De qué se quejan esos amigos del Polisario en Chile


 

Por Hassan Achahbar

Ciertos izquierdistas chilenos, los cooptados por Argelia para apoyar al separatismo saharaui, han expresado su molestia ante la visita realizada esta semana a Marruecos por el presidente de la Cámara de diputados, Fidel Espinosa.

Sabemos de los gustos marciales de un activista Esteban Silva, presidente de la ya casi extinta “Asociación chilena de amistad con el pueblo saharaui”. Él, un socialista allendista, combate a Marruecos por deporte. Feliz además, de llevarle la contraria a su primo, Carlos Charme Silva, nombrado en 2010 embajador de Chile en Rabat.

Dudo que Esteban Silva lo esté haciendo por convicción, placer o por motivos ideológicos. Me atrevería a decir que no le desagradaría ser de los amigos de Marruecos. Como sea, y en cualquier caso, él escogió un bando y es su elección haber enajenado su trayectoria militante apostando por el separatismo.

A través las redes, Esteban Silva carga contra la delegación chilena que viajó a Rabat. Es una “directiva saliente sin respaldo”, según él. Le molesta que Fidel Espinosa no haya dicho, y no es cierto, “ni una palabra de su viaje”.

A las críticas de este amigo del Polisario se suman los improperios de un indecoroso Sergio Aguiló, también diputado saliente, quien denuesta al presidente de la Cámara porque, según su criterio, “va a rendir pleitesía a los criminales”.

El barullo armado por los amigos del Polisario en Chile no pasa de ser un grito en el aire del desierto. No hay nada malo en que legisladores de Chile o de cualquier otro país visiten Marruecos para estar en contacto con sus realidades e informarse. No obstante, hubiera sido preferible posponer el viaje para después de iniciarse la nueva Legislatura chilena, el 10 de marzo.

El valioso voto, unánime e histórico, registrado a principios de enero en ambas cámaras chilenas, en apoyo a la iniciativa marroquí de otorgar una autonomía amplia a las provincias del Sahara, refuerza la firme posición oficial del Palacio de La Moneda. Es obvio que no va a cambiar el curso de la historia ni influirá en el devenir de las excelentes relaciones entre Chile y Marruecos.

Vista desde este ángulo, la publicidad que se le quiso dar al evento sirvió mucho más para brindar a los amigos del Polisario, hasta ahí en completo ostracismo, una oportunidad de reivindicarse y recobrar una notoriedad que venían perdiendo desde 2010.

Por otra parte, mantener relaciones provechosas con Chile no es una asignatura pendiente para la diplomacia parlamentaria. Tampoco lo son otros países de Latinoamérica que mantienen una probada relación de confianza, amistad y de cooperación con Marruecos.

Las verdaderas asignaturas pendientes consisten en cómo abrir nuevos cauces de dialogo con regímenes que se declaran abiertamente hostiles como pueden ser Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Uruguay. Es en este terreno donde es exigido un esfuerzo adicional de la diplomacia militante.

Con Chile se necesita otro tipo de relacionamiento, de más alto vuelo.

 

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