La canciller española Arancha González Laya

Sahara: España en el papel del feo de la película


Por Hassan Achahbar

El 22 de abril trascendió a los medios de comunicación la presencia en España del secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, sacado a hurtadillas de Argel y llevado dolosamente a Logroño para ser atendido por complicaciones del Covid-19, aunque el verdadero motivo de su viaje pudo ser bien distinto, probablemente cáncer terminal.

La petición de la junta militar de Argelia a las autoridades españolas para acoger al separatista saharaui fue trasladada por el canciller Sabri Boukadoum, quien realizó una visita oficial a Madrid, el 29 de marzo, según informó el diario El País.

De ser cierto, el gobierno español dispuso de al menos tres semanas para avisar a Marruecos sobre el caso. Sin embargo, Madrid se abstuvo pensando tal vez, que así devolvía la gentiliza a Marrueco que tampoco se había molestado en informar a España de los preparativos para sus recientes maniobras militares conjuntas con Estados Unidos en el Atlántico y, sobre todo, del reconocimiento por parte de Washington de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.

En los hechos, el gobierno de España se reconoce, de una forma u otra, encubridor y cómplice de un hecho condenable, recibiendo a escondidas a un reo de la justicia española. Peor todavía, España aceptó descaradamente que Argelia falsifique la identidad de un procesado, que durante seis años se negó a comparecer ante los tribunales españoles.

Además, el gobierno español accedió al pedido de Argelia, haciendo oídos sordos del clamor de las víctimas saharauis y ocultando a los ojos de la justicia un personaje tétrico, imputado en España en 2016 por múltiples crimines cometidos contra la población civil en los campamentos de Tinduf. Con su nueva identidad argelina, Brahim Ghali se convierte en dignatario amparado por la inmunidad diplomática, intocable para las autoridades judiciales.

No cabe duda que Brahim Ghali ya es ceniza de fuego apagado y que no llegó a España como paciente de Covid-19 o de una enfermedad terminal, sino en el marco de un arreglo negociado tras el estrepitoso fracaso del brazo de fuerza provocado por la Inteligencia argelina en el suroeste del Sahara en octubre-noviembre del 2020.

Brahim Ghali fue etiquetado y enviado como mercancía no reciclable a Logroño. Es el fin de un ciclo que abre el paso a cambios más drásticos en el seno de la vieja guardia del separatismo saharaui. Tanto él como sus amos argelinos saben que no volverá jamás a Tinduf. Su traslado a España es definitivo. Se trata de un “deportación” voluntaria que él mismo negoció con el hombre fuerte de Argelia, el general Saïd Chengriha, porque no le dejaban otra alternativa. Brahim Ghali se sabe árbol caído, acabado.

En esto se resume la trama de la tragicomedia hispano-argelina, vulgar enredo tercermundista en el cual España aparece en total evidencia interpretando el rol del feo de la película, en tanto que la bruta Argelia pega y esconde la mano. Por su parte, Marruecos, burlado por ambos vecinos reacciona mostrando las garras.

Brahim Ghali (alias Mohamed Benbatouch) desembarcó en Logroño a bordo de un vuelo especial arrendado por el gobierno argelino. El avión ejecutivo con las comodidades dignas de la realiza, aterrizó en la capital riojana, el 18 de abril. El misterio duró apenas cuatro días antes de su filtración a la prensa.

El curso de los acontecimientos cambió con la entrada en escena, y en acción, de Marruecos como tercero en discordia. El enredo apenas empezaba. La noticia saltó, primero, a las páginas del semanario francés “Jeune Afrique” para luego rebotar en la prensa de Marruecos, de España y del mundo entero.

La aparente perplejidad y las elucubraciones de la canciller española Arancha González Laya hicieron el resto, complicando aún más un insostenible relato oficial de su gobierno. En su trance, la obnubilada ministra hizo gala de una ingenuidad proverbial en un tema tan importante y tan delicado como la relación con el vecino del Sur.

Marruecos, a medida que van apareciendo nuevos elementos, eleva el tono y endurece su posición. También los principales partidos políticos marroquís cierran filas con su gobierno. Mientras, el gobierno español está aislado, sin apoyos internos y externos. Hasta los medios de comunicación más afines se desentienden del discurso de la Moncloa y de los malabarismos de la ministra de exteriores.

El suspense sigue y el papelón Laya promete ser largo y con final incierto. En su edición digital del 11 de mayo, el diario “El Nacional” informó que “Marruecos ha sumado un nuevo aliado en su cruzada contra el Frente Polisario”, refiriéndose a la posición crítica expresada en el Congreso por Pablo Casado, líder de la oposición en la Cámara y presidente del Partido Popular (PP). Por su lado, “El confidencial” ha ido aún más lejos al hablar de “Las cloacas de Exteriores del Gobierno”.

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