Por Hassan Achahbar

En una semana, la nueva ofensiva de la diplomacia argelina en América Latina golpeó dos veces sin mecerse el pelo. Dos países sudamericanos, Perú y Bolivia, restablecieron relaciones con la virtual República saharaui y al parecer las malas noticias no se quedan ahí porque existe la sensación de que otros países están en la agenda.

La culpa no es solo de los países que cambian de parecer como cambian de sombrero. También lo es, y no hace falta explicar las razones, del ministerio marroquí de asuntos exteriores y, en primer lugar, de los responsables de la Dirección general y de la Dirección para América Latina, incapaces de ver más allá de su comodidad y los intereses personales.

Lo he dicho y no me canso de reiterar el mismo ruego por enésima vez. Es perentorio y urgente para Marruecos actualizar su política latinoamericana y su accionar diplomático profesionalizado en la región. Las embajadas no son trofeos para amigos e ineptos. A Marruecos, ningún país del mundo, grande sea o pequeño, le debe faltar al respeto. Basta ya de nepotismos y de amiguismos en el nombramiento de amateurs e incompetentes en puestos de embajador.

Da la casualidad de que quien representa al Reino en los dos países que dieron el “Sí” a la virtual RASD es uno mismo. Un joven sin experiencia profesional e a todas luces inhábil para dirigir una representación diplomática.

Da la casualidad también de que es sobrino de quien sí, fue un experimentado diplomático y lo demostró logrando que el Perú congele todos los lazos con el separatismo saharaui entre el 9 de septiembre de 1996 y el 8 de septiembre de 2021.

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