La ministra Arancha G. Laya, la mala de la película

Sahara: el dilema para España


Por Hassan Achahbar

“Produce más asombro que indignación en nuestros vecinos marroquíes el desconocimiento que existe en España sobre sus sentimientos”, dice Salomón Benatar en el diario madrileño La Razón, confesando su impotencia por no poder entender las actuaciones de los gobernantes españoles y “las infantiles críticas” de periodistas y tertulianos entre ellos los que todavía conservan una “visión parcial y distorsionada de la realidad marroquí, cristalizada en estereotipos y clichés”.

Debo añadir que es inocultable el mal causado por los españoles a Marruecos a lo largo de los siglos, engendrando ese sentimiento de indignación que embarga a los marroquís cada vez que se sienten aludidos u ofendidos por sus vecinos o cuando, desde distintas esferas de poder, se incurre en algún grado de ligereza al abordar las relaciones bilaterales.

Por ello, comparto y suscribo la opinión de Benatar Amran de que algunos medios de comunicación en España, la mayoría, “pocas veces se avienen a publicar opiniones favorables al reino alauí y, sin embargo, reproducen noticias y opiniones críticas”. Y no hablo del mamerto de las dos orillas.  

La animosidad que motiva a los distintos sectores de la sociedad española a anteponer actitudes negativas y beligerantes a los valores de entendimiento y cooperación con Marruecos, quedó patente y plasmada en la reacción ante el anuncio del presidente de Estados Unidos, Doonald Trump, reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sahara.

El inesperado anuncio cayó como un balde de agua fría sobre las cabezas de los inquilinos de la Moncloa, al tiempo que desató en la España políticamente claustrada y chovinista serios trastornos al punto de amenazar con producir un indeseado viraje en las relaciones entre Madrid y Rabat.

En medio de un ruido de baja intensidad, habló un experto, Bernabé López García. No estuvo nada acertado en su percepción de una realidad cambiante, multidimensional, que el subconsciente colectivo español todavía tardará en digerir.

Los conceptos, a media tintas, del Profesor emérito muestran a la postre la perplejidad no sólo de políticos y blogueros, sino también de la intelectualidad española. Un claro ejemplo, el resbalón de la ministra de asuntos exteriores, Arancha González Laya, quien, desfasada por los acontecimientos se mostró desafiante. Reaccionó como lo haría una perdedora, afirmando con total indelicadeza que el anuncio de Trump no le ha “pillado por sorpresa” y que “las cuestiones internacionales no se pueden solucionar con el unilateralismo”.

En opinión de un bloguero inconforme, González Laya no asimila la forma en que el presidente norteamericano convierte a “España en un don nadie de cara al debate sobre la soberanía en el Sáhara Occidental”. Añade que lo de la ministra, ella misma “se lo ha ganado a pulso por su política exterior y su actitud tan permisiva y laxa con los ataques de otros países como Turquía o Marruecos”.

No obstante, conforta comprobar que por más que pese y por muy fuertes sean las desavenencias entre los gobiernos, en los ámbitos políticos de un lado y de otro del estrecho de Gibraltar, siguen primando el pragmatismo político-diplomático y la defensa de los intereses mutuos.

De hecho, ya dejando de lado las estupideces de los voceros de la izquierda bolchevique y asociados o los berrinches de la perniciosa extrema derecha anti-moro, que aprovechan cualquier oportunidad para calumniar a los marroquíes, se observa en mayor medida un gran sentido de responsabilidad entre los partidos políticos y los grandes medios de comunicación.

No del todo, porque hasta la Unión General de Trabajadores (UGT), sindicato vinculado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se sumó a la batida, pedaleando para atrás y peleando un lugarcito entre los supuestos grupos de defensa de un “marco legal claro respecto de los derechos políticos y económicos del pueblo saharaui sobre el territorio del Sáhara occidental”.

En nota difundida el 29 de diciembre en su sitio Web, el segundo mayor sindicato español señala que estos “derechos reconocidos” se incumplen desde hace décadas y la “situación general ha empeorado recientemente con el ilegal avance de las tropas de ocupación marroquí en la frontera saharaui con Mauritania, que no ha recibido condena alguna por parte de las grandes potencias ni de España, potencia colonizadora responsable”.

En este escenario, la UGT subraya el papel “fundamental” de España “como potencia administradora del territorio del Sáhara y por su especial vínculo histórico, político y social con la colonia”, al tiempo que censura la actitud de los que demuestran un desinterés basado en cálculos geopolíticos y que “parecen tener en cuenta intereses políticos y económicos al tiempo que excluyen los derechos del pueblo saharaui”.

