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Elecciones: la polémica por el “Troca-Troca partidario” llega a Marruecos


Por Hassan Achahbar

El movimiento de desafiliaciones y afiliaciones partidarias, fenómeno nuevo en Marruecos, es uno de los aspectos más controvertidos de la campaña por las elecciones del 8 de septiembre, criticado desde las tiendas partidarias que corren con desventaja.

“Troca-Troca” se le dice en Brasil a la trashumancia de los políticos que por el motivo que sea, pasan de una leyenda partidaria a otra. Ese movimiento es una decisción propia del candidato que no se siente a gusto en un partido o simplemente por querer saltarse la valla y contar con las mejores oportunidades para llegar a un cargo de elección popular.

La práctica es común en distintos países de Sur y Centroamérica, pero mal vista desde la óptica de ciertos partidos políticos marroquís tradicionales, sobre todo de los electoralmente rezagados cuyo gran reto es retener el remanente de militancia y clientela, en medio de una crisis de adaptación a los nuevos tiempos.

En Brasil, el proceso moviliza a casi el 10 % de los candidatos electos o por elegir y es reglamentado por la Ley de Partidos Políticos y por una Resolución del Tribunal Supremo Electoral que establece el 4 de abril como fecha límite para que los candidatos tengan, seis meses antes de la primera ronda electoral marcada para octubre, la afiliación aprobada.

En otros países de la región también se permite desafiliarse de un partido para postular como candidato independiente o bajo siglas partidarias rivales, siempre y cuando lo avala la legislación electoral y la afiliación se realiza en el plazo legal.

En Marruecos, sin embargo, el fenómeno es tabú para los jerarcas de las logias partidarias y la polémica llega a las redes sociales. Hace unos días, escuché a un líder de la izquierda atacando con dureza las re-afiliaciones partidarias porque, según él, el traspaso de los candidatos se realiza a cambio de sumas millonarias.

Peor todavía, está la oferta alternativa representada por los referentes de los partidos modernistas, donde predomina una ideología hibrida basada, en una mezcla de liberalismo e idealismo y que, aun carentes de programas de gobierno y de acción social clara, proponen soluciones mágicas a viejos problemas.  

Entre tanto, en la presente campaña electoral, virtual y atípica, no se generan debates de ideas ni se confrontan propuestas y programas políticos. Sí, se cruzan críticas y se carga contra los candidatos más atractivos para el electorado. El panorama se complica aún más, al entrar en escena candidatos sin militancia ideológica o política, pero con gran poder económico, que concurren a las elecciones bajo los lemas de referentes “empresariales” o “asociativos”.

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