Argelia, Dios y el cubano


De lo único que podrían “alardear” en Argelia es del prestigio y gratitud que se les viene encima cada vez que dicen Cuba: en Granma

Por My Ali Zwin

El “cooperante” cubano es agrandado en Argelia. Un semidiós. “Esmerado” y “diestro en ambas acepciones del término (derecha y destreza)” y hasta “bi-diestro”. Desempeña una labor por la cual es considerado por el “árabe” nativo el ser más importante, después de Dios.

El que duda que lea el insuperable “especial” de Katia Siberia, en dos tiras para el diario Granma: “De lo único que podrían “alardear” en Argelia es del prestigio y gratitud que se les viene encima cada vez que dicen Cuba”.

Remarca la virtuosa reportera, flamante Premio nacional de periodismo, que “el árabe que acude a su mezquita hasta cinco veces al día para agradecer a Alá, vuelve a nombrar a su Dios y luego al cubano que le asiste”.

Por los motivos que recoge y ventila en la Biblia oficial del Partido Comunista de Cuba, la periodista está convencida que el cubano lo es todo para el desamparado “árabe” argelino. Explica, sobre todo, que en Argelia, además de los camellos y dromedarios (da igual con una o varias jorobas), “están las tormentas de arena y la arena en calma que con brisa ligera llega a los cordales si bostezas”.

Y esto, naturalmente, es motivo para que “el árabe” no tenga quien “le asiste” mejor que el cubano, ya que “todas las miradas conducen a Cuba” y “sobre todas las cosas hay 923 cubanos que la mayoría de las veces deja a la muerte en duelo y, en un instante, ofrecen vida”.

De hecho, en el ámbito de la salud como, presumiblemente también, en otros campos, todo gira alrededor del “cubano” en Argelia  “A ciencia cierta, resalta Granma, los argelinos no saben que fueron los electromédicos” (cubanos) “quienes cambiaron el láser de posición o que las enfermeras” (cubanas) “auxilian a la doctora” (cubana) “a corregir con el láser los defectos refractivos. Para ellos se trata de “cubanos” y la brigada mé­dica agra­dece doble el gentilicio; por unos y por todos”.

Hasta en la Wilaya de El Oued, más “hacia el sur”, la reportera de Granma descubre que también hay abnegados trabajadores cubanos y que las “opiniones igualmente favorables colocan en la mira a los profesionales de la Isla”.

Consiente la intérprete nativa, Nadjem Fatihu Nesnin. Y “fíjate, le dice Nadjem a la reportera, si tengo criterios para jus­tificar el apego de argelinos y cubanos”. “Todo es muy cierto, no mentimos”, afirma la árabe. “Además, yo estuve en Cuba 18 meses y sé de lo que hablo, es fácil agradecerles. Lo sé, incluso, porque mi hermana fue la traductora de (los presidentes) Fidel y Bouteflika”.

Quizás, la colaboradora de Granma no entiende de geografía, pero si sabe mucho de sociología humana. Ella sola descubre, por ejemplo, que en Argelia “hay, también, ricos y pobres, ciudades que anochecen con hombres porque las mujeres se “ocultan” en casa con la puesta del sol; y hay de esos hombres con una sola esposa, felices los dos, y con cuatro, felices los cinco”.

Confiesa que apenas estuvo “un instante” en tierras argelinas. Suficiente tiempo, sin embargo, para adentrarse en las realidades ocultas de la sociedad nativa y resolver sin paliativos, como nunca haría el mejor de los sociólogos, que a pesar de ser distintos y distantes, entre el árabe y el cubano, existe una “empatía”.

Añade que ni con las “escaramuzas”, la visión árabe sobre Cuba ha sido “miope” y que “de uno y otro lado ha llegado la confluencia por más que las escrituras vayan en sentido contrario y las cubanas se muestren con desenfado, mientras las argelinas prefieran el fular que les cubre el pelo y el hiyab que les esconde el rostro”.

El más deslumbrante descubrimiento de la reportera de Granma es sin duda, el hecho que los pobladores musulmanes, cuando no nacen defectuosos por “contraer, con la consanguineidad, enfermedades neurológicas”, la arena del desierto y la luz del sol se encargan de “entorpecer” su visión.

“De alguna manera la arena del desierto y el sol entorpecen la vi­sión argelina; afectada, además, por la costumbre musulmana de cuidar apellidos y fortuna uniendo en matrimonio a parientes que contraen, con la consanguineidad, en­fermedades neurológicas que da­ñan la visión”, afirma.

Para corregir las taras están, obviamente, los oftalmólogos cubanos, y éstos “refieren que el índice de complicaciones en las cirugías está por debajo del uno por ciento, muy a pe­sar de que los rezos diarios del mu­sulmán, con la cabeza inclinada o pe­gada al piso, pueden provocar sangramientos oculares en el recién intervenido”.

Así pues, la reportera encuentra que “sobran certezas de que la oftalmología cubana ha sido el oasis del desierto”. ¿Cómo no? Argelia es un país subdesarrollado. Apenas pudo abrir su “primer hospital oftalmológico” en abril 2008 y siempre gracias a la ayuda de Cuba. “En todos los casos la realidad sobrepasa los servicios conveniados por el gobierno argelino”, garantiza.

Otro de los grandes méritos de la periodista sensación ha sido reportar verdades que a lo mejor, ni los propios nativos sabían, por ejemplo, que sobreviven “cabras peludas” en Argelia y que en el país existe “gente a la que le dices Cuba y en rápido anagrama contestan Fidel Castro, Che Gue­vara”.

“Existe, además, en toda Argelia, belleza en las facciones arábigas, olivos, cabras peludas, construcciones de norte a sur y de este a oeste que agigantan el país, gente a la que le dices Cuba y en rápido anagrama contestan Fidel Castro, Che Gue­vara”. Muy interesante.

La reportera que goza de plena libertad hasta para escoger “al azar” sus temas, admite sin embargo que hay un “montón de hechos que no podré reportar, verdades que no alcancé y ante las cuales un pe­riodista habría acabado con el anonimato de una cotidianidad trascendente”.

Y uno de esos temas, escogidos “al azar”, es el de la ciudad prohibida en la Wilaya de Tinduf. Siempre para destacar la denodada ayuda que los galenos cubanos prestan también a “esa gente” que “son un país, aunque una parte del mundo aún lo desconozca, le debe muchísimo a un puñadito de cubanos”.

No importa si la reportera no pudo ir tan lejos. Le sobran “certezas” como para sentenciar que ahí, “una brigada de médicos (cubanos) auxilia a los saharauis que viven en campamentos de refugiados”. Y con esto, se conforma. “Suficiente pienso, también, para con­solarme”, dice.

Naturalmente, las “escasísimas ho­ras” de estadía en Argelia le han sido útiles para recrear, a pura creatividad literaria, pequeñas historias de cubanos y cubanas, siempre ordenando prioridades virtuales en el imaginario país africano.

Así deja de lado el pesado y torpe estilo periodístico para pregonar en una elegante prosa revolucionaria: “y si los cubanos de la misión médica no tendieran, presumiblemente, a la ex­cep­cionalidad, las escasísimas ho­ras no se hubieran evaporado como agua en el desierto, dejándonos, aca­so, con pequeños sorbos que no sa­ciaron la sed de historias por contar”.

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