Cumbre de los pueblos en Lima: se frustró el taller autogestionado sobre el Sahara


Por Hassan Achahbar

La VIII Cumbre de las Américas, la más deslucida de todas las ediciones anteriores inauguradas en 1991 en Miami, Estados Unidos, inició sus trabajos este viernes en Lima, Perú, en medio de la polémica por la no invitación del jefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro, y por la ausencia del presidente norteamericano, Donald Trump.

El eje central de la reunión es la corrupción, aunque la crisis venezolana estará presente en todas las deliberaciones. El mandatario estadounidense declinó su participación a la cita advirtiendo supuestas razones de geopolítica mundial y el riesgo de confrontación armada en Siria.

Tampoco corrió con mejor suerte la Cumbre de los Pueblos convocada en paralelo por las organizaciones y movimientos sociales, la cual se resintió más de un hartazgo generalizado que de una falta de financiación.

Varios temas, a la postre prescindibles, han sido retirados de la programación del evento. Esto aplica esencialmente a temas intranscendentes como el del Sahara que una Asociación ecuatoriana pretendía debatir en Taller autogestionado como “Proceso de autodeterminación del pueblo saharaui: antecedentes, balance y perspectivas”.

En la misma línea, cabe subrayar un par de cosas que resultan claves para entender el evidente marasmo en el que se debaten algunas de las ONGs latinoamericanos supuestamente amigas del Polisario, inconsolables por la crisis de identidad de la diplomacia argelina y sobre todo afligidas por la debacle del chavismo en Venezuela y la región.

El derrumbe del esquema dispuesto por las embajadas de Argelia para frenar los buenos resultados de la diplomacia marroquí se nota en todo Latinoamérica, particularmente en países claves como Perú, Chile y Brasil.

En el caso específico del Perú, la estatal petrolera argelina Sonatrach había invertido grandes sumas en un proyecto de regeneración del llamado “Consejo peruano de solidaridad con la Rasd” (Coperasd). El fundador de la sigla, Ricardo Sánchez Serra, máximo eferente del separatismo saharaui y quien apoyó durante años las tesis de Argelia y defendió con uñas y dientes sus intereses, fue desplazado y sustituido por su ayudante  y oportunista Gary Ayala Ochoa.

Éste, y otros oportunistas crearon otra tienda con el nombre de “Asociación por la vida y la paz” (Asvipaz). Mal aconsejado por un espía chileno y mal asesorado por un grupo de iletrados locales, Ayala pidió apoyo a la mafia ecuatoriana que le asignó a su máximo exponente, Pablo de la Vega, coordinador de la ONG Centro de documentación Segundo Montes Mozo (CSMM).

Fue cuando Asvipaz se creó con suficiente fuerza como para doblegar al gobierno de Lima y obligarle a establecer relaciones con la fantasmagórica república saharaui “Rasd”. Sumando fracasos, Gary Ayala se ahogó en su ineptitud y fue sacado de la escena tras el escándalo protagonizado por Jediyetu “Loca” El Mokhtar, una presumida ciudadana española que quería ser “embajadora” de la “Rasd” en Perú pero se tuvo que salir del país con el rabo entre las piernas.

El golpe fue tan duro que hoy todavía los supuestos amigos del separatismo saharaui en el Perú no lo digieren. Prueba de ello es que carecen de protagonismo en la Cumbre de los Pueblos y que los argelinos, para salvar la cara, tuvieron que pedir ayuda a la “Asociación ecuatoriana de amistad con el pueblo saharaui”.

Fue este grupo ecuatoriano quien inscribió el tema “Proceso de autodeterminación del pueblo saharaui: antecedentes, balance y perspectivas” para el debate, aunque finalmente se retiró de la programación del evento.

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