El Palacio Santos sede del MiRE de Uruguay

Uruguay-Marruecos: hora de restablecer la legalidad violada en 2005


Por Hassan Achahbar

Las buenas relaciones políticas y económicas entre Uruguay y Marruecos fueron brutalmente interrumpidas en diciembre de 2005, luego del reconocimiento por el gobierno del Frente Amplio de la virtual república saharaui, una decisión tgardía y absurda, tomada y ejecutada por el excanciller Reinaldo Gargano, en nombre de unos tópicos izquierdistas.

El pasado 1 de marzo, el nacionalista Luis Lacalle Pou, apoyado por una coalición de cinco partidos de centroderecha, tomó posición de su cargo de presidente y con ello renace la esperanza de que finalmente Uruguay recobre la cordura perdida y restablezca la legalidad quebrantada.

Recordemos que el separatismo persigue, desde 1075 en el Sur de Marruecos, la quimera de una “República saharaui”, inventada por Argelia y alentada por otros gobiernos totalitarios, y que el frentismo uruguayo reconoció, tardíamente, dicho ente ficticio como “país independiente”, a contramano del resto de los países democráticos del Continente.

El hecho de que el “presidente” de la virtual república saharaui, no haya sido invitado por las nuevas autoridades de Montevideo a la ceremonia de investidura del presidente Lacalle Pou, es una señal reconfortante y alentadora para la diplomacia marroquí.

También lo es la ausencia de los representantes de los gobiernos totalitarios como Cuba, Nicaragua y Venezuela, que pertenecen al reducido grupo residual de países latinoamericanos y caribeños que aun apoyan la supuesta independencia de la virtual República.

Antes de ser confirmado en el puesto, el actual ministro de relaciones exteriores, el economista Ernesto Talvi, manifestó que la cancillería uruguaya se basará en los intereses del país y no por la “simpatía” de los gobiernos de turno. “La política exterior uruguaya va a basarse en los intereses del país y no por la simpatía de los gobiernos de turno. Relaciones diplomáticas cordiales y abiertas, con los gobiernos que nos gustan y con los que no nos gustan”, sostuvo.

Lo reiteró el 2 de marzo, al siguiente día de su asunción como canciller de la República, insistiendo en que las relaciones diplomáticas y comerciales de Montevideo serán con Estados, no con gobiernos (mucho menos con movimientos separatistas como el saharaui Frente Polisario) por lo que la política exterior nunca estará basada en afinidades ideológicas circunstanciales.

Ernesto Talvi agregó que el Palacio Santos apuesta por una diplomacia “moderna inspirada en los países de vanguardia”, países que, obiamente, no reconocen la existencia de un ente saharaui independiente.

“Vamos a apostar por una diplomacia económica y comercial moderna, gobernada por su propia lógica e inspirada en los países de vanguardia. Con un foco casi obsesivo: impactar en mejorar la vida de los uruguayos. Atraer inversiones al país, abrirle mercados a nuestros productos para vender productos uruguayos al mundo con trabajo de los uruguayos, no mandar uruguayos al mundo porque aquí no encuentran trabajo. Y ante todo, tendremos claro: nuestras relaciones son con Estados, no con gobiernos”, dijo.

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