado esta vez a la cancillería peruana.

Para disfrazar sus propósitos, el seudo “analista internacional”, se acordó de las hazañas de Saladino en las tierras del Levante y también se explayó sobre el heroísmo de los kurdos luchando contra el Ejército islámico.

Distinta seria su respuesta cuando se le pregunta o se pregunta por “el enfrentamiento entre judíos y palestinos”. Ahí, el cruzado se achica y se ahoga en su propia saliva: “estos hermanastros deben conversar y conversar”, responde. Menos mal que logra sacar la lengua para respirar y sentenciar sin esfuerzo que “los dos tienen derecho a la existencia”.

Pero el obnubilado murciélago lo ve todo oscuro cuando se le pregunta por Marruecos. Aquí, el que tantas veces elogió el rigor de la diplomacia de su país bajo la acutal administración del presidente Humala, carga las tintas contra el servicio exterior del Perú por la posición oficial de Lima en relación al conflicto artificial del Sahara.

Uno debe estar enfermo de la cabeza y sentirse mal para descalificar, como él lo hace, el trabajo de la cancillería peruana, tachándola de “miedosa” y “vergonzante, arrodillada a Marruecos”, sólo porque no le ha concedido el deseo de reconocer su virtual republiquita saharaui.

“Siendo un país soberano, la Cancillería nos ha convertido en un país temeroso, sin personalidad, asustadizo a que Marruecos se enoje si el Perú restablece relaciones diplomáticas con los saharauis”, arremete en su contra.

Lejos está el energúmeno personaje de cuando escribió, en 2012, que “las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores Rafael Roncagliolo a la Asociación de Prensa Extranjera el viernes 20 de enero son muy instructivas y serán la hoja de ruta que seguirá el Perú en materia internacional”.

Señalaba por entonces como grandes ejes de la política exterior del presidente Humala “garantizar y fortalecer la presencia del Perú en el escenario global”, fortalecer el potencial de América Latina que es la “prioridad del gobierno” y apoyar a “los peruanos en el exterior”.

¿Incumplió la cancillería peruana en algún ítem o simplemente porque se le ataca al Palacio de Torre de Tagle por haber mandado al amargado cruzado a freír albóndigas de camello en el desierto argelino con sus cuatreros del Frente Polisario.

Ricardo Sánchez Serra se obsesiona con quedar bien con sus amos argelinos y descalifica sin importarle nada si los diplomáticos de su país defendieron con valentía y profesionalismo, en la Corte de La Haya, la causa nacional peruana por el diferendo marítimo con Chile.

Tampoco le reconoce a la cancillería peruana los resultados logrados durante la III Cumbre América del Sur-Países Árabes (ASPA), ni la exitosa integración del Perú en la Alianza del Pacifico junto con Colombia, Chile y México, las economías más pujantes del continente.

No hay manera de evitarlo. El cruzado sangra por dentro y sus heridas seguirán abiertas. Ha perdido la esperanza de arañar cualquier promesa del actual ejecutivo que le permita presentarla a sus amos argelinos y así seguir recibiendo sus bendiciones en forma de sobres.

Por eso recurre a las ofensas y a la provocación. Ni él mismo se cree lo que dice cuando garabatea que “la neutralidad es que la ONU haga su trabajo y Marruecos hace lo que quiere aquí”.

Y por eso acusa a la cancillería de “miedosa, timorata” y cree que “hay mucha cobardía en el Ministerio de Relaciones Exteriores” y que la “cancillería hoy nos deshonra, a pesar de su tradición y tener valiosos y buenos diplomáticos”.

Típico comportamiento nazi-fascista.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Plugin creado por AcIDc00L: key giveaway
Plugin Modo Mantenimiento patrocinado por: seo valencia