El maestro de escuela rural convertido en presidente por el apoyo de la izquierda

Perú: el presidente Castillo se zafa de la destitución: la injusticia a Marruecos uno de sus errores


Por Hassan Achahbar

El arco político izquierdista peruano se volcó a votar en la segunda vuelta de las elecciones generales del 6 de junio de 2021 a favor de Pedro Castillo, un humilde maestro de escuela rural de la Sierra, supuestamente manejable por los profesionales de la política.

Con respecto a Marruecos, el supuesto se verificó cuando el 8 de septiembre, el canciller Oscar Maúrtua, cediendo ante la presión izquierdista, se plegó sin reparos ni resquemores al absurdo pedido de restablecimiento de relaciones con la autoproclamada y virtual República saharaui.

Maúrtua fue nombrado canciller el 20 de agosto, en sustitución del exguerrillero Héctor Béjar, de 85 años, cercano a las posiciones de Cuba y de Venezuela y cesado cuando llevaba apenas 19 días en el puesto. Se le exigió la dimisión ante una inminente censura parlamentaria tras difundirse el contenido de una conversación virtual con simpatizantes de izquierda en la que afirmaba que el inicio del terrorismo en el país fue provocado por la Marina de Guerra peruana.

La derecha “quiere ganar el gobierno pese a perder las elecciones. No les basta haber retirado al canciller Béjar, quieren desnaturalizar al gobierno”, tuiteó en su día el controvertido secretario general de “PL”, Vladimir Cerrón, que reprocha a Maúrtua su alineamiento a la política de Estados Unidos en la región.

Maúrtua ya había ocupado el cargo de canciller en el gobierno del presidente Alejandro Toledo, entre 2005 y 2006, años en los que las relaciones entre Lima y Rabat registraron una notable mejoría sobre todo a raíz de la histórica visita del Rey Mohammed VI a Lima, en diciembre de 2004. Es por eso que se creía que, con la vuelta de un viejo amigo de Marruecos a Torre de Tagle, las relaciones bilaterales se volverían a encarrilar.

En el agitado tablero político latinoamericano, el caso peruano merece un aparte. El país sudamericano vivió este año 2021 un inesperado golpe de efecto cuando partidos y movimientos de izquierda y centroizquierda se coaligaron para dar batalla y barrar el camino ante la fujimorista Kiko Fujimori, candidata de la derecha y favorita a la segunda vuelta presidencial.

Desde que asumió el 28 de julio, el presidente Pedro Castillo ha sufrido un gran desgaste político. En los escasos cuatro meses de gestión, ha nombrado dos presidentes del Consejo de Ministros (Premier) y removido una decena de ministros.

Por si fuera poco, el 25 de noviembre, 28 congresistas de las bancadas opositoras de derecha Avanza País, Fuerza Popular y Renovación Popular, presentaron una moción de vacancia presidencial por “incapacidad moral permanente”, primer paso en un proceso de destitución.

El pleno del Congreso, reunido el martes 7 de diciembre, desestimó la moción por 76 votos en contra, 46 a favor y cuatro abstenciones. El resultado era previsible desde un principio ya que no había un respaldo de todas las bancadas. Sin embargo, nada garantiza que la oposición no lo vuelva a intentar a futuro. Eso mismo sucedió en 2017 con el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien demitió el 21 de marzo de 2018. De hecho, todo indica que el alejamiento de Pedro Castillo de la presidencia se seguirá cocinando a fuego lento. Lo sabe él, lo sabe su entorno y, sobre todo, lo sabe los congresistas.

En un análisis para The Washington Post, el periodista peruano Jonathan Castro resume así la situación del actual mandatario: “Es poco probable que Pedro Castillo termine su mandato presidencial de cinco años en el Perú. La oposición en el Congreso ha planteado un pedido de vacancia por permanente incapacidad moral que, si no triunfa en las próximas semanas, volverá insistentemente a perseguirlo ante los nuevos escándalos. En apenas cuatro meses, Castillo ha dilapidado, a golpe de malas decisiones, el corto capital político que tenía al empezar su gobierno”.

Según el analista, “la gestión de Castillo es caótica y opaca”, pero “vacarlo es una pésima idea que solo enrumbará al país en un camino de enfrentamientos más profundos”. Agrega que “Algunos sectores de la oposición plantean que Castillo renuncie por decisión propia para evitar el choque de poderes”.

Sin embargo, si la renuncia puede significar un hecho menos traumático entre las élites políticas, no así a nivel social. Peor escenario espera al país si Castillo es vacado (destituido) o renuncia y su vicepresidenta, Dina Boluarte, asume la jefatura de Estado. Ella, ha marcado distancias con los líderes de “Perú Libre” y difícilmente podrá “gobernar dando batalla en dos flancos”.

“La prudencia debería aconsejar a que Castillo sea consciente de su debilidad, rinda cuentas de sus actos y genere consensos con las fuerzas opositoras antes que la conflictividad escale más. Pero nada nos sugiere que su gobierno brindará ese clima de paz de forma duradera, ni siquiera que tendrá una lectura acertada de los deseos populares para sintonizar mejor con la población y ganar respaldo”, sostiene el analista.

Pablo Castillo y su equipo de gobierno se han visto fragilizados ante las críticas de la oposición de derecha y el asedio y desconcertante juego sucio de los hermanos Vladimir y Waldemar Cerrón, los castro-chavistas que lideran “PL”, la formación política que lo llevó a la presidencia y que cuenta con 37 parlamentarios, constituyéndose en la primera minoría en el Legislativo.

Acusando al presidente de ceder ante las exigencias de la oposición y sustituir a los ministros izquierdistas por “ministros caviares”, los Cerrón siguen tensando la cuerda. En una primera salida, Waldemar Cerrón dijo que el grupo parlamentario que preside no apoyaría al presidente. Faltando dos días para la sesión parlamentaria del 7 de diciembre, su hermano Vladimir, el secretario general del partido, anunció que pese a tener discrepancias con el gobierno de Castillo, la bancada de Perú Libre votará en contra de la vacancia presidencial porque defendida por sectores que buscan “un golpe de estado”.

“Perú Libre rechaza contundentemente la moción de vacancia presidencial, promovida e impulsada por los sectores fascistas del país. Reconoce tener discrepancias serias con el gobierno de Pedro Castillo, pero eso no justifica ser partícipe de un golpe de Estado a la democracia”, escribió en su cuenta de Twitter, el 5 de diciembre.

Lo cierto es que Pedro Castillo no agrada a la dirigencia de “PL”, pero menos aceptaría la idea de su destitución ya que si el trámite hubiera seguido su curso en el Congreso y el jefe de Estado reconocido culpable, su reemplazante en el cargo sería la vicepresidenta Dina Boluarte. 

Hay que recordar que el 31 de julio, la vicepresidenta y ministra de desarrollo e inclusión social recibió en audiencia protocolar al embajador de Marruecos en Lima, Amin Chaoudri. En la audiencia, la ministra mostró interés en los exitosos programas de desarrollo humano aplicados en Marruecos y expresó que existe un gran compromiso para priorizar la lucha contra el hambre, la desnutrición y por el bienestar de las poblaciones más excluidas en el país, reportó en su día el diario oficial El Peruano.

“Las políticas de desarrollo humano serán enriquecidas con la experiencia internacional y el apoyo de la comunidad internacional. Agradecida por la visita protocolar del embajador del Reino de Marruecos, Amin Chaoudri, con quien dialogamos en el Midis”, tuiteó la ministra y vicepresidenta.

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