Marruecos y la maldita herencia española


Por Hassan Achahbar

En marzo del 2019, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey Felipe VI de España para que ésta pida perdón por todos los males que significó la colonización española en su país durante tres siglos a partir de 1521.

La ola de repudios a la explotación española de las tierras sometidas invade el resto de los países de Latinoamérica. También el flamante presidente del Perú, Pedro Castillo, aprovechó la presencia de Felipe VI en Lima, como invitado especial a la ceremonia de su investidura, el pasado 28 de julio, para lanzar duras críticas contra quienes sujuzgaron a la mayoría de los nativos en su país cuando se “establecieron las castas y diferencias que hasta hoy persisten”.

Pedro Castillo resaltó la milenaria historia del Perú, “cuna desde hace cinco mil años de civilizaciones y culturas trascendentales” y cuyos habitantes han sido segregados y explotados desde la llegada de los españoles..

El 16 de enero de 1984, Fernando Morán, ministro español de asuntos exteriores con Felipe González, se irritó contra los autores del “Informe Kissinger” sobre la desastrosa herencia “cultural” española en Centroamérica. El documento, elaborado por una comisión bipartidista del Congreso de Estados Unidos, encabezada por el exsecretario de Estado, Henry Kissinger, y calificado por Moran de “injusto con España”, concluye con una sentencia lapidaria sobre la herencia cultural española en Centroamérica:

“Durante los tres siglos de dominación colonial española, aproximadamente de 1520 a 1820, el sistema político centroamericano era autoritario; la economía era explotadora y mercantilista; la sociedad era elitista, jerarquizada y compuesta esencialmente de sólo dos clases muy diferenciadas, y tanto la Iglesia como el sistema educativo reforzaban los patrones del autoritarismo”.

Tal conclusión aplica para el resto de las posesiones españolas en todo el mundo, incluidos los territorios y bolsones en Marruecos por lo cual, hoy, las relaciones entre Rabat y Madrid llegan a su momento de definición y es hora de poner las cartas sobre la mesa.

A este respecto, no estará de más recordar que muchos de los problemas que padece Marruecos son el resultado directo o indirecto del hostigamiento español, aprovechando momentos de debilidad del país vecino. Primero, la Guerra de Tetuán en 1859-1860 fue a raíz de la primera derrota histórica del ejército marroquí ante un invasor, en este caso los franceses en la Batalla de Isly (1844). Luego, la ocupación del Sahara en 1884 y todo lo que siguió hasta la Marcha Verde.

El apodo de Buraqaa que se les ha acuñado a los españoles en el Norte de Marruecos les sienta maravilla y se lo han ganado a pulso. Por odio, desprecio o venganza, Madrid no devolvió de golpe los territorios marroquís ocupados, sino que se tuvo que ir, vergonzosamente parcheando pieza por pieza, empezando por la Zona Norte, Tarfaya, Sidi Ifni y finalmente el Sahara.

Contra Marruecos, lamentablemente, los españoles llevan medio siglo tramando y conspirando y no dan señales de estar listos para abrir una nueva página en las relaciones bilaterales. La acogida del separatista saharaui Brahim Ghali, el pasado abril, en una deliberada provocación, es solo una remanencia del viejo anti-moro.

Es hora pues, de aclarar muchas de las cosas pendientes antes de ordenar el esperado borrón y cuenta nueva, con el reinicio de las conversaciones con miras a normalizar las relaciones bilaterales. El relevo a la cabeza del ministerio de asuntos exteriores en Madrid no es garantía del cambio en la visión explotadora de España. Y es de suponer que, en las futuras conversaciones entre Rabat y Madrid, los españoles intentarán aprovechar cualquier flaqueza para nuevamente llevar todo el agua a su molino. Hay que estar atento para no dejarse sorprender. Así lo aconsejan los hechos y la historia.

El gobierno de Marruecos debe entender que no puede esperar ningún gesto de benevolencia de la contraparte porque la generosidad no es la mayor de las cualidades de los españoles en toda su negra historia político-religiosa.

Los españoles insistirán en que el problema del Sahara en España es también un tema de política interior que manejan los partidos políticos, las centrales sindicales, las autoridades provinciales, las diputaciones y las ONGs. Sí, pero desde el cuartel de la Inteligencia y de las redacciones de medios pagados. Basta ya de palabrería barata.

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