De religiones y de la hipocresía occidental


Por Hassan Achahbar

El pasado 10 de julio, el presidente brasileño Jair Bolsonaro, mezcla de sacerdote y pretoriano, nombró a Milton Ribeiro, un pastor de la Iglesia Presbiteriana, en el importante cargo de ministro de educación. Ribeiro sustituye al derechista y polémico Abraham Weintraub, denunciado por racismo y xenofobia, que renunció el 10 de junio, el mismo día en que apareció autoexiliado en Estados Unidos.

La candidatura del cuarto ministro de educación en un año y medio de mandato de Bolsonaro, se impuso frente a la de otro pastor de la Iglesia Batista, tras dos fallidos intentos de nombramiento debido a las pujas entre las alas militar, evangélica e ideológica que se disputan la supremacía en el seno del ejecutivo.

El mundo occidental que se escandaliza ante una decisión soberana tomada por el presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan, asiste expectante y ni se inmuta frente al hecho de que la educación en Brasil sea manoseada si controles desde la oscuridad de los templos evangélicos.

Nadie se horroriza ante las aberraciones de unos político-religiosos brasileños que reivindican la dictadura militar de 1964, apoyan abierta y presencialmente las manifestaciones antidemocráticas y amenazan inclusive con el cierre del Congreso y la detención de los ministros del Supremo Tribunal Federal.

En el Brasil de la mili-teocracia todo es permitido desde el momento en que se evidencia la obediencia debida a los Estados Unidos y se comulga con los intereses vitales de Washington en el continente y en el mundo.

Las respetables democracias occidentales chasquean los dientes cada vez que se nombra el régimen teocrático de Irán o de cualquier otro país musulmán de parecido signo religioso, pero, asombrosamente, miran para otro lado en el caso brasileño. Eso que en Brasil, se venía venir desde 2018 con un lema de campaña presidencial “Brasil arriba de todo. Dios arriba de todos”

Esas mismas democracias occidentales encuentran natural que la teocracia que gobierna Brasil amenace a las instituciones democráticas, que el pretorianismo iluminado maneje al país como una secta-cuartel y que las decisiones de gobierno se fragüen en los cuarteles y templos antes de someterse al consejo de ministros.

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