El presidente Bolsonaro inaugura la sede de la embajada en Bahréin: 16 de noviembre de 2021

Brasil tan cerca del Golfo arábigo y tan lejos del Magreb


Por Hassan Achahbar

El gobierno de Brasil, que preside desde enero de 2019 el conservador Jair Bolsonaro, está empeñado en profundizar su cooperación con las monarquías del Golfo arábigo en áreas de la política, economía, defensa, cultura y ciencia y tecnología, mientras opta por un perfil bajo en su relacionamiento con el Magreb.

De hecho, fuera de la península arábiga, ninguna otra región árabe tuvo el privilegio de contar con la presencia del presidente brasileño, quien iniciará en breve la recta final de su mandato, ya que el próximo año tendrá justo el tiempo de atender asuntos domésticos y velar por los pormenores de su proyecto de una posible y complicada segunda candidatura presidencial en octubre 2022.

Es de público conocimiento que, durante su primer año de gobierno, Bolsonaro se movió del lado de sus nuevos aliados, Estados Unidos e Israel, a la vez que, en una dinámica paralela, se acercó a países de la península arábiga, algunos de ellos ya en avanzadas negociaciones con Tel Aviv.

Bolsonaro emprendió un primer periplo por Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudita en noviembre de 2019, siete meses después de su viaje a Israel. En Abu Dhabi y Doha, acertó las bases de una nueva estrategia para la ampliación de la cooperación bilateral. No tanto en Riad donde Bolsonaro no logró sacarse una foto de recuerdo con el rey Salmán bin Abdulaziz, teniendo como anfitrión al príncipe heredero Mohammed bin Salman, con quien dijo compartir “ciertas afinidades”.

El presidente brasileño repitió gira entre el 13 y el 17 del presente mes, con etapas en Emiratos, Catar y Bahréin, quedando pendiente un viaje a Arabia y una entrevista con el rey Salman. Tres semanas antes, el 25 de octubre, el mandatario brasileño acudió, sorpresivamente, a un almuerzo en la residencia oficial de Arabia en Brasilia, acompañado por su canciller Carlos França y el senador Flavio Bolsonaro (hijo). El encuentro duró una hora y media y pese a no figurar en la agenda pública de actividades del jefe de Estado, los medios lo reportan sin que trascienda el contenido de lo conversado.

Con Marruecos, vale recordar que el gigante sudamericano ha desarrollado una provechosa agenda de cooperación política y económica, tanto en el marco bilateral como en el birregional. Esa cooperación multifacética, consolidada en muchos de sus aspectos a lo largo de los dos mandatos del izquierdista Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), no ha variado en la forma y contenido durante la administración del actual mandatario, aunque sí ha cedido en el ímpetu.

En junio de 2019, el Reino tuvo el reflejo de acercarse a la administración bolsonarista en ocasión de la visita realizada a Brasilia por el titular de exteriores, Nasser Bourita, en el marco de su primera y única gira por América Latina y El Caribe. En la oportunidad, se informó que el ahora excanciller, Ernesto Araújo, le expresó a Bourita el compromiso de su país con una “solución realista” del conflicto del Sahara, que debe ir “más allá de la retórica”.

Por lo visto, la diplomacia marroquí no supo aprovechar tal compromiso para avanzar en una estrategia más firme, implicando seriamente a Brasil, como potencia regional latinoamericana, en la búsqueda de esa “solución realista”, en la senda del pronunciamiento favorable del presidente de Estados Unidos, Dobnald Tramp, el 10 de diciembre de 2020.

Le faltó, asimismo, suspicacia para insistir y presionar a Itamaraty, cuando la cancillería brasileña aplaudió la normalización de las relaciones entre Rabat y Te Aviv y aseguró que “los lazos de amistad y cooperación de Brasil con Israel y Marruecos se han fortalecido con una intensidad sin precedentes desde 2019”.

“Al saludar esta nueva fase de diálogo entre Israel y Marruecos, el gobierno brasileño refuerza aún más su disposición a continuar trabajando por la paz y la prosperidad en el Medio Oriente y África del Norte”, había sostenido la cancillería brasileña en su comunicado del 12 de diciembre de 2020.

Nunca es tarde para agradecer la gentileza. El presidente Bolsonaro tiene por delante más de un año de mandato y bien puede cerrar sus viajes árabes con un broche de oro a Rabat y así demostrar en los hechos esa “disposición a continuar trabajando por la paz y la prosperidad en el Medio Oriente y África del Norte”.

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