Hach Ahmed con la cabeza agachada (Iz) y el finado Mohamed AbdIaziz en Mexico, noviembre 2012

Sahara: el cambio que no llega


Por Hassan Achahbar

He tomado un periodo de reflexión en espera de tiempos mejores, había confiado Hach Ahmed Baricalla, el pasado enero, a un portal español. En entrevista, el dirigente del Polisario explicó que dio un paso al costado a finales de 2015 por desavenencias con su gestión.

Semanas atrás, dando un paso más en la disidencia, Hach Ahmed anunció la creación de una “Iniciativa Saharaui para el Cambio” (ISC), que “en fecha a determinar” convocará su Asamblea para “discutir y definir el futuro y los lineamientos generales” del cambio pretendido.

La creación de la ISC se formalizó mediante la publicación de un “Manifiesto” en el que los impulsores llaman a “abrir el camino para una transición generacional en lugar de un liderazgo eternizado y con más errores y sombras que luces y aciertos en su trayectoria”.
“Estamos convencidos de que la causa de todos los saharauis, en lugar de mediante el discurso y el pensamiento únicos propios de los sistemas autoritarios, estará mejor defendida en una organización abierta al debate, a la participación y a la renovación de las ideas y las personas”, señala el documento. Agrega: “aspiramos a que Iniciativa Saharaui para el Cambio, entendida como una propuesta de debate abierto y sincero, sea objeto de adhesión y simpatía de todos, mujeres, hombres, jóvenes, cuadros e intelectuales y pueda constituir un punto de inflexión en el largo y dramático proceso saharaui”.
Hace casi un año, al reflexionar sobre el fracaso de la cruzada antimarroquí de Argelia en América Latina, expresé que el punto de inflexión ha sido la separación del astuto Hach Ahmed del despacho de “ministro delegado para América Latina y el Caribe”, en enero de 2012, y su reemplazo por el embrutecido Mohamed Yeslem Beissat.

Agregué que un mar de sutilizas separa a Yeslem Beissat de Hach Ahmed, este últimos dotado de mejores herramientas para el oficio, pero crítico de la dirigencia del Polisario por la falta de rigor y apoyos a su gestión. Por eso, acabó desplazado y promovido a rango de “ministro de cooperación”, cargo que no quería y del que demitiría siete meses después, el 26 de julio de 2012.

Más tarde, Hach Ahmed fue reintegrado en las funciones de encargado de despacho de América Latina y el Caribe, pero volvió a apartarse en vísperas del XIV Congreso de diciembre de 2015, declarándose abiertamente en disidencia. Esta vez, lo remplazará un intocable, Omar Mansur.

Mencioné que a Hach Ahmed “no se le conocen vicios fuera de lo común” y que se le “describe como austero” aunque se ignora si es por codicia: “El hecho es que durante sus dos giras anuales por Latinoamérica (primavera-otoño) gasta lo justo, todo lo contrario del despilfarrador Yeslem Beissat y del generoso “canciller de la república”, Salem Uld Salek”.

Hach Ahmed volvió a ser noticia en noviembre, tras la publicación del “Manifiesto” de la ISC. En exclusiva a un portal, aseguró que los saharauis “ven la necesidad de una rectificación urgente para salvar un proyecto”, el separatismo, que el actual Polisario dejó de representar.

Precisó que los impulsores de la Iniciativa están en la etapa de recoger “inquietudes” de los saharauis desconformes, y se refirió a un “hipotético escenario” que su agrupación quiere “repensar”.

La ISC, responde su coordinador a una pregunta del portal, surge “como una llamada de atención, un grito, para emprender el debate necesario en un momento crucial de la historia del pueblo saharaui”.

“Las cosas suceden cuando las condiciones objetivas lo determinan”, afirma, y para marcarles la cancha a los barones y a los halcones del Polisario, añade. “Creo que es el momento de aunar todos los esfuerzos y más que nadie los jóvenes están emplazados para esta labor de reconducción del proceso de liberación nacional. Es necesaria una transición generacional para superar el anquilosamiento del liderazgo actual”.

Matiza, no obstante, que no rompe con el Polisario: “la iniciativa no se plantea como un ente disociado del Movimiento de Liberación y nuestra aspiración es que encuentre encaje en el mismo desde la diversidad de las opiniones y sensibilidades políticas y no sea perseguida o repelida como un cuerpo extraño”.

