El Polisario también habló en nombre de Marruecos en la fiesta nacional de Panamá


Por Hassan Achahbar

El presidente de la República Juan Carlos Varela, invitó a miembros del cuerpo diplomático acreditado en Panamá a una recepción el 2 de noviembre, víspera de la celebración de las fiestas patrias panameñas.

Juan Carlos Varela, quien estuvo acompañado, entre otros, por su vicepresidenta y canciller Isabel de Saint Malo, ofreció a los representantes diplomáticos una visión de su gestión en los tres años transcurridos de su mandato y les instó a celebrar junto a los panameños los 114 años del nacimiento de la República.

Según informa la prensa de la presidencia, el mandatario también explicó en su alocución, el compromiso de su país “con la paz y la justicia social, con el respeto a los derechos humanos y la agenda de desarrollo global”.

Lo anecdótico vino enseguida cuando, en nombre del cuerpo diplomático habló el separatista saharaui, Ali Mahamud Embarek, quien dijo compartir “con todos los panameños la alegría y el sano orgullo de esta celebración nacional”. “Nos sentimos felices de servir a nuestros países en esta tierra bella y acogedora, rica en historia y en belleza natural, llena de valores con tradiciones artísticas, espirituales y culturales que expresan el alma noble de este pueblo”, dijo el separatista.

Nada es fortuito ni gratuito, salvo que se haya pretendido destacar la importancia que Panamá le otorga a su cooperación con una potencia como es la gran “república saharaui” o demostrar, peor aún, que por una trivialidad, el país istmeño carece de buen sentido, criterios y tradiciones diplomáticas, usos y procedimientos protocolares.

El país que preside Juan Carlos Varela es libre de entablar relaciones con quien se le antoja. Así debe ser y es así como actúa. Pero de ahí a que, por un misterioso capricho de algún/a funcionario/a, se salga del protocolo y se rebaje el nivel de celebración de la más importante efeméride nacional, permitiendo que un monigote hable en nombre de todos los presentes, es un insulto a la inteligencia.

El elegido para dirigirse al presidente en nombre de todos no fue ni el decano del cuerpo, ni un diplomático latinoamericano y tampoco el embajador de la República Popular China, país estrella que este año ha establecido relaciones diplomáticas con Panamá. El designado para hacerse con el micrófono ha sido el disque embajador de un ente ficticio de novela a quien la asistencia, en su abrumadora mayoría, no le reconoce la condición de diplomático.

No se ve de donde vino el tiro. Quizás para darle el gusto y el impulso a la nueva diplomacia regional de Argelia, o quizás por represalias por una inexplicable ausencia.

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