Cuidar de las buenas relaciones entre Marruecos y Paraguay


Por Hassan Achahbar

Paraguay sostiene el triste record continental de cuatro cambios en su posición con respecto al conflicto del Sahara en apenas catorce años. Por eso, se da por descartada cualquier posibilidad de que el país guaraní vuelva a entablar contactos con los separatistas del Frente Polisario sin por ello, poner en tela de juicio su credibilidad internacional.

Pero para eso Rabat tampoco debe descuidar ningún aspecto de las buenas relaciones que mantiene con Asunción desde el inicio del mandato del presidente Horacio Cartes (2013-2018), relaciones que se han ido consolidando con la llegada al poder de su sucesor Mario “Marito” Abdo Benítez.

En este sentido, preocupa por ejemplo la dificultad reportada respecto del manejo de la ayuda financiera que Marruecos le brindó el año pasado al Paraguay en apoyo al programa nacional de desarrollo de la mujer, ayuda que según parece, no se está canalizando oportunamente.

Una fuente con fácil llegada al jefe de Estado se queja contra ciertos retrasos y se pregunta “cuan ágil” es el seguimiento por parte de la embajada marroquí o “cuan flojo” es el accionar del ministerio de la mujer para no permitir el buen encauzamiento del donativo.

Cabe recordar que Paraguay abrió su embajada residente en Rabat en 2010 y que en este mismo año, ambos países canjearon las notas reversales para la implementación de un proyecto destinado al “Fortalecimiento de la red de asistencia con estrategia de atención primaria de salud a comunidades de extrema pobreza en los departamentos de Guaira y Caazapa”.

Sin embargo, Asunción reanudó los lazos políticos con el separatismo saharaui en agosto de 2011 (antes de romperlos nuevamente en 2014) lo que supuso la interrupción de la ayuda marroquí. Esta ayuda fue retomada el año pasado con un tercer donativo destinado a financiar programas sociales emprendidos por el ministerio de la mujer como muestra del interés en fortalecer las relaciones entre los dos pueblos.

Previamente, y en la misma línea, el presidente Horacio Cartes y su canciller Eladio Loizaga, decidieron en enero de 2014 poner un punto final a la actitud zigzagueante que caracterizó la política paraguaya en relación al conflicto del Sahara, “mientras dure el proceso de paz iniciado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”.

El gobierno de Paraguay, con la imagen renovada y un canciller, Eladio Loizaga, que conocía las intrigas polisaristas por haber representado a su país ante la ONU en Ginebra y Nueva York durante once años, decidió cortar por lo sano fundamentando la ruptura con el separatismo.

Desde entonces, Paraguay se ha afianzado como un aliado firme de Marruecos y no consta que el país guaraní, con deseos de superar los traumas del pasado, vaya a arriesgar la credibilidad ganada, apartándose nuevamente de la decisión fundamentada en 2014.

Asunción ha cambiado en cuatro oportunidades su posición en relación al conflicto del Sahara desde que su exministro de relaciones exteriores, José Félix Fernández Estigarribia, “negoció” el reconocimiento de la virtual República saharaui “Rasd”.

Es de sobra sabido que Fernández Estigarribia, lobista argelino, actuó por cuenta e interés propios y que tomó su decisión unos días apenas antes de ser removido del cargo y sustituido, el 15 de febrero de 2000 por Juan Esteban Aguirre Martínez, quien viajó a Rabat para reponer las cosas en su lugar.

El mismo Fernández Estigarribia renunció al cargo de Secretario General de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi, con sede en Montevideo) para incorporarse al equipo de asesores del nuevo canciller Jorge Lara Castro y así influir en la decisión de reanudar las relaciones con la “Rasd” en 2011.

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