Bolsonaro en Israel

Oriente Medio: la diplomacia brasileña sin flexibilidad y sin centro de poder


¨Por Hassan Achahbar

  • El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, desembarcó el 31 de marzo en Israel por una visita oficial de tres días de duración, afirmando así su preferencia y admiración por el Estado hebreo.

En un gesto de gran significado, que no siempre se tiene con los mandatarios extranjeros, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acudió personalmente al pie del avión en el aeropuerto Ben Gurión, cerca de Tel Aviv, para recibir al visitante.

“Quiero que sepa que tiene aquí un pueblo que ama a Brasil y un país que quiere una cooperación muy estrecha con Brasil bajo su dirección”, le dijo Netanyahu a Bolsonaro.

El alagado presidente Bolsonaro respondió este y otros gestos de Netanyahu, anunciando la creación de una “oficina diplomática” brasileña en Jerusalén como paso previo al definitivo traslado de la sede de la embajada a la Ciudad Santa. Es un “autogol”, le dijo un senador de la oposición al ministro de relaciones exteriores, Ernesto Araújo.

La visita de Bolsonaro a Israel, la tercera al extranjero desde que asumió el 1 de enero, forma parte del “alineamiento automático” de Brasil con Estados Unidos. Por ende, y como expresión de ese alineamiento, surge el rechazo a todo aquello que choca contra los intereses de Israel, amplificado en el Parlamento por una inusitada agresividad oficialista contra la vecindad árabe.

Por este motivo, el viaje de Bolsonaro, precedido por el tantas veces reiterado anuncio del traslado de la sede de la embajada, marca un antes y un después en la tradicional política exterior de Brasil con respecto a Oriente Medio.

En este sentido, el presidente brasileño, acompañado por su anfitrión, acudió al Muro de los Lamentos en Jerusalén Este, en claro desafío a la autoridad palestina, dado que Brasil no reconoce, aun, la soberanía de Israel sobre los territorios ocupados en 1967.

Es más, el presidente palestino Mahmoud Abbas, se quedó con las ganas de conversar con el brasileño quien se convierte en el primer jefe de Estado en visitar Jerusalén Este, junto a un primer ministro israelí pero se niega a hablar con la autoridad palestina. De ahí pues, no falta mucho para declarar el reconocimiento brasileño de la soberanía israelí sobre la parte oriental de la Ciudad Santa que los palestinos reclaman como suya.

Es cierto que la mudanza de la sede de la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén, decisión de enorme trascendencia por el peso que tiene Brasil en su entorno geográfico y en el mundo, no pudo concretizarse durante el viaje de Bolsonaro. Pero eso no parece preocupar demasiado ya que en Israel se da por descontado que el primer paso está dado y con esto basta.

En la declaración conjunta, divulgada al término de la primera jornada de la visita y que recoge los principales asuntos tratados por Bolsonaro y Netanyahu, se puede leer: “Brasil recordó que Jerusalén ha sido parte inseparable de la identidad del pueblo judío por más de tres milenios y se ha convertido en el corazón político del moderno y pujante Estado de Israel”.

Ese importante giro, radicalmente opuesto a la esencia de lo que venía siendo “la tradición de la política exterior brasileña en los últimos tiempos”, fue defendido por el canciller Araújo, el 27 de marzo y 4 de abril, respectivamente ante la Comisión de relaciones exteriores de la Cámara de diputados y del Senado Federal.

Dentro de la misma dinámica, el Brasil de Jair Bolsonaro es aceptado desde de febrero del presente año, como primer socio extra Otan, del Comando Sur estadunidense. Pero no todo es camino de rosas. En adelante, el gobierno de Bolsonaro tendrá que lidiar con otra realidad, la dura oposición de algunos miembros de su propio ejecutivo y, sobre todo, enfrentar la creciente ola de irritación manifiesta en el sector productivo (agropecuario) que teme perder los grandes mercados árabes.

Mientras, Ernesto Araújo se inhibe en muchas situaciones, un tanto incomodado por los protagonismos del vicepresidente, Hamilton Mourão, y de los hijos del presidente, el senador Flavio y el diputado Eduardo Bolsonaro, este último presidente de la Comisión de relaciones exteriores de la Cámara baja.

Desde el ala militar del gobierno, el General Mourão considera como “mala idea” el traslado de la sede de la embajada a Jerusalén, por creer que la iniciativa implicaría importar un conflicto ajeno. Del mismo modo, la ministra de agricultura, Tereza Cristina, hace una enfática defensa de las relaciones con los países árabes y musulmanes. Citada, el 2 de abril, por la Agencia Brasil, cuando el presidente Bolsonaro aún no regresaba de su viaje a Israel, la ministra Cristina recalcó que Brasil es amigo de los países árabes y musulmanas y que éstos van a continuar esforzándose por mantener las buenas relaciones bilaterales y por ampliar la cooperación comercial.

