El Señor Procurador


Oscar B. LLanes Torres*

Al inicio del siglo XX el Paraguay de la post guerra, Triple Alianza (1865-1870),  su entrada al siglo de referencia es suma de tragedia, de dolor, de humillación, de rodillas, una generación de valientes y esperanzas, un Estado Nacional destruido y despoblado, con las instituciones fracturadas, los Poderes del Estado sin rumbo, las instituciones de enseñanzas primarias a terciarias sin motivación, las carreras profesionales sin futuro, sin oportunidades, sin consolidar su estructura, en la carrera del Derecho un caso singular, se reconoce la figura del Procurador en reemplazo y como sustituto eventual del Abogado, aquel experto en cuestiones tribunalicias  se le otorgaba tal título, que ejercían la profesión de hombres de derecho con tranquilidad y con prestigio en el interior de la República, bajo el honroso y pomposo vocablo “Doctor”.

Así se conoce al Doctor Cristobal Torres, persona afable, de negra y tupida cabellera, con el rostro limpio y atuendos de fino gusto, elegante e imponente presencia por su recia figura, siempre acompañado de su portafolios negro, lustroso, lleno de documentos que da la sensación de ser pesado, su característica es la del constante buen humor, excelente de pláticas variadas, del deporte a los sinuosos campos del derecho, explosiva risa que contagiaba a los presentes, persona muy amena y que con facilidad las damas se sentían cortejadas, hombre de fino trato y viajero permanente, tenía su sede central en la ciudad de Luque, cercana a la Capital y  otra en Itá en el lado opuesto, en las dos ciudades tenía sus respectivas familias, en Itá la señora Elisa Vasso con nueve hijas y en Luque la señora Jovita con nueve hijos varones, la hija mayor de Elisa Vasso , Olga, falleció en muy temprana edad y quedaron 17 hijos todos reconocidos, con la particularidad que la guerra dejó sentada la de los hombres podían tener más de una familia, por tanto Elisa y Jovita eran conocidas, se visitaban, intercambiaban obsequios y cada quien era responsable por la felicidad y la alegría constante del Procurador CRISTOBAL TORRES.

Así transcurría la pacata y tranquila vida pueblerina del Procurador con sus laboriosas mujeres, hijos bien cuidados e inquietos, Elisa viajaba por el interior de la República llevando productos de belleza a sus clientes exigentes, la ayudaba su hija mayor Amada Presentación, quien aprendió a confeccionar  ropas de mujeres y camisas de cuellos especiales para hombres y la Jovita realizaba otros quehaceres para colaborar con el mantenimiento de la casa, en esta familia de varones se conjugan talentos bien diferentes, artistas, músicos, artes plásticas, teatro y militares del arma de la Marina y hoy sus descendientes continúan con el mismo afecto con que se trataban Elisa y Jovita, todos los primos y primas tenían dos abuelas y un abuelo común, el Procurador recio y seductor.

La vida difícil del fin de guerra, crearon una generación de hombres y mujeres creativos, y de nuevo se proyectaba un enfrentamiento internacional, el conflicto con Bolivia se hacía inminente, los hijos del Procurador siguiendo ya cada uno su rumbo, era una variedad increíble de talentos y vocaciones, disparidad de ideas y sueños, desde comerciante capitalista a líder sindical y comunista, que se trasladaba de pueblo en pueblo llevando sus ideas y presagiando nuevos tiempos para la sociedad, avisando que la guerra con Bolivia  estaba a la vuelta, y el Procurador ejerciendo sus tareas con disposición y una rectitud que conquistaba clientes con facilidad, pero siendo muy inquieto hacían de él un conquistador  y seductor de oficio, con tantas preocupaciones y precariedades existentes siente la salud disminuida, su antigua elegancia mermando, busca refugio en lugar quieto y amado opta por Luque, quedando la bella Elisa postergada en su amor por el Procurador, que también un tiempo ejerció las funciones de Juez de Paz en Eusebio Ayala, ciudad distante de la Capital, muchos kilómetros y que formara allí otra familia, con una joven de la localidad , la señorita Lilia  que no se integró a las citadas anteriormente, quien también tuvo hijos y le acompañaran hasta su lecho de muerte en la ciudad de Luque, joven muy joven la muerte lo encuentra y en sus alas de ángel lo lleva para siempre.

Pasó un largo tiempo de ausencia, las familias vivieron sus propias circunstancias y soledad, el severo y elegante Procurador ya no dio noticias, los recuerdos se van perdiendo en el tiempo y sobra una vaga memoria y la bella Elisa Vasso se conformó con la falta de su ingrato Procurador, padre de sus hijas, hasta que un día la señora Jovita se apersona e informa del fallecimiento del Procurador Cristóbal Torres, que dejara un legado de amor, labor, rectitud, transparencia, laborioso y justo en sus pareceres, tenía cuarenta y cinco escasos años cuando deja de existir y que permanece en la memoria de sus descendientes como un hombre cabal pero seductor apasionado, fue poseedor del don de saber compartir amores e infortunios, su lecho de muerte está en Luque, reposando después de una vida agitada, intensa, enternecedora y feliz, así fue el recordado y muy querido abuelo Cristóbal Torres en su descanso eterno, quien supo amar y ser amado hasta su minuto final.-

* Diplomático (J) Profesor universitario paraguayo

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