Flamante canciller Carlos França

Brasil: la salida del canciller Araújo forzada por el cambio de época


Por Hassan Achahbar

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, formalizó el martes los cambios en seis de las 23 carteras ministeriales, entre ellas la de relaciones exteriores que pasa a ser dirigido por Carlos Alberto Franco França, en sustitución del polémico Ernesto Araújo. La reforma ministerial incluye, además, cambios de los titulares de Defensa, de Justicia y Seguridad pública, de la Secretaria del Gobierno y Procuraduría General de la Unión, cuyo nombramiento ha sido publicado en el Diário Oficial da União del 30 de marzo.

Los analistas avanzan que Araújo renunció al cargo por las fuertes presiones de distintos sectores políticos alineados con el presidente Bolsonaro  por las dificultades que encuentra Brasil para dotarse de las vacunas contra el Covid-19.

En realidad, su salida estaba anunciada por el cambio de época en el hemisferio, reforzado por el relevo presidencial en Estados Unidos el 20 de enero. Araújo se había jugado por el respaldo al candidato a la reelección, Donald Trump, y hasta puso en duda la limpieza de las elecciones presidenciales de noviembre, ganadas por el demócrata Joe Biden.

El flamante titular de exteriores, Carlos França, es un diplomático de carrera, con poca experiencia en el extranjero, pero considerado más moderado que su predecesor y de talante negociador. Su candidatura se impuso a las de otros diplomáticos más experimentados como los actuales embajadores en París, Luís Fernando Serra, y en Estados Unidos, Nestor Forster, y la actual cónsul general en Nueva York y exrepresentante ante Naciones Unidas, Maria Nazareth Farani de Azevêdo.

Carlos França, de 56 años, era hasta hace unos meses jefe del ceremonial de la Presidencia de la República, antes de ser promovido a rango de embajador y asesor especial del presidente Bolsonaro. Anteriormente, se desempeñó como jefe de la División de Ciencia y Tecnología de Itamaraty y también sirvió en las embajadas de Brasil en Bolivia, Estados Unidos y Paraguay.

La decisión de Jair Bolsonaro de escoger a un diplomático que nuca ha dirigido una misión en el extranjero puede interpretarse como una señal de que no hay que esperar cambios drásticos en la línea de Itamaraty que seguirá monitoreada desde el ala ideológica de derecha por el asesor internacional de la presidencia, Filipe Martins, y el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente.

La salida de Ernesto Araújo era esperada desde meses por sus continuos roces con los principales socios comerciales y estratégicos de Brasil, en especial China pero también la nueva administración estadunidense. En su contra pesaron las presiones de varios senadores, diputados y prefectos, que pidieron un cambio de rumbo en la política exterior brasileña. A ellos se sumaron unos 300 diplomáticos que, el 26 de marzo, hicieron circular una nota interna en la que calificaron la gestión de Araújo como “amateur, desprevenida y personalista, dirigida por criterios fantasmales” y advirtieron del riesgo de “daños concretos, a veces irreparables, para toda la sociedad brasileña”.

Vale recordar que, desde el nombramiento del ahora excanciller Araújo en el primer gabinete de Bolsonaro, el 1 de enero del 2019, muchos han sido los pasos en falso del exministro. Así, lo hemos recalcado, hace un año, cuando informamos que varios exministros de relaciones exteriores y exembajadores de Brasil, la mayoría miembros del llamado “Grupo Ricupero”, criticaron la conducción “unilateral y agresiva” de la política exterior de su país.

Fueron, entre otros, los excancilleres Celso Amorim, Celso Lafer, Francisco Rezek, José Serra y Aloysio Nunes Ferreira, el exministro de hacienda y exembajador en Washington, Rubens Ricupero, el expresidente de la República, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y el académico e investigador de la Universidad Harvard, Hussein Kalout.

“Además de violar la Constitución Federal, la orientación actual impone al país costos que son difíciles de reparar, como el colapso de la credibilidad externa, la pérdida de mercados y la fuga de inversiones”, sostuvieron en carta abierta, divulgada el 8 de abril del 2020.

Los firmantes del documento se pronunciaron en contra de la “anti-diplomacia” de Itamaraty que contradice “en letra y espíritu” los fundamentos de “la diplomacia brasileña, reconocida como una fuerza de moderación y equilibrio al servicio de la construcción de consensos”, convirtiéndola “en un coadyuvante subalterno del más agresivo unilateralismo”.

Los autores recomendaron volver “a colocar en el centro de la acción diplomática la defensa de la independencia, de la soberanía, de la dignidad y de los intereses nacionales, de todos aquellos valores, como la solidaridad y la búsqueda del diálogo, que la diplomacia ayudó a construir como patrimonio y motivo de orgullo para el pueblo brasileño”.

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