Procesión política


Oscar B. LLanes Torres

Corría el año, impreciso, de 1957, un día de domingo cualquiera, la ciudad de Itá Paraguay, como siempre en los días feriados y fiestas de guardar, como se decía en aquel tiempo, estaba eufórica, intensa y dinámica sus amplias calles polvorientas era por la mañana, el mercado municipal en gran movimiento de mercaderes, vacas lecheras, aves de distantes modalidades se ofrecía.

La veo a Doña Gabriela en su enorme sartén, con fogata al rojo vivo, fritando las empanadas de mandioca(yuca), las butifarras soltando su agradable aroma de aceite quemado, el intendente, Don Fretes,  dando su habitual vuelta y conversando con los vendedores y saboreando las delicias en venta, dando su versión y aceptación del producto, felicitando efusivamente a la Señora Orihuela, el salón del Señor Coronel y su esposa Marina en intenso trajín, numerosos comensales degustando los productos propios de la zona y de la región, Don Chansin, de origen árabe, atento a los productos exhibidos, variados y surtidos, diversos materiales para la confección y algunos que otros de belleza femenina, de última moda, siempre en amigable confrontación con Doña Elisa, mi abuela, que ofrecía  similares productos, abundante verduras, y Doña China señalaba los mejores cortes para el asado de la fecha, en una de las esquinas del Mercado se nota la presencia magnánima y bondadosa del idóneo farmacéutico, con alma y saber de medicina popular, Don Pedro Vega y el comunicador, de la oficina de telefonía del Estado, el amigo Galeano, y el alto parlante en pleno servicio de información, del activo y exquisita dicción Papi Paredes de “LA GOLONDRINA”. Música  y Noticias.

A escasos cien metros se encuentra el templo de San Blas, majestuoso y solemne, amplias naves y el altar principal de madera y dorado en láminas de oro, el sacristán Don Alfredo, ágil y atento, preparando el servicio eucarístico, gente llegando, damas con vestidos de gala, mantos y mantillas cubriendo las cabezas, los caballeros con sus trajes domingueros y elegantes sombreros en la mano, aroma de incienso cubría todo el ambiente y enormes velas titilantes daban claridad al recinto.

En un dado momento se anuncia la llegada del Sacerdote  Don Inocencio Ayala, robusto, de blanca y abundante cabellera, con lentos pasos y las campanillas anunciaba su ingreso para celebrar la santa misa, su rico traje ornamentado y la presencia del celebrante se elevaba, el viejo órgano ejecutado por el músico oficial de la Parroquia, era no vidente, tenía a su lado la esposa que le indicaba las melodías de la ocasión, llega el momento de la homilía y la lectura del Evangelio, recalcando sus enseñanzas, ilustrando los significados de las palabras del Santo Evangelio, del Evangelista de la fecha, el pueblo en el cómodo asiento escuchaba con atención, algunas que otras damas, con los ojos cerrados murmuraban una oración, otras los sueños lo vencía y la cabeza daba golpazos en el pecho desarreglando la blanca mantilla, luego el Padre Ayala invitaba a una procesión contra ciertos personajes del pueblo que festejaban una fecha de los enemigos de la iglesia, el judío Don Flores y familia, discretamente con las puertas de la casa cerrada, seguramente era su disimulaba Sinagoga.

El sacerdote al frente de la procesión más política que religiosa, se dirigía a la supuesta Sinagoga a desbaratar la ofensa de un rito religioso, que permitía las leyes nacionales de la libertad de culto y que el citado sacerdote de cercana amistad con el Dictador, consideró que podría dar punto final a esta molestia a su sagrada iglesia, llega y llama al dueño de casa con la masa enfurecida dando respaldo al religioso, cuando la situación se volvió cada vez más peligrosa, surge la figura oportuna del Teniente Gamarra, novio de Teresa (teté) Mir, hija de un árabe, creo que era Sirio o Libanes Don Salvador Mir.

El Teniente Gamarra con su verde uniforme del Ejército Nacional, da protección a la residencia con auxilio de la Policía Nacional y la turba, incitada, agresiva, motivada, exaltada avanza , el militar, grita, “están violando la Constitución Nacional, la práctica de cualquier Culto es permitida” y el choque se produce, la Policía con su habitual manera de tratar de calmar las sensibilidades enardecidas, toma las providencias y la turba se dispersa y vuelve la serenidad y la placidez de siglos en el pueblo, con su quieta laguna a pocos metros del Templo y de nuevo reina la paz.-

Diplomático(J)- Profesor universitario paraguayo

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