Perú-Sahara: lamentable revés de la diplomacia marroquí en Latinoamérica


Por Hassan Achahbar

El gobierno del Perú cedió, finalmente, a las presiones de la izquierda chavista y reanudó con el separatismo saharaui, en un gesto inamistoso hacia Marruecos. La lamentable decisión ha sido anunciada el 8 de septiembre, a menos de mes y medio de asumir el pro-chavista Pedro Castillo la presidencia del país, el 28 de julio.

Los gobiernos del Perú y de la República Saharaui, “inspirados en los principios y propósitos de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y de conformidad con lo que establece la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, acuerdan en la fecha el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países”, informó la cancillería peruana el miércoles en un comunicado.

Es realmente lamentable que un país del rango e importancia del Perú se preste a un juego de quita y pon, digno de las repúblicas bananeras. Esto no sucedió ni en 2011 cuando la coalición “Gana Perú” del nacionalista Ollanta Humala ya tenía inscrito el reconocimiento en su programa político de gobierno, pero se retrajo porque, motivada, la embajadora del Reino, Oumama Aouad, se movió oportunamente para frenar, con talento, el embate del lobby argelino.

El paso en falso dado ayer por el gobierno peruano plantea una serie de preguntas sobre el rol de la diplomacia amateur en la región ya que es ridículo seguir en ese juego de permanente acomodo y reacomodo, que desde 1979 caracteriza las relaciones cambiantes entre Marruecos y ciertos países latinoamericanos.

El 4 de agosto advertí que América Latina era la pata coja de la diplomacia marroquí y que Marruecos debía contar con personal preparado para la diplomacia que viene. “Con todos sus esfuerzos, Marruecos sigue sin acometer una transformación integral en su relacionamiento con el continente y salvo honrosas excepciones, el actuar de los jefes de misión en la región deja mucho que pensar, por falta de preparación o por inanición”, reseñé.

Pese a que se sospechaba desde antes, el descuido de la embajada en Lima era evidente que ni con el nombramiento de un viejo amigo de Marruecos, Óscar Maúrtua, en el cargo de canciller, se pudo evitar el paso en falso del presidente Castillo.

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