Para estar a tono con la corriente de opinión imperante, el sindicato socialista reclame para la vieja España su papel colonial de “reconstruir una posición digna con respecto del Sáhara”, apelando a que el ejecutivo “asuma la urgencia de avanzar de manera valiente” en la promoción de los derechos humanos como parte irrenunciable de su mandato, porque así lo demandan “el Sáhara y el pueblo español”. 

Rivalidad gremial por medio, la UGT omite referirse a su mayor competidor, el sindicato comunista Comisiones Obreras (CC. OO), pero apela al sentido patriótico de la derecha y extrema derecha para respaldar la política exterior de España que “no puede seguir supeditándose a las supuestas amenazas de Marruecos en diferentes ámbitos”.

“La oposición conservadora y ultraconservadora”, mayoritaria en las Cortes, enfatiza la UGT, “debe aclarar ya su esquizofrenia y dejar de tener una postura tan cobarde en un problema que, aquí sí, exige de la valentía y del patriotismo que dicen siempre tener presentes”.

Mientras, El Mundo, uno de los grandes medios de la capital, abrió la partida, el 14 de diciembre, editorializando sobre el giro de Washington que “debilita la seguridad de España”, sintetizando que “la decisión unilateral adoptada por Donald Trump, reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, plantea retos de extraordinaria envergadura para España”.

El editorialista denunció que “el reconocimiento por EEUU del Sáhara como territorio marroquí constituye un ilícito con graves efectos para nuestro país” y de paso, recomendó al gobierno Sánchez “liderar una respuesta de Estado que preserve los intereses de España en la agenda con Marruecos”.

Con un tono aún más incisivo, el diario madrileño apuntó a todos los gobiernos que, desde la marcha verde no han sido capaces “de hacer frente al chantaje de Rabat, que utiliza la ocupación ilegal del Sáhara para presionar a Madrid”.

Ese 14 de diciembre, también saltó la liebre desde la boca del periodista andaluz José María Arenzana, denunciando en las páginas de Sevillainfo, la situación caótica en la que un “gobierno de zombis y saltimbanquis” ha sumido a España.

El polémico periodista se la tiene tomada contra el gobierno de Pedro Sánchez porque “abre sucursal de cuatro pistas en nuestras relaciones con Marruecos” y también con su vicepresidente Pablo Iglesias que “propone de forma inoportuna la celebración de un referéndum en el Sahara, deteriorando las relaciones con Marruecos”.

En cambio, el diario ABC responsabilizó a Marruecos de “tensar la cuerda con España”, simplemente porque el jefe del gobierno marroquí, Saadedine El Othlmani, contestó las preguntas que le formuló un canal de televisión sobre el futuro de los enclaves de Ceuta y Melilla.

En su editorial del 27 de diciembre, el mismo periódico explotó contra la “incoherencia” del ejecutivo español, teniendo en el punto de mira a la “inoperancia de Exteriores para evitar que nuestro vecino haga de las relaciones bilaterales -ya sea con el Sahara, con Ceuta y Melilla o con el tráfico humano que parte de sus costas- un ejercicio constante de ninguneo con el que subrayar nuestra irrelevancia”.

En otro extremo, se amontonan todos aquellos blogueros sin causa que le tienen jurado odio eterno al país vecino, como ese agorero de la fatalidad que pregona que “en Marruecos está pasando algo y no es bueno para nuestros intereses” y, según él, ese algo no puede ser otra cosa que las “aspiraciones (del Rif) a ser una nación, como lo fue a principios del siglo XX”.

No sé si los comentarios de ese fresco encierran una amenaza para Marruecos, al sugerir que “en cualquier momento puede haber una nueva insurrección” en el antiguo protectorado español, o se trata de una advertencia a la propia España, porque fue esta última la humillada en Anual y Monte Aaruit.

Como sea, ese cavernícola que dice informarse por medio de “buenos amigos” en Argelia, se rasga los harapos porque Estados Unidos ha “acudido en auxilio estos días de su mejor lacayo en el estrecho de Gibraltar, dotándolo de su mejor armamento y tecnología”.

No es cuestión de cambio de conducta sino de paradigma. El dilema para muchos en España es la entrada en juego de los Estados Unidos e Israel, dificultando la identificación de Marruecos como blanco único para sus ataques. En todo caso, los vecinos del norte deben estar agradecidos con El Othmani quien, sin proponérselo, les brindó la oportunidad de desahogarse y, de paso, ahorrarse el costo de enemistarse con todos a la vez.

Hoy, España se quiere meter en la controversia por el Sahara y dice tener una deuda histórica con su excolonia. No así con las víctimas de la guerra del Rif, que de estos y de los Moriscos ni se acuerda. En cambio, sí tuvo, en 2015, un primer gesto con los sefaradís, otorgándoles, por ley, la nacionalidad española. No sé si le alcanza para resarcir el dolor causado. Los moriscos seguirán esperando.

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