El Rey Mohammed VI y el Presidente Néstor Kirchbner en Buenos Aires- diciembre 2004

Marruecos necesita de un nuevo salto en sus relaciones con América Latina


América Latina vive su segunda transición democrática, quizás la más dura de las pruebas que le tocaron sortear desde el fin de las dictaduras militares a lo largo de la década de los 80. Analistas de todo el mundo y de todo color político e ideológico coinciden en el declive de regímenes de corte izquierdista y el auge avasallador de gobiernos conservadores con tintes neoliberales y en algunos casos con marcadas tendencias religiosas y abiertamente respaldados por las instituciones militares.

Comentado, recientemente, la situación creada en Bolivia tras el Golpe de fuerza del 10 de noviembre, señalamos que la salida forzada y el exilio voluntario del depuesto presidente Evo Morales, preludia una era, quizás más dramática, en el nuevo reacomodo de las piezas en el tablero latinoamericano y caribeño con un previsible despliegue logístico y acrecido protagonismo estadunidense en todo el hemisferio.

En efecto, Latinoamérica es hoy una región convulsionada. En opinión del socialista chileno, Marcos Enriquez-Ominami, toda “Latinoamérica está agitada”, incluso “los chilenos -los mejores alumnos del neoliberalismo- llevan un mes en las calles protestando contra el modelo del que hasta hace solo semanas eran su mejor ejemplo”.

De este lado del Atlántico, no pocos pensarían que la coyuntura presente no es el buen momento para que Marruecos replantee su estrategia de relacionamiento con los países latinoamericanos y caribeños. Existe, no obstante, un precedente no muy remoto que aconseja todo lo contrario.

En 2001-2002, años en los que Argentina estaba inmersa en el “infierno” de la peor crisis económica, social y política de su historia, Buenos Aires recibió la visita de no menos de cinco delegaciones marroquíes de alto nivel, encabezadas, entre otros, por el ministro de asuntos exteriores, Mohamed Benaïssa, y el de agricultura, Moulay Ismael Alaoui. Además de Argentina, otras delegaciones oficiales llegaron en distintos periodos a Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, República dominicana y Uruguay.  

Con respecto a Argentina, la intuición y las diligencias de un buen diplomático como Mohamed Mael Ainine, ayudaron a tomar conciencia del momento para profundizar y afianzar las relaciones bilaterales, logrando a corto plazo excelentes dividendos políticos y económicos.

Vale destacar en este sentido, el valioso respaldo dado a Marruecos por el presidente interino de Argentina, Eduardo Duhalde (2002-2003), de cuyo uno de sus allegados, el exgobernador peronista de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, es hoy señalado como uno de los candidatos más firmes al cargo de canciller a partir del próximo 10 de diciembre.

La gratitud de Argentina por la solidaridad de Marruecos en tiempos difíciles se hizo más locuaz e intensa cuando su presidente, el peronista Néstor Kirchner (2003-2007), estando todavía agobiado por el “infierno” de la crisis del 2002, declinó entrevistarse en noviembre de 2004 con varios jefes de Estado asiáticos, pero recibió días más tarde, por todo lo alto y con todos los honores, al Rey Mohammed VI.

Lo mismo se puede decir de los gobiernos de Chile y Brasil, cuyos giros a la izquierda respectivamente en 2000 y 2003, jamás representaron un trauma para la diplomacia marroquí. Más bien, con los dos países se fueron cimentando los zócalos para futuras relaciones sanas a nivel bilateral y fructíferas en el plano birregional, en el marco de las cumbres América del Sur-Países Árabes (ASPA) y América del Sur-África (ASA), reenfocando de este modo el buen accionar de una diplomacia marroquí activa proclive a la defensa de los intereses supremos del país.  

En el caso chileno, le tocó al socialista Ricardo Lagos serenar los ánimos y frenar sin más explicaciones el embate de una movida argelina impulsando un supuesto proyecto de reconocimiento de la virtual República saharaui que el excanciller Juan Gabriel Valdés habría sometido al expresidente democristiano Eduardo Ruiz-Frei Tagle en septiembre de 1999, cinco meses apenas antes de finalizar su mandato.

Ni que decir de Brasil cuyo presidente, Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), del mismo signo político que sus pares de Argentina y Chile, cerró todas las puertas ante la agitación separatista saharaui y apostó fuertemente por la cooperación y la amistad con Marruecos.

En todos estos años de fuerte avance de gobiernos de izquierda, Marruecos supo hacer notar, gracias a una diplomacia proactiva, su presencia como actor clave en el escenario latinoamericano. Así lo demuestra la gira regional que el Rey Mohammed VI realizó en noviembre-diciembre de 2004 por Argentina, Brasil, Chile, México y Perú.

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