En la trampa de España


Por Hassan Achahbar

En el año del centenario del “Desastre de Anual”, el gobierno de Pedro Sánchez buscó poner a España en el radar. Lo logró por unos meses, a partir del 10 de diciembre del 2020, tras el anuncio de la decisión de Estados Unidos de reconocer la plena soberanía de Marruecos sobre el Sahara.

Madrid se sintió con credenciales históricas para investir todo su potencial diplomático, primero apelando a la ONU para desmarcarse del anuncio norteamericano, y luego agitando como ha sido costumbre desde 1975, el conflicto saharaui con lo cual siguió castigando a sus vecinos magrebís. Su imperdonable error ha sido enfrentarse abiertamente al Establishment en Washington.

En su última jugada ajedrecista, el gobierno español puso toda la carne al asador, moviendo y arriesgando a su reina, la hoy (ex)ministra de relaciones exteriores Arantxa González Laya, sacrificándola para salvar a un peón y seguir en la partida.

La crisis rebuscada con Marruecos entorno a la acogida del separatista saharaui Brahim Ghali ha sido ensayada durante cuatro meses por los servicios de la Moncloa. Y por mucho que se le objete, en el plano interior, la jugada benefició al propio Premier Sánchez.  

Desde mediados de abril, mucha tinta corrió en los medios locales e internacionales sobre el bochornoso caso Ghali en el cual España jugó en diferentes bandas, desatando una guerra de nervios en las cancillerías norteafricanas y llevando el tema a los foros comunitarios europeos.

Los primeros en picar en la carnada fueron los tarugos de Argelia que adhirieron sin reservas al juego español, falsificando los documentos de viaje del impresentable Ghali, imputado y reclamado desde 2016 para responder ante la justicia española por los cargos de tortura, asesinatos y violación de derechos humanos en los campamentos del Frente Polisario en Tinduf, Argelia.

El caso Ghali si bien sirvió de ejercicio retorico y hasta creativo a la diplomacia marroquí, Rabat pecó por vanidad, soberbia y mal enfoque, al no advertir desde un principio la trampa tendida por la inteligencia española.

Aquí, no se trataba de una demonstración de fuerzas, como se lo han imaginado los cornudos de Argel, sino de un ensayo de estrategia, donde sobran fronteras físicas y conceptos temporales y espaciales.

El error fatal de Madrid fue desmarcarse groseramente de la posición del expresidente de Estados Unidos Donald Trump sobre el Sahara, quizás por suponer que se podía revertir luego del relevo presidencial, ignorando que las grandes decisiones políticas de Washington las toma un mismo Establishment, sin importar el color de la administración de turno. Por su afrenta, Sánchez sigue haciendo el ridículo tocando a la puerta del presidente Joe Biden.

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