Marruecos: la diplomacia es un servicio a la Nación


Por Hassan Achahbar

La decisión real de apartar de por vida de la función pública por mal desempeño a ministros, exministros y altos cargos públicos, da la pauta y demuestra, si fuese necesario, que el país camina en la senda de las reformas para ser el mejor, con esperanza y confianza, sin miedos, sin incertidumbres y sin ataduras.

La medida aplaudida por el conjunto de una ciudadanía acongojada por los numerosos desfallecimientos que aquejan al ejercicio de la autoridad, ha permitido descongestionar el ambiente político y promete ser de grandes alcances en sectores vitales para el desarrollo social y para el porvenir de la Nación.

Y de un servicio al Ciudadano a otro a la Nación, toca el turno a la diplomacia ponerse al día. En la coyuntura actual, los tiempos no están para una diplomacia testimonial, sino de acción. El terreno es muy sensible y nuestra diplomacia debe estar preparada para salidas como el último despelote del canciller argelino, Abdelkader Messahel, quien jamás entenderá que la diplomacia no es sólo un oficio, sino un arte. De otro modo, ese majestuoso pájaro emplumado puede convertirse en monstruo sin nombre ni rostro.

Además, el despliegue de las representaciones diplomáticas debe traducirse en hechos concretos, reales y tangibles. Por poner un ejemplo, en América Latina y el Caribe, donde se prepara la “Madre de todas las Batallas” diplomáticas con su vecina del Este, Marruecos cuenta una docena de embajadas pero, salvo honrosas excepciones, el papel que desempeñan es de lo más modesto. Existen casos de una apatía proverbial y de un descuido que resulta difícil de imaginar.

Me consta que en fecha muy reciente, en una de estas misiones se presentó la solicitud de visa para una médica, una jueza y un diplomático. Querían aprovechar un viaje a Europa para estar unos tres días en Marruecos. Ni lograron comunicar ni con un funcionario de la embajada. La secretaria se encargó de mandarles a pasear para otra parte.

Históricamente, Marruecos es, sin lugar a dudas, uno de los pocos países en el mundo que ostenta una dilatada experiencia diplomática, desde los tiempos en que el Reino era el Imperio Jerifiano y una potencia mediterránea, de igual peso que Inglaterra, el Imperio Otomano y España.

En tiempos no tan remotos, por referirnos sólo al continente americano, Marruecos ha sido el primero en reconocer la independencia de los Estados Unidos de América y también el único país árabes y africano que ha tratado directamente con la Gran Colombia del Libertador Simón Bolívar.

Ningún otro país árabe o africano puede presumir de tener la larga tradición de Marruecos en el campo diplomático o rivalizar con él en lo que a habilidad negociadora se refiere. Es hora pues, de que la añeja diplomacia marroquí se ponga al día y que cada jefe de misión honre la alta responsabilidad representativa que le incumbe y hacerse cargo de los resultados de su gestión. No se permiten baches.

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