Abdelkrim Jatabi, legendario líder la resistencia rifeña,

Centenario de Anual: España debe entender que el Marruecos de hoy es distinto al de hace un siglo


Por Hassan Achahbar

El pueblo marroquí se prepara, y con él todos los pueblos libres del mundo, para conmemorar el primer Centenario de la heroica hazaña inscrita por los combatientes del Rif en la historia de la lucha contra el colonialismo, derrotando y humillando a los ejércitos españoles invasores en las batallas de Anual y Monte Arruit.

En 1921 en Anual, España se reventó Como en la fábula “la rana que quiso ser buey”, retando a los irreductibles combatientes del Norte de Marruecos. Hoy, un siglo después, la historia parece repetirse bajo otro disfraz. La conmemoración de la efeméride, este 22 de julio, acaece en plena crisis diplomática entre los dos países por el conflicto del Sahara, crisis provocada y retroalimentada por el gobierno de Madrid bajo una falaz y pretendida responsabilidad en el tema.

España se autoengaña cuando, curiosamente, entre sus ministerios de Defensa y Exteriores, se ha fraguado el papelón de la acogida de un terrorista imputado desde 2016 por genocida, el hispano-saharaui Brahim Ghali, jefe del grupo separatista Frente Polisario.

Fue un intento más del gobierno de Madrid para amedrentar a Marruecos, aunque no prosperó. A diferencia de lo ocurrido hace un siglo, el Marruecos de hoy es bien distinto y más consciente que aquel dividido y debilitado de 1912.

A España nadie le impide seguir jugando su pequeño juego de “potencia” en el Estrecho de Gibraltar, pero debe entender que en lo que respecta a Marruecos, claramente, el balance de fuerzas no le favorece. Ya no se enfrenta a un puñado de “rebeldes” cabileños del indomable Rif, sino a todo un pueblo unido bajo fuerte y sólido liderazgo.

Hace un siglo, España intervino en Marruecos pretendiendo reconstruir un imperio ilusorio, que había perdido en 1898. A sus ejércitos imperiales, esta aventura militar les costó más de 10.000 soldados muertos en un solo día. Fue el mayor descalabro de su historia, aunque eso no parece ser suficiente argumento para reflexionar seriamente sobre sus relaciones con el vecino del Sur.

El “Desastre de Anual”, para España, sucedió dos décadas después de la perdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Solo que, esta vez, la derrota, además sin paliativos, no fue frente a una potencia mundial del tamaño de los Estados Unidos de Norteamérica, sino ante un punado de cabileños.

Así que el sueño imperial español se ha tumbado para siempre en el Rif. Lo que el temerario general Manuel F. Silvestre, comandante en jefe de las tropas invasoras, había planeado como una balada militar, se convirtió en una pesadilla y un infierno que duró hasta la rendición final en Monte Arruit, el 9 de agosto.

Es cierto que el legendario Mohamed Ben Abdelkrim Jatabi, al mando de la resistencia rifeña, perdió la guerra, pero no por méritos propios de España, sino por el involucramiento de Francia, igual que sucedería en el Sahara, en 1957, con la “Operación Ecouvillon”.

Francia siempre le echó una mano a España, primero derrotando a los ejércitos de Marruecos en la batalla de Isli (1844), una derrota aprovechada por los carroñeros para abalanzarse sobre Tetuán en 1859-60, luego en el Rif y después con la “Operación Ecouvillon” en el Sahara. Pero esto es agua pasada.

Es tiempo pues, de restaurar la confianza y desarrollar el espíritu de la prudencia que reinó durante el último cuarto del S XVI, cuando bajo los reinados de Felipe II y Ahmed El Mansur, el equilibrio de fuerzas permitió mantener a raya a los dos ejércitos rivales, ambos ocupados en las respectivas empresas en las Américas y en el África subsahariana.

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