Diplomacia “perversa”


Demetrio Olaciregui Q.

El experto en política internacional latinoamericana, Hassan Achahbar, definió la política exterior del gobierno de Juan Carlos Varela como “perversa, inmoral, antiética y cuestionable”, al decidir en enero del 2016 desandar lo actuado por su antecesor y aliarse con la inexistente república árabe saharaui democrática (rasd), brazo político de la guerrilla del Frente Polisario, considerado como terrorista por la administración Trump.

El gobierno de Ricardo Martinelli había desconocido en noviembre del 2013 la ficción que representa la rasd y expulsado a su seudo embajador Ali Embarek. El personaje había llegado al país en junio del 2009, dos semanas antes del fin de gobierno de Martín Torrijos –quien por 18 meses había rehusado  reconocer lo irreconocible- y  dejó el caso como un hecho cumplido a la nueva administración.

La decisión del gobierno de Martinelli se sustentó en principios del derecho internacional que establecen que para que una colectividad humana sea considerada como un Estado soberado, susceptible a ser reconocido por otros Estados, debe tener control efectivo sobre su territorio y su población, gobierno propio e independencia. Esoselementos no están presentes en el caso de la autoproclamada rasd.

Para atizar la hostilidad contra Marruecos, el gobierno de Varela reconoció al seudo embajador Embarek su puesto desde el 2009, sin considerar que cuatro años antes había sido expulsado del cargo, y lo aceptó como el más antiguo representante diplomático acreditado en el país.

En julio de este año, como parte de los logros de política exterior de Varela, funcionarios de la cancillería señalaron que “en estos tres años reanudamos relaciones diplomáticas con el Sahara Occidental” como un paso para fortalecer los vínculos de Panamá “con aliados claves alrededor del mundo”. Ese argumento lo repitieron en su informe de fin año. ¿Panamá considera clave un Estado inexistente?

La realidad es que el Sahara Occidental no es un Estado, sino un territorio que pertenece a las provincias del sur de Marruecos, quien ha demostrado su legitimidad histórica ante las demandas de los extremistas del Polisario, financiados, entrenados y armados por Argelia y sus pretensiones hegemónicas en el Norte de África.

El autor es analista político

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