El accionar diplomático marroquí en América Latina


Por Hassan Achahbar

La diplomacia es la herramienta mediante la cual un país pone en práctica su política exterior encaminada a promover sus intereses y a impulsar sus relaciones con otros Estados soberanos y, en su caso, buscar los mecanismos idóneos para prevenir conflictos, limitar las escaladas y bajar las tensiones.

En su conjunto, las relaciones políticas, comerciales, culturales y científicas entre el Reino de Marruecos y América Latina son buenas o mejorables y en pocos casos complicadas por el apoyo que algunos gobiernos siguen expresando al separatismo saharaui, pero no al punto de ruptura total.

Tal vez, la diplomacia no sea una ciencia exacta, pero tampoco es cosa de amateurs. Demanda un buen grado de preparación académica, experiencia, delicadeza en el trato, circunspección, habilidad, sagacidad, además de discreción. Por eso, es a la vez, profesión y oficio. “Profesión”, porque la carrera requiere estudios previos y preparación especializada, entrenamiento, experiencia y disciplina. “Oficio”, debido a que los aspirantes a ejercer la “profesión” deben desarrollar unas habilidades para las cuales no necesariamente se tiene que pasar por una formación profesional.

Hecha esta aclaración, uno se da rápidamente cuenta que, por distintos motivos, sobran quienes fantasean con pertenecer al fantástico mundo llamado diplomacia, aun careciendo de las cualidades elementales y de los conocimientos necesarios para la “profesión” y el “oficio”. En ello, compiten por igual políticos, parlamentarios, economistas, periodistas, docentes, intelectuales, deportistas y hasta activistas de todo color asociativo.

Muchos ignoran que, si bien la diplomacia puede no ser una ciencia exacta, sí es un arte y una disciplina, una e indivisible, que no admite errores, tropiezos, torpezas y aventurismos y excluye prepotencia y vanidades.

También vale aclarar que no todos los diplomáticos “de carrera” son buenos ni todos los llamados “políticos” son malos. Pongo como ejemplo los excelentes resultados logrados por Mohamed Mael-Ainin en Argentina, el escritor y periodista Larbi Messari en Brasil y el escritor y poeta Mohamed Khattabi en Colombia.

En cambio, muchos “políticos” y también “de carrera”, se quedan en la vereda de enfrente, viendo desfilar las oportunidades, valiéndose más de la “profesión” y olvidándose del “oficio” o viceversa. Y este es el detalle que dificulta el accionar diplomático marroquí en el subcontinente americano.

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