No obstante, la ministra admitió cierto malestar árabe y musulmán y adelantó para la semana próxima una importante reunión con los embajadores de estos países. También en el Congreso Federal se han alzado las voces críticas en contra del mal manejo de la situación por parte del titular de la cancillería y no cabe duda de que la actitud dubitativa del ministro Araújo no ayuda a salir de la indefinición.

Consecuentemente, el propio ministro ha sufrido un considerable desgaste y por mucho que quiera aparentar serenidad, deja en cada paso y cada aparición la sensación de estar aislado, sin herramientas de poder y sin fortaleza en el seno del ejecutivo. Y por si fuera poco, la imprevisibilidad del presidente Bolsonaro complica aún más su desempeño por lo que resulta difícil vislumbrar con claridad cuál puede ser su protagonismo real en el diseño de la nueva diplomacia brasileña.

Es notoria la reputación de Brasil en el mundo entero por contar con una sólida tradición diplomática y poseer los cuadros mejor preparados y capacitados de toda la región. No obstante, el equipo que conduce el actual ministro parece confundido. El afán obsesivo del canciller Araújo, por agradar a los países llamados “centrales” (Estados Unidos e Israel) en detrimento de los “países periféricos”, le juega un mal partido a la mayor potencia latinoamericana.  

Además, el ministro Araújo arriesga demasiado desatendiendo los reclamos del sector productivo brasileño, que tiene intereses consolidados en esos países “periféricos”, en Asia y Oriente Medio, que son los primeros consumidores de productos brasileños.

De hecho, la reacción de este influyente sector, uno de los primeros en apoyar la candidatura presidencial de Jair Bolsonaro. le está restando fuerzas al conjunto del ejecutivo Bolsonaro, que sigue incidiendo en el descuido.

Resulta extraño que quien da la cara en nombre del gobierno para dialogar con los embajadores árabes y musulmanes acreditados en Brasilia no sea el ministro de relaciones exteriores sino su colega de la agricultura, ganadería y abastecimiento, Tereza Cristina.

Citada por la Agencia Brasil (oficial), la ministra asegura que Brasil es amigo de los países árabes y musulmanes y que tiene programado un encuentro, el próximo miércoles, con los representantes de estos 51 países, para reiterar el interés brasileño de reforzar los lazos bilaterales.

La misma fuente resalta que la reunión del miércoles 10 de Abril, la organiza la Confederación de la agricultura y ganadería de Brasil (CNA) en su sede, a pedido de los diplomáticos árabes. “Será una conversación franca. Esa cena ya estaba programada antes de que el presidente Jair Bolsonaro anunciara el viaje a Israel”, dijo Tereza Cristina.

Como sea, Tereza Cristgina toma en serio su trabajo y designará un cuerpo de asesores especializados que la acompañarán en las conversaciones. “He hablado individualmente con algunos embajadores. Brasil tiene agendas en común con esos países. Podemos programar encuentros por separado después de la reunión”, expresó la ministra.

Por otro lado, la agencia oficial señala que el presidente Bolsonaro declaró, antes de regresar de su viaje a Israel, su intención de visitar Oriente Medio en el curso del segundo semestre del año. Esta intención la confirmó ministro Araújo el 4 de abril. “En los próximos días definiremos un programa de visitas presidenciales a los países árabes, primero a nuestros principales socios y luego a otros”, expresó para luego puntualizar que ya se tienen “grandes avances con Arabia Saudita y Emiratos Árabes”.

Mientras, persiste la incertidumbre respecto de quién manda realmente en el Palacio de Itamaraty. En el Congreso, sobre todo, se le ha reclamado reiteradamente al ministro que explique su ausencia durante el encuentro entre los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro en el Salón Oval, a la cual sí asistió el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del jefe de Estado y presidente de la Comisión de exteriores, también señalado como “canciller de facto”,

También se le ha objetado el hecho de que en tres meses ha recibido a solo 7 embajadores acreditados en Brasilia, mientras el vicepresidente de la República, General Hamilton Mourão, atendió las solicitudes de 23 diplomáticos extranjeros.

Estos cuestionamientos, aunados a otro dato no menor, el referido a la reunión de la ministra de agricultura con los embajadores de los países árabes y musulmanes confirma la dificultad que tiene el ministro Araújo para concertar y es obvio que un canciller que no logra dialogar difícilmente puede hacerse cargo con la eficiencia requerida de la más prestigiada institución diplomacia de toda Latinoamérica.

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