Primera visita del presidente Bolsonao a la Casa Blanca. Presente el hijo Eduarfdo. Ausente el canciller Araujo

Brasil, la anti-diplomacia


Por Hassan Achahbar

Varios exministros de relaciones exteriores y exembajadores de Brasil critican la actual conducción “unilateral y agresiva” de la política exterior brasileña, acentuando el aislamiento político, económico y diplomático del país.

En carta abierta divulgada el 8 de abril, los firmantes repudian la “anti-diplomacia” del Palacio de Itamaraty (sede del ministerio de relaciones exteriores) porque su orientación actual contradice “en letra y espíritu” los fundamentos de la diplomacia brasileña.

“Además de violar la Constitución Federal, la orientación actual impone al país costos que son difíciles de reparar, como el colapso de la credibilidad externa, la pérdida de mercados y la fuga de inversiones”, dice el documento, lamentando que “la diplomacia brasileña, reconocida como una fuerza de moderación y equilibrio al servicio de la construcción de consensos, se ha convertido en un coadyuvante subalterno del más agresivo unilateralismo”.

Han sido muchos pasos en falso, los dados por la administración Bolsonaro, en especial el ministro de relaciones exteriores, Ernesto Araújo, para llegar a la situación presente. La deriva diplomática de Itamaray inició su curva ascendiente el mismo día de toma de posesión del presidente Jair Bolsonaro.

Lo hemos advertido en ocasión del viaje de Jair Bolsonaro a Israel donde el jefe de Estado brasileño reiteró el 30 de marzo de 2019 su promesa electoral, hasta hoy incumplida, de trasladar la embajada a Jerusalén. Al viaje le siguió, a finales del año, el safari presidencial por tres capitales del Golfo en una simulación de acercamiento al mundo árabe.

Firman la carta los excancilleres Celso Amorim, Celso Lafer, Francisco Rezek, José Serra y Aloysio Nunes Ferreira, el exministro de hacienda y exembajador en Washington Rubens Ricupero, el expresidente de la República, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y el académico e investigador de la Universidad Harvard, Hussein Kalout. La mayoría entre ellos miembros del “Grupo Ricupero”.

En referencia directa al alineamiento con Estados Unidos, los autores afirman que “no se puede conciliar independencia nacional con la subordinación a un gobierno extranjero cuyo declarado programa político es la promoción del interés propio por encima de cualquiera otra consideración”.

En este sentido, el texto expresa claramente que todo gobierno que se declara aliado de este país “aliena la soberanía nacional, asumiendo como propia una agenda que amenaza con arrastrar a Brasil hacia conflictos con naciones con las que mantenemos relaciones de amistad e interés mutuo”.

Para salirse de la encrucijada, los autores aconsejan “la reconstrucción urgente e indispensable de la política exterior brasileña” y  recomiendan dejar para atrás una “vergonzosa página de servilismo e irracionalidad” para volver “a colocar en el centro de la acción diplomática la defensa de la independencia, de la soberanía, de la dignidad y de los intereses nacionales, de todos aquellos valores, como la solidaridad y la búsqueda del diálogo, que la diplomacia ayudó a construir como patrimonio y motivo de orgullo para el pueblo brasileño”.

Agregan que “la actual anti-diplomacia aleja al país de sus objetivos estratégicos, al hostigar a las naciones esenciales para la propia implementación de la agenda económica del gobierno”.

El “Grupo Ricupero” abrió el fuego el 28 de abril, cuando cuatro miembros, la mayoría excancilleres, participaron en una videoconferencia organizada por Brazil Conference, de la Universidad Harvard, para debatir de la política exterior de Brasil.

En el debate de dos horas, los participantes admitieron que incluso bajo la dictadura militar (1964-85) el Palacio Itamaraty se orientó por criterios racionales y pragmáticos en defensa de los intereses nacionales, conforme a las capacidades de Brasil, sin quedar sometidos un vasallaje a otras potencias.

Durante el debate, exceptuando discrepancias puntuales, hubo grandes concordancias en temas centrales como el rechazo al alineamiento automático con Estados Unidos, en especial la adhesión explícita de Bolsonaro a la política de Washington, posición ésta que repercute en la política interna.

Al respecto, Hussein Kalout opinó que el ministro Araújo se sitúa en el extremo opuesto de la tradición diplomática brasileña al privilegiar movimientos tácticos que no constituyen una estrategia integrada y coherente y colocan a Brasil en una posición extremadamente vulnerable.


Acentuó que Brasil está practicando el autoaislamiento, actuando beligerante, sin visión estratégica y sin proyecto de liderazgo regional, reemplazando a sus socios tradicionales en el mundo por otros cuya complementariedad es nula.

El ministro Ernesto Araújo tampoco sale librado de las críticas de los medios, ya que no faltan quienes incluso lo tildan de “lunático que mancha y deshonra la historia de Itamaraty” por su accionar que linda con “lo ridículo, lo absurdo, lo burlesco”.

A las críticas se suman partidos de oposición de izquierda y centroizquierda que censuran las “platitudes” de Araújo que provocaron, a su juicio, “jocosos comentarios en los medios internacionales”, mientras en Brasilia, los diplomáticos no ocultan su incomodidad con los disparates del ministro.

El ministro Araújo reaccionó atacando al “Grupo Ricopero”, en un desesperado intento por aplacar sus voces y mitigar las repercusiones que tienen en los países vecinos y en la propia opinión pública brasileña. La intempestiva reacción del ministro Araújo se entiende porque no solo su conducción es blanco de las críticas, sino porque lo que se pone en tela de juicio es toda la política del gobierno Bolsonaro.

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