Seguidamente, puntualiza que su “Movimiento” se gestó fuera de los campamentos del Polisario en Argelia, aunque resalta que el lugar de nacimiento no le resta valor. Reveló que entre las “personas relacionadas con la iniciativa” están algunos “funcionarios (que) trabajan en el exterior”.

“Queremos que involucre a todos los saharauis y no solo los que se mueven en la órbita del poder político”, con el propósito, dijo en referencia a los males que padece el Polisario, como el “desorden, la corrupción y la necesidad del cambio y la rectificación”, de “impulsar la búsqueda de soluciones a las deficiencias que arrastra el movimiento saharaui”.

Hach Ahmed se desmarca de los corruptos del Frente pero no les quiere juzgar, aun sabiendo que muchos entre ellos son “infectados”: “No tenemos la intención, ni corresponde erigirnos como fiscales para juzgar las conductas personales. Considerar que todo y todos en el régimen están infectados es una exageración. En el documento que dimos a conocer hablamos de hechos de corrupción, a secas. Lo que es reprochable en este orden es la incapacidad del sistema de activar los órganos de control o de ética decididos y ratificados en más de un Congreso. Conductas reprobables de esta índole, como en todas partes del mundo, sólo crecen cuando las instituciones son frágiles o no ejercen debidamente sus funciones y las nuestras, como ha quedado probado, están en plena decadencia”.

Preguntado sobre cómo reaccionaría la ISC si la dirigencia del Polisario le niega celebrar su Asamblea en los campamentos, Hach Ahmed ironiza sobre el “talante democrático” de la cúpula del Frente, “especialmente de los llamados barones o halcones”.

Empalma con la entrega de dos reflexiones: “lo razonable es que 30 años después de la caída del muro de Berlín se pierda el miedo a toda acción o corriente renovadora” en el Polisario, y “un sistema político vigoroso y solido es aquel capaz de regenerarse desde dentro”.

Para desmarcarse de la “talentosa” cúpula polisarista, el coordinador de la ISC pega fuerte a aquellos personajes que, “con credenciales de dudosa reputación”, ejercen por más de 30 años y no permiten que “suceda una renovación sino tras el deceso de algún dirigente”.

Hach Ahmed compara al “régimen” del Polisario con los sistemas construidos en algunos países árabes “en torno a liderazgos rígidos, eslóganes revolucionarios y no pocos aduladores, (que) terminaron hundidos o aplastados por su incapacidad de renovación”.

Cuando se le preguntó si en la ISC se tenía “un plan para salir de esta situación” del status quo que prevalece desde 1991, sólo acertó decir que no había “una hoja de ruta” y que “no se trata de ponernos entre las cuerdas y pedirnos soluciones mágicas que ni siquiera tiene la ONU”.

“Lo que sí creemos es que con instituciones frágiles como las que tenemos hoy (el Polisario) difícilmente podemos avanzar. Ese debe ser el punto de partida para el debate que se propone. Por otro lado, el liderazgo ha de aprender de los errores del pasado, de las decisiones precipitadas e inmaduras en las que, muchas veces, se incurrió de manera individual o colectiva y cuyas consecuencias explican en parte el estancamiento de hoy y la falta de perspectivas”.

Aclaró que se refería a los “acuerdos de paz con Mauritania”, al “plan de paz de la ONU de 1991”, a “la carretera de Guerguerat en sus inicios o la última crisis en torno a esa cuestión” y al “discurso de corta duración a partir de hipótesis y escenarios ficticios, prometiendo soluciones y desenlaces cada año en base a la agenda de la ONU o lanzando amenazas de vuelta a la lucha armada sin querer o poder cumplirlas, ha dejado sin credibilidad a los dirigentes y a la opinión pública confundida”.

Hach Ahmed cree, además, que por los casos de corrupción e impunidad, los “barones o halcones” han convertido a las instancias del Polisario “en propiedades privadas”. En los campamentos de Tinduf, estas afirmaciones, junto con las noticias sobre la huida de los dirigentes del separatismo con sus familias a España, deben prender la mecha de la reflexión sobre la “marcha del retorno” a la patria grande.

 

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