Primarias argentinas 2017: el choque contra un pasado llamado Cristina de Kirchner


Por Horacio Raña*

El pasado domingo se realizaron en Argentina las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para definir a los candidatos que competirán en las elecciones legislativas de medio término el próximo octubre. Muy desdibujadas por culpa de los políticos que en la mayoría de los casos optaron por armar las listas entre cuatro paredes antes de someterlas a la democracia de una elección interna.

No es necesario esperar los diez días que demorarán en realizar el recuento oficial de votos para tener una certeza: la alianza de gobierno obtuvo un aplastante triunfo a nivel nacional y la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), quedó reducida a una candidatura poco menos que provincial. Estas elecciones sirvieron no obstante como termómetro para medir el humor social en varios aspectos:

-En medio de un ajuste que en muchos aspectos es brutal, el Gobierno confirmó que cuenta con un amplio apoyo popular aún en zonas normalmente adversas e, incluso, en otras impensadas.

-La sociedad ratificó que no entrega más cheques en blanco y al igual que había sucedido en 2015, le permitió ganar al oficialismo (que de repetir en octubre aumentaría su cantidad de legisladores) pero sin otorgarle mayoría absoluta.

-Definitivamente el voto se polarizó como en 2015 y las “terceras” opciones como el tándem Sergio Massa-Margarita Stolbizer y el hasta hace unos minutos kirchnerista Florencio Randazzo, fueron castigados con mucho menor cantidad de adhesiones de las esperadas.

-Un nuevo fracaso de las empresas encuestadoras que salvo un par de excepciones, demostraron cuanto menos una falta de rigor alarmante.

De aquí a octubre y como estamos acostumbrados en la Argentina pese a que la ley lo prohíbe, vamos a vivir una extensa campaña proselitista aunque con el panorama un poco más claro.

Cristina Fernández decidió no aparecer en público salvo en unas contadas ocasiones y en donde los protagonistas siempre fueron “personas comunes” contando sus penurias. Si la idea fue de su nuevo jefe de imagen, es de suponer que estarán reviéndola porque fue desastrosa. De aquel 54% de votos con que logró su reelección muy poco queda y el relato amañado de una realidad que sólo ve ella y su séquito de seguidores más parecidos a una secta religiosa que a una fuerza política, ya no cala en el electorado.

Cristina mintió -y mucho- durante sus ocho años de gobierno. Aunque con el aparato propagandístico a su favor y una cuantiosa fortuna para distribuir favores, todo quedaba tapado. Ahora intentó una campaña similar, pero la gente despertó y con el voto –el único modo de cambiar realidades en un sistema democrático- le dijo que no quería volver al pasado.

La reacción de la economía fue la mejor: al día siguiente subió la Bolsa, cayó el índice de riesgo país y empezó a caer el valor del dólar, que en Argentina es un termómetro histórico a tener muy en cuenta, ya que ante cualquier temor la gente corre a refugiarse en la moneda estadounidense para resguardar sus intereses. Confianza que le dicen.

Y la reacción de la Justicia fue también una variable a tener en cuenta: los jueces federales que llevan las muchas causas en contra de la ex presidente, su familia y de su entorno más cercano, despertaron de una especie de letargo y activaron algunas de ellas que podrían llevarla este mismo año al estrado judicial por corrupción.

Cristina va a lograr los fueron necesarios para no ir presa, porque aun entrando segunda en las elecciones de octubre conseguirá su banca de senadora. Lo que no podrá detener es el deterioro de su imagen política que el pasado domingo se reflejó cruelmente en las PASO como el Retrato de Dorian Gray.

(*) Periodista de la Agencia Télam, jefe de la Sección Internacionales

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