Argelia pasa de los medicos cubanos

El confinamiento de las brigadas médicas cubanas en Argelia


Por Hassan Achahbar

El confinamiento de las brigadas médicas cubanas en Argelia es un golpe bajo para el ego de la altiva dictadura castrista, herida en su orgullo de “potencia médica”. Algo está enturbiando la “relación carnal” entre la Isla caribeña y el país magrebí. No sería la primera vez que esto sucede, aunque parece que en ésta, la cosa va muy en serio.

Los nubarrones que hoy amenazan con ensombrecer las relaciones cubano-argelinas tienen el mismo matiz de siempre. El estreñimiento notado en los últimos meses estaría relacionado con la apremiante necesidad de Cuba de recibir el auxilio petrolero de socio argelino.

Empero, y lo digo con absoluta franqueza, en la Cuba castrista impera y se sigue aplicando la ley del embudo en todo su esplendor. Lo advertí en ocasión del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Marruecos y la Isla en noviembre de 2017.

El castrismo, hoy al filo de la quiebra, privado del petróleo regalado por Venezuela y estrangulado por la peor crisis económica interna desde la caída del Muro de Berlín, intentó suplir el faltante energético acudiendo primero a Rusia que puso condiciones imposibles. Fue cuando apeló a la solidaridad argelina, presionando con el sempiterno tema del Sahara.

Cuba jugó siempre la carta saharaui, aprovechando cualquier circunstancia u oportunidad para recordar el legado de Fidel Castro quien, por encargo de los amos del Kremlin, envió a Argelia un cuerpo mercenario dotado con armamento soviético para luchar contra Marruecos en la “blitzkrieg de las arenas” de octubre de 1963. Los cubanos saben que sin su apoyo político y logístico, el separatista Frente Polisario sera barrido del mapa latinoaméricano.

Sin embargo, el recurrente discurso y la cada día más deslucida prosa saharaui ya no pegan fuerte. De hecho, Cuba carece de argumentos sólidos y le hace falta mayor compromiso para ablandar a los gorilas de Argel, ellos mismos severamente castigados por el desplome en los precios del crudo en el mercado internacional.

En un tira y afloja, los cubanos se animaron a desafiar públicamente al socio argelino, al restablecer relaciones diplomáticas plenas con Marruecos 2017, rompiendo así con un tabú de 37 años. Más adelante, se concretizó el intercambio de las respectivas embajadas residentes en La Habana y Rabat. Fue un parto difícil para la desencantada diplomacia cubana y un sacrilegio para los argelinos.

El 29 de enero de 2018, Argel y La Habana suscribieron un suplemento al Acuerdo Marco bilateral en el campo de salud por el cual Cuba se comprometía a enviar más brigadas internacionalistas a Argelia a cambio de más suministros de petróleo argelino a la Isla durante el periodo 2019-2021.

“Cuba incrementará la exportación de servicios médicos a Argelia, informaron hoy ambos gobiernos, al cierre de conversaciones oficiales que contemplaron la ampliación de los nexos económicos y comerciales de carácter bilateral”, reportó con gran jubilo la agencia Prensa Latina el 30 de enero.

No faltaron halagos del ministro cubano de comercio exterior Rodrigo Malmierca a Argelia, afirmando en alusión a Marruecos, que en materia de política exterior, su país se mantendrá fiel a los principios de su revolución que “hemos defendido en las coyunturas más difíciles y bajo las más severas amenazas”.

Pero enseguida llegó el desmentido por boca del portavoz del ministerio argelino de salud, Slim Belkessam, quien declaró al semanario parisino “Jeune Afrique” del 8 de febrero, que “no vamos a solicitar nuevos contingentes de médicos cubanos”.

Los antecedentes de ese tira y afloja remontan al año 2013 y desde entonces Cuba utiliza un mismo padrón de conducta y sus calculados pasos en dirección de Marruecos le han permitido presionar al socio argelino aunque, en definitiva, todo quedaba en familia.

Así, en medio de un pasajero desconcierto cubano, el secretario general del separatista Frente Polisario y presidente de la virtual “saharaui”, Mohamed Abdelaziz, aprovechó una escala en La Habana República para una “visita de trabajo” a Cuba el 2 junio de 2014. Ese día, el presidente Raúl Castro festejaba su cumpleaños y por nada alteró su agenda privada para honrar al visitante. El polisarista fue ignorado por el conjunto de los medios del gobierno y del Partido Comunista de Cuba.

Sin embargo, los ánimos cambiaron con el viaje de Raúl Castro a Argel. El 3 de mayo de 2015, el presidente cubano se reunió con su par argelino Abdelaziz Bouteflika para reiterarle con efusivo entusiasmo el apoyo total de Cuba a la “heroica y luchadora Argelia”.

Luego, en declaración a la prensa, Raúl Castro sostuvo que “estamos al lado de Argelia y la apoyamos”. También resaltó “el sentido común de los postulados argelinos” en África y el mundo para dejar patente su “posición sobre la heroica y luchadora Ar­gelia, como suele calificarla Fidel”.

En otro contexto, el sucesor de los Castro, Miguel Díaz-Canel, omitió ¿intencionalmente? hablar del conflicto del Sahara en su discurso ante la XVIII Cumbre de Países No Alineados (NOAL), celebrada a finales de octubre de 2019 en Bakú, Azerbaiyán.

