Desastre de Anual, ocurrió en julio de 1921

Magreb: los españolitos están nerviosos


Por Hassan Achahbar

Un día como este pasado sábado 11 de julio pero de 2002, los marroquíes plantaron la bandera nacional en el islote Leila (Perejil), una roca minúscula y deshabitada situada a unos cuantos metros de su litoral mediterráneo.

Los españolitos, esa rarísima especie humana, lo tomaron como una “declaración de guerra” y en una demostración de poderío naval, el gobierno fascistóide de José María Aznar envió una “Invencible Armada” para castigar y desalojar al “invasor”, una decena de gendarmes y un pastor y sus dos cabras.

Los españolitos todavía no se hacen a la idea de que perdieron el Imperio en 1898 cuando otra potencia, los Estados Unidos de Norteamérica, les sacó a cañonazos de sus últimos reductos en Cuba, Porto Rico y Filipinas. Insistir, hoy, en las “Plazas de soberanía” en la costa mediterránea de Marruecos, incluyendo islotes donde no crece ni una yerba y rocas sin el menor valor estratégico-militar, mucho menos económico, es apenas una quimera.

La historia se repite con frecuencia. En 1979, cuatro años después de la Marcha Verde y la retirada del Sahara, Adolfo Suarez, presidente del gobierno franquista, realizó un viaje provocador a Ceuta y Melilla para reafirmar el carácter colonial de los dos presidios enclavados en el corazón del Mediterráneo marroquí.

El heredero universal del franquismo recalcitrante y con delirios de grandeza, no pudo con el “franchute” Valery Giscard d’Estaing quien lo ninguneaba. Lo insólito es que intentó medirse en imagen con el Rey Hassan II. Es que los acomplejados atienden a la lógica del absurdo.

Por si todavía no se han enterado en Madrid, España perdió la supremacía naval frente a Inglaterra en 1588 por creer en su “Invencible armada”. Hoy, pueden seguir presumiendo de conservar anacrónicos bolsillos militarizados en África, pero no la legitimidad, y no deben olvidar que a pesar de todo, es Marruecos quien verdaderamente dicta su ley en toda la zona del Estrecho.

Sin remontar muy lejos en la historia, bastaría recordar la humillación sufrida con el “desastre de Anual” hace ahora un siglo, en julio de 1921, a manos de 3000 campesinos rifeños mal armados quienes en un pocas horas dieron cuenta de un “invencible ejército” rival de más de 30 mil soldados entrenados y pertrechados. No se recuerda peor desastre militar en la historia universal.

Los españolitos ganaron la guerra del Rif pero no por méritos propios, sino gracias a la ayuda de Francia. Lo mismo sucedió en 1958 en el Sahara con la Operación Ecouvillon para frenar el avance del Ejército de Liberación Nacional.

Marruecos no es una amenaza para nadie. Se sabe defender, eso sí, pero nunca declaró la guerra a ningún vecino. Lo saben los turco-otomanos y muy especialmente los portugueses que todavía lloran la desaparición de su  Rey Dom Sebastiam (1578) y más recientemente los españolitos en Anual.

España ha estado pescando durante casi medio siglo en las aguas marroquíes y aprovechó las rencillas entre Argelia y Marruecos para hacerlo también en el desierto del Sahara. Hoy, la realidad es otra. En Argelia existen indicios de que el presidente Abdelmadjid Tebboune se alista para reabrir una nueva página en las relaciones con Marruecos. Esto atemoriza a los españolitos. Les corta el aliento. Su estrategia durante medio siglo ha sido fomentar el odio y los desencuentros entre los hermanos magrebís. Y de repente, todos se acuerdan de la “provincia española” del Sahara y de las “Plazas de soberanía”. Hablan generales en reserva, diplomáticos jubilados, políticos en mal de publicidad, periodistas sin tribuna. El coro escupe plomo, vomita azufre.

Por este motivo, se le ruega al presidente argelino que recapacite, que tome un tiempecito, respire, dude y reflexione antes de dar el primer paso. Argelia no le hará ningún servicio al Gran Hermano. Más bien, le traerá más dolores de cabeza. No es lo mismo tener pleitos con el vecino de “al lado” que con el de “enfrente”.

Los españolitos jamás fueron amigo para ningún pueblo y no lo son para Marruecos. Lo saben ellos, lo saben los demás vecinos y lo sabe el mundo entero. Por donde pasan siembren solo odio y rencor. A lo largo de la historia vecinal se les recuerda por su maldad.

Inglaterra, con guerras o sin ellas, salió de sus colonias con el menor costo en imagen. Hasta la tosca Francia se retiró airosa de sus posesiones en África, ciertamente con grandes traumas, pero conservando suficientes lazos políticos y económicos.  

También Portugal supo manejar la relación con su excolonia Brasil. Ante la invasión napoleónica en 1807 y la traición española, el rey portugués trasladó su trono, corte y cortesanos incluidos, a Rio de Janeiro y así pudo, además de salvar la corona, preservar la unidad del hoy gigante sudamericano hasta la independencia en 1822.

¿Los españolitos? Ni falta hace responder la pregunta. Bastaría mirar el mapa de Latinoamérica para darse cuente de su enorme torpeza. No nos fijemos solo en los 35 años de gloria comunitaria a partir de 1986. En Marruecos no se está llorando Al Ándalus. Se lamenta la ceguera del vecino de enfrente.

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