Una vieja sociedad

Cuba se apega a Argelia por necesidad y no por devoción


Por Hassan Achahbar

Cuba está adulando a Argelia. Es su derecho cuidar de sus amistades, velar por sus intereses y alinearse con quien quiera, cuando lo desee y como sea. No es ni antiético ni un crimen que los cubanos se asocien con Argelia o con quien se le antoje, siempre y cuando no perjudiquen a terceros.

Lo lamentable, sin embargo, lo intolerable y lo verdaderamente espeluznante es esa posición obstruccionista y enfermiza respecto del conflicto del Sahara y la agresividad de La Habana para con Marruecos, sacrificando la relación con el Reino por unos cuantos barriles de petróleo argelino y unos dólares en remesas.

Con lucidez, el periodista y analista Demetrio Olaciregui observa que la “renovada sociedad (entre Cuba y Argelia) no es gratuita” y subraya que “el astuto gobierno de la isla mira sus opciones ante la inminente caída de la estructura venezolana y sobre todo su capacidad de regalar petróleo”.

En artículo de opinión, publicado el miércoles en el digital “EN Segundos”, el analista panameño señala que “fuentes de inteligencia revelaron recientemente la presencia de asesores militares cubanos en los campamentos que en territorio argelino mantienen esos guerrilleros africanos” (los separatistas saharauis).

No cabe la menor duda que Venezuela, el principal socio hemisférico de Cuba, está en problemas y no responde. De ahí esa “renovada sociedad” entre el castrismo y la junta de Argelia. Por si fuera poco, el régimen comunista cubano está agotado y arrinconado y le urge financiación internacional para emprender a partir del 21 de abril una transición postcastrista menos traumática.

Por eso, esa reliquia de castrismo en extinción y fuera de combate, se apega a Argelia. Lo hace por necesidad y no por devoción o afecto. Cuba ya no puede exportar revolución y mercenarios. Además, el castrismo no encaja en los proyectos de ninguna potencia económica y ya no mide en las estrategias de las superpotencias militares. No hay más escenarios de guerra de guerrilla a su medida en África ni posibles conflictos focales en América Latina. Sólo en Argelia encuentra espacios para sus mercenarios.

En 1999, el astuto Fidel Castro cortejó con habilidad al venezolano Hugo Chávez y se aseguró la supervivencia y una década de bonanza mamando a voluntad y hasta agotar los stocks venezolanos.

Más de 100 mil barriles de petróleo por día le regalaba el comandante Chávez al régimen de los Castro además de remesas que rondaban 5000 millones de dólares, fruto de la cooperación de casi un centenar de miles de técnicos cubanos entre militares, paramédicos y enfermeros, colocados en puestos claves en el ejército, la guardia presidencial, los cuerpos de seguridad del Estado y las organizaciones de la sociedad civil. Una vez arruinada Venezuela, le toca el turno a Argelia.

 

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