Díaz-Canel enmendó ese descuido el 3 de noviembre, al dirigirse a los participantes al “Encuentro Antimperialista: La historia solo pueden cambiarla los pueblos”, para “ratificar” su “solidaridad con las luchas de los pueblos palestino y saharaui por el derecho a la libre determinación”.

El presidente cubano volvió a referirse al tema del Sahara (siempre asociándolo con el de Palestina) en el discurso por el aniversario 60 del ministerio de relaciones exteriores el 23 de diciembre de 2019. Afirmó que “nuestra diplomacia ha estado siempre presente en la lucha de los pueblos africanos por su independencia y su desarrollo; en la solidaridad con los pueblos palestino y saharaui, que combaten por tener su Estado independiente y soberano”.

Semejantes elucubraciones castristas se observaron a lo largo de los últimos cinco años siempre con el mismo guion y un mismo final feliz: las dos dictaduras se enojan, se reconcilian y todo vuelve a la casilla de salida. En ese guion cabe el actual confinamiento de las brigadas médicas cubanas en Argelia, en plena pandemia del coronavirus.

Argelia ocupa uno de los primeros lugares entre los países africanos más castigados por el Covid-19, y lo lógico sería que el país magrebí se beneficie, más que cualquier otro en el mundo, de la ayuda de los centenares de médicos cubanos presentes en el territorio. ¿Por qué entonces, Argelia los tiene apartados de la escena pandémica?

El diario Granma informó el 13 de marzo que el jefe de los brigadistas cubanos en Argelia, Dr. Reinaldo Menéndez García, “aseguró que los 891 integrantes que cubren servicios en 47 áreas de salud del estado más extenso de África, se encuentran sanos y lejos de los casos de Covid-19 reportados hasta la fecha”.

Con rabia oprimida, el Dr. Reinaldo Menéndez recuerda que fue en Argelia donde se “inició este empeño de Fidel de ofrecer solidaridad al mundo mediante la medicina cubana”.

En el mismo sentido se pronunció la cancillería de la Isla que describió con más sutileza la amargura que se siente viendo a los brigadistas “unidos en la trinchera de la batalla contra la Covid-19, apoyando desde las instituciones sanitarias donde laboran los cooperantes cubanos los esfuerzos de las autoridades argelinas por contener la epidemia, y redoblando la disciplina, la conciencia y la responsabilidad individual y colectiva”.

¿No resulta sospechoso que después de ver como La Habana promueve con bombos y platillos el envío de sus brigadas médicas a distintos países para colaborar en la lucha contra el coronavirus, se descubre que los cooperantes cubanos en Argelia permanecen inmovilizados “lejos de los casos de Covid-19” y apenas respaldan “desde las instituciones sanitarias donde laboran los cooperantes cubanos los esfuerzos de las autoridades argelinas por contener la epidemia”?

¿Algún indicio quedó de aquel epitafio acunado el 13 de diciembre de 2015 por el diario Granma cuando afirmó que “de lo único que podrían alardear en Argelia es del prestigio y gratitud que se les viene encima cada vez que dicen Cuba”? http://www.granma.cu/cuba/2015-12-13/argelia-en-un-instante-13-12-2015-22-12-01

En el mismo sentido, el portal RadioCubana publicó el 25 de abril un alucinante relato quijotesco, narrado por una enfermera, Yoania Reyes Barbán, para describir desde un inhóspito y lejano lugar de cuyo nombre no se quiso acordar, “un oasis cubano en el desierto del Sahara”.

Desde uno de los territorios de Argelia ubicado en el desierto del Sahara, donde las temperaturas extremas, la cultura árabe y la religión musulmana matizan su esencia, laboran 25 médicos cubanos en un hospital materno, cuenta la partera cubana.

Yoania Reyes di e sentir nostalgia por su Cuba pero se entretiene deshojando la margarita y exhibiendo en las redes sociales las fotos de los pequeños argelinos (¿u otros?) recién traídos al mundo, muchas veces “en la sala de neonatología pero otras tantas fuera de esta área” (en la calle).

Aquí, no se ha reportado ningún caso positivo (por el coronavirus) pero todos los (25) profesionales cubanos han dejado clara su disposición para enfrentar la enfermedad de ser necesario, porque, argumenta la enfermera, “la brigada dará el paso al frente para trabajar donde la Revolución nos indique, aquí en Argelia, en Cuba, donde nos digan”.

Es más, la enfermera rompe con todos los protocoles y opina sobre asuntos internos de Argelia, algo inesperado entre los integrantes de las “brigadas médicas” en el extranjero. Así, le confía al portal RadioCubana, algunas de sus “principales inquietudes en torno a los derechos de las mujeres” de Argelia, el país en donde la cultura patriarcal “genera condiciones de vida diferentes a la nuestra” (la cubana).

“No es como en Cuba, -insiste. Aquí una mujer no puede abortar, por ese motivo es muy común conocer madres de 10 o más hijos. Tampoco es aceptado el embarazo fuera del matrimonio. Este contexto obliga a muchas a entregar a sus hijos en sitios de acogida”.

Interesante es el testimonio de la enfermera cubana. Solo le faltó ventilar en las redes los nombres de las mujeres y las fotos de sus hijos indeseados.

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