Cataluña y la torpe diplomacia de Argelia


 

Por Esteban S. Canseco

Unos días después de las declaraciones “irresponsables e infantiles” sobre Marruecos del ministro argelino de asuntos exteriores, Abdelkader Messahel, ante el foro empresarial de su país, la torpe cancillería a su cargo puso en ridículo al país norafricano cuya diplomacia carece de norte.

Tras varios días sin pronunciamiento oficial en relación a los acontecimientos en Cataluña, el portavoz de la cancillería argelina, Abdelaziz Benali Cherif, afirmó en declaración a la agencia oficial APS que “Argelia reitera su apego a la integridad y a la unidad del Reino de España”.

Es paradójico y una humillante incongruencia que en el caso de la ficticia república saharaui, Argelia remueva tierra y cielo y defienda a diestra y siniestra, el principio de la autodeterminación, pero reniega de dicho principio en el contexto de las veleidades separatistas catalanas, por más fundadas que sean en lo político y lo histórico.

El principio de autodeterminación santificado por Argelia en contra de Marruecos, durante sus más de 40 años de apoyo al separatista Frente Polisario, es el mismo argumento esgrimido por la Generalitat de Cataluña para sus reclamos soberanistas.

Y qué decir de la causa de la Kabilia que sí tiene mucha sustentabilidad histórica en vista de que Argelia según lo confirman prestigiosos historiadores nunca tuvo existencia como Estado-Nación ni la actual extensión geográfica antes de la colonización francesa.

De hecho, esto explica el aferramiento del gobierno de Argel al principio de la intangibilidad de las fronteras heredadas del colonialismo como coartada para conservar lo que no es suyo y le fue anexado por el colonizador, cuando el territorio era una circunscripción administrativa más de Francia.

A falta de un pasado y una existencia históricamente arraigada, Argelia se ha empeñado desde su independencia en 1962, en defender el principio del uti possidetis juris cuyo principal objetivo es velar por la creación de naciones-Estado que han de asegurarse una estabilidad apremiante.

Al carecer pues, de referenciales derivados de un Estado-Nación que le hubieran permitido desarrollar una sólida tradición diplomática, Argelia ejerce una diplomacia principiante a cargo de un canciller aficionado que se arrima al sol que le calienta más.

 

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