Marruecos a alta velocidad

El despertar de Marruecos no deja a nadie indiferente


Por Hassan Achahbar

“Marruecos se ha hecho mayor y España no se ha percatado”. Ese titular de un pequeño diario español resume perfectamete bien la esencia del actual estado de las relaciones entre los dos vecinos del Estrecho de Gibraltar, un Marruecos afirmándose, hoy por hoy, como un tigre del Mediterráneo Occidental y del Norte de África y una España anclada en el medievo.

Pese a limitaciones de todo tipo, el nuevo Marruecos no deja a nadie indiferente, algo que solo logran las grandes naciones del mundo. El Reino magrebí despierta fascinación y admiración en el escenario internacional, mientras crece el rechazo y el odio entre los vecinos inmediatos. España por un lado y Argelia por otro, hacen cálculos, sacan las cuentas y, de vez en cuando tensan la cuerda a efecto de saber en qué grado de maduración se encuentran los planes del vecino.

Entre tanto, desde su perspectiva de Estado políticamente estable y económicamente solvente y atractivo, Marruecos avanza paso a paso, firme en el rediseño de sus estrategias de desarrollo. Un Estado centrado en lo suyo, de sólida proyección internacional e inmejorables tratos con grandes y probos aliados.

Por ello, el griterío inducido se escucha fuerte desde distintos foros vecinales, amplificado por unos medios que hacen de las arremetidas contra el Reino su deporte de masas favorito. Es la prueba de que Marruecos gana cada día más presencia y peso como líder indiscutible en su entorno geográfico. Pero de ahí a afirmar que el Reino representa una “amenaza real” para sus vecinos es una enormidad.

¿Marruecos, una potencia militar? Dicho así, a secas, como se quiere insinuar desde España, suena exagerado y poco ortodoxo. Otra cosa se alega desde la vecina Argelia, un país sin timonel diplomático y cuyo presidente, Abdelmadjid Tebún, se ha olvidado, de golpe y por completo, para que fue elegido, convirtiéndose en comentarista estrella de la prensa amarilla de Argel, controlada desde los cuarteles.

Sucede porque, de un lado y de otro, están convencidos o al menos así se lo quieren imaginar, que el Reino ha dado con la clave para ponerse de pie, sacudir el pasado colonial, romper con la lógica verticalista de Europa y deshacerse de las ataduras que por décadas lo han mantenido maniatado.

Por ello y, aun faltando, un buen trecho por andar antes de adquirir las características propias de una potencia regional, crecen los ataques en contra, sincronizados desde Argelia y España. Proliferan las Fake y sube el tono del griterío inducido para evitar que Marruecos esté centrado en la búsqueda del equilibrio necesario que refleje el anihilado cambio de paradigmas y para ahogar su voz.

Pero Marruecos anda en lo suyo. El hecho de ser aliado de Estados Unidos, y por ende de Israel, desvela a los vecinos. El desgobernado gobierno de Argelia, el país de los militares sin brújula, lo ve todo pintado de negro y, contra toda lógica, su única ambición es poder medirse en armas.

Al norte del Estrecho, la sinrazón y la obsesionan de los godos es igual de dramática, aunque por otros propósitos y finalidades. Los celtíberos, pero también los germánicos, se han lanzado en una carrera de obstáculos que, por descantado, han perdido desde antes de tomar la salida.

Marruecos es socio capital de la Unión Europea y de la Unión Africana. Es el mimado de todos y cada uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Su asignatura pendiente sigue siendo conectar y asumir grandes compromisos con los países de Latinoamérica. Pero ya participa en casi todos los foros regionales y sus relaciones han experimentado mejorías notables con Brasil y México, dos grandes potencias económicas del subcontinente.   

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