Minurso, una tarea en sí bastante complicada

Minurso, Minustah y los Derechos Humanos


Por Hassan Achahbar

Ningún país que se aprecia debería ceder, bajo ningún pretexto, ante las presiones de intereses globales o del poder mafioso ejercido, en gran mayoría, por las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) trasnacionales.

Digo esto porque se ha observado en los últimos años una histérica campaña orquestada desde Tindu (Argelia) y España por intereses espurios e inconfesables, reclamando la ampliación de las competencias de la Misión de Naciones Unidas para el Sahara (Minurso).

Ceder ante tales presiones sería como invitar a los españoles a recolonizar un territorio nacional marroquí, metiendo allí un ejército de mafiosas ONGs y hasta legionarios encubiertos para una nueva aventura africana.

Sirve para meditarlo el lamentable ejemplo haitiano. Del 2004 a la fecha, Haití experimenta en carne propia el macabro negocio al que se dedican abiertamente miles de ONGs, supuestamente invitadas a auxiliar a la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) en su esfuerzo por la reconstrucción de la isla caribeña asolada.

Quien pone el dedo en la llaga, denunciando y contando al mundo la tragedia humana en Haití es un experto brasileño, Ricardo Seitenfus, autor de varios trabajos sobre el tema, entre los que se destacan sus libros “La ONU y la Epidemia de Cólera en Haití” y “Haití, Dilemas y Fracasos Internacionales”.

Seitenfus ha expuesto la problemática haitiana en numerosas declaraciones a medios brasileños y extranjeros, denunciando insistentemente la inacción o la omisión por una organización supranacional, cuyo mandato, según él, ha sido el de “mantener la paz del cementerio”.

El ex diplomático brasileño, que entiende del caso haitiano por haberse desempeñado como enviado especial de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en la isla entre 2009 y 2011, confiesa que tenía la preocupación por identificar a los actores locales y trasnacionales de la tragedia haitiana.

De hecho, Seitenfus establece un balance lapidario de la actuación de la Minustah, en particular su ocultación de la epidemia de cólera introducida por primera vez en la isla en octubre de 2010. “Desde el principio”, se supo que los soldados nepaleses de la Misión llevaron el cólera a la isla y que “eso provocó miles de muertos”, recalca. El balance es 50.000 muertes causadas por la epidemia, de un país “más pobre de lo que era” y con una “inestabilidad política” que se padece hoy todavía.

Recuerda que oficiales del ejército de su país comendaron la Minustah durante trece años (2004-2017) y que en ese periodo Brasil participó en la misma con 37.000 efectivos, la mayor fuerza militar jamás enviada al exterior en tiempos de paz.

“Nuestra primera responsabilidad, es decir la verdad. Reconocer que efectivamente hubo esto, por acción y omisión. Que actuamos mal durante este período” porque los pueblos haitiano y brasileño “tienen derecho a saber”, insiste.

En entrevista con el portal “Brasil de Fato”, el ex diplomático fustiga con dureza lo que interpreta como ocultamiento de tipo mafioso respecto a la actuación de la Minustah. “Hay lo que yo llamo Omertá. Una ley de silencio en torno al tema, que es una vergüenza” y también hay un intento de “contar otra historia, cuando la historia es muy dramática, muy difícil”.

La peor pesadilla es el “agujero jurídico” y la falta de garantías jurídicas. Al respecto, opina que las Operaciones de Paz de la ONU no deben estar “por encima de la ley”. “No porque son enviados por las Naciones Unidas que tienen plena autonomía”, dice.

En ese mismo rubro, destaca que no hay “ninguna convención internacional que defina cómo deben comportarse las tropas. No existe eso. No hay ninguna declaración de las Naciones Unidas que pueda ser imputada”.

Por tanto, considera muy importante que los juristas, aquellos que “trabajan con los Derechos Humanos, el derecho humanitario, internacional, de guerra, se vuelquen con esto y exijan que tengamos una carta de las obligaciones de los arrojados en Operaciones de Paz”.

“No podemos tener la carta blanca que tenemos hoy”, enfatiza, al tiempo que sugiere a los gobiernos insistir en el “punto fundamental de la responsabilidad” y saber “cuáles son los caminos, los límites, los objetivos. Cuál es el marco jurídico”.

En otra entrevista, intitulada por Veja: “Haitianos son prisioneros de la propia isla” , el analista toca el punto más sensible para la ONU que es el del rol de las tropas en las Operaciones de Paz. Cita como ejemplo a los uniformados brasileños quienes, según él, vieron en la Minustah “una oportunidad para realizar maniobras y ejercicios reales sin correr grandes riesgos” y probar la “industria bélica nacional”, mientras “el 80% de los costos corrían a cargo de Naciones Unidas”.


Seitenflus denuncia además, que en Haití, la ONU “ha impuesto a los cascos azules” a pesar de que el país no vivía una situación de guerra civil ni era amenaza para la paz mundial: “Haití no es ni Irak ni Afganistán y sin embargo, el Consejo de Seguridad, ante la falta de alternativa, ha impuesto a los cascos azules desde 2004”, dijo al periódico suizo Le Temps, motivando su remoción del cargo, el 25 de diciembre de 2011, faltando apenas dos meses para completar su misión de dos años como representante de la OEA en la isla. 

Las ONGs, la tragedia humana

“¿Haití o Haitong?”, es un significativo título de un capítulo que Seitenfus dedica en su libro “Haití, Dilemas y Fracasos Internacionales”, a la explotación de la pobreza haitiana por las ONGs.

Al brasileño no le tiembla el pulso a la hora de abordar el rol nefasto que juegan las ONGs en Haití en el marco de las Operaciones de Paz de la ONU. Sostiene que, desde antes del terremoto de 2012, el país ya era “la meca de la ayuda internacional” para, luego, convertirse en un lugar de paso obligado, incluso para el aprendizaje de las ONGs transnacionales.

“Hoy, el país es un paso obligado para toda agencia asistencial que se aprecia y, peor aún, es un laboratorio, una escuela de formación de cuadros para las ONGs. Esto es moralmente inaceptable”, reitera.

El ex diplomático enfatiza, sobre todo, la “relación maléfica o perversa entre la fuerza de las ONGs y la debilidad” de las instituciones del Estado haitiano y asegura que “algunas ONGs sólo existen debido a la desdicha haitiana”.

El experto relata que son miles las ONGs que se han asentado en Haití, sobre todo después del terremoto de 2012, aunque sólo unas 450 se registraron ante el Ministerio de Planeación y únicamente 150 informan sobre sus actividades.

Antes del terremoto eran cerca de 284 ONGs registradas en el país. Pero después, ese “número subió a 10.000”, puntualiza, atribuyendo el fenómeno a que “la miseria es una industria próspera” porque los donantes no transfieren los fondos al gobierno haitiano, sino a las ONGs y cada una de éstas gana entre el 8 y el 12% del total de los recursos que administra a su antojo.

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