Polisario, una jaula de grillos


 

Por Hassan Achahbar

Hach Ahmed, coordinador de la Iniciativa Saharaui para el Cambio (ISC) se ha convertido en una molesta piedrecita en los zapatos de los dinosaurios del Polisario. Sus seguidores irrumpen sin previo aviso en la intimidad de la jaula de grillos, en los campamentos de Tinduf, donde el bigotón ya causa sensación con su “Iniciativa” y se siente, sin ser aclamado todavía, “rey del lugar”.

Era de esperar. Hach sale a criticar el “perfil muy bajo” de la diplomacia del Polisario en diferentes escenarios regionales, en especial en Latinoamérica, un terreno que le es familiar. Recuerda sobre todo, “el ridículo en el que a veces se incurre, como pasó en el Perú” con el bochornoso caso de la Jadiyetu “Loca” El Mohtar, quien en septiembre del 2017 quiso imponerse por la fuerza como “embajadora” en Lima y todavía hoy, amenaza con volver por mucho que le pese a la cancillería peruana.

En otro escrito publicado el 7 de enero, se le acusa al “canciller” Mohamed Salem Uld Salek y a su equipo de “mitomanía crónica”. “En 2017, el departamento del mitómano saharaui por excelencia registró varias derrotas diplomáticas, sobre todo en América Latina desde el ridículo episodio de Jadiyetu Mokhtar en Lima, al inmune paso del barco cargado de fosfatos saharauis por Panamá, hasta la vergüenza del voto del Parlamento Chileno a favor de la pseudo proposición de autonomía marroquí”.
Hach, un lobo solitario, suele estar inquieto en invierno, cuando escasea la caza, y vuelve a entrar en celos, no falta mucho para eso, al aproximarse la primavera. Ha sido así por siempre y no va a cambiar ahora.

El día de “Reyes”, Hach se subió a la cima de la montaña. Asumió el papel de reformista pero no propuso soluciones para renovar las putrefactas estructuras del Polisario. Eso sí, parece que le divierte repartir las culpas.

Hach abre la apuesta por donde más le duele a la cofradía de Tinduf, el terreno diplomático donde él siente que lleva cierta ventaja. “Carta abierta a los diplomáticos saharauis” es un viciado “pronunciamiento” que, a la postre, dice mucho del estado de ánimo que envuelve a su tienda.

Hach mide los pasos, teniendo un pie en Argelia y otro en España. No todos sus seguidores están resueltos a perder los privilegios que les garantiza el grupo de Tinduf. Le basta con llamar a romper “con la cultura política propia de los sistemas totalitarios”, aún en medio de las dudas, para traer de cabeza a la cúpula del Polisario.

Hach insiste en que en el terreno diplomático todo parece indicar que “la edad de oro” ha llegado a su fin y que la diplomacia del Polisario “se encuentra hoy en estado de coma, sin rumbo, sin estrategias y sin discurso” y que “adolece de muchos vicios y deficiencias que han hecho cundir la incertidumbre y la desilusión entre nuestra gente”.

Según él, las actuaciones de la camarilla que encabeza el Polisario “no van más allá de una puesta en escena, mediocre y forzada”, para hacer creer en una supuesta “exitosa” labor cuando en realidad los resultados, “pese a los recursos puestos a disposición”, son “magros por no decir catastróficos”.

Hach apunta al vitalicio “canciller” (Mohamed Salem Uld Salek). Asegura que éste “pasará a la historia más por el tiempo en el cargo que por sus virtudes”. Pero al disidente le faltó el decoro, sin duda, de mencionar también al sempiterno representante en la ONU, su propio hermano Ahmed Bujari.

 

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