Michelle Bachelet y Gabriel Borfic; el Relevo generacional en la política chilena

Sahara: Uruguay, Perú y Chile ¿ídem de ídem?


Por Hassan Achahbar

El 1 de marzo de 2005, una coalición de la izquierda uruguaya, el Frente Amplio, llegaba al poder por primera vez en la historia del país. Diez meses después, el 26 de diciembre, el gobierno frenteamplista anunció el reconocimiento de la virtual y autoproclamada República saharaui (RASD). La diplomacia marroquí no reaccionó.

El pasado 8 de septiembre, otro gobierno de izquierda, el peruano del presidente Pedro Castillo, restableció relaciones con el separatismo saharaui. La decisión ni es soberana ni de Estado. No la tomó el presidente castillo o su ministro de exteriores, Óscar Maúrtua. Quien la ordenó ha sido un siniestro abogado, Vladimir Cerrón, secretario general del partido gobernante “Perú Libre” (PL) y castro-chavista confesado, imputado por corrupción.

Mientras, y ante tamaña burla, la sorprendida diplomacia marroquí tampoco movió el dedo y hoy, esa misma diplomacia permanece en la expectativa frente a una situación en Chile, potencialmente y a grandes rasgos, parecida, ya que en este país también se corre el riesgo de repetirse el quiebre de la legalidad a partir de la asunción del presidente electo Gabriel Boric, el próximo 11 de marzo.

Existe, sin embargo, una gran diferencia entre Chile, reputado por su seriedad, responsabilidad e independencia de criterio, y los demás países. Chile no es una república bananera. Lo demostró durante el mandato del presidente Ricardo Lagos (2000-2006) y los dos mandatos de la presidenta Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018).

Estos dos destacados estadistas, son grandes referentes del socialismo clásico chileno, el primero por el Partido por la Democracia (PPD), y la segunda por el Partido Socialista (PS). Ambos rechazaron estoicamente las presiones para con miras a componer con el separatismo saharaui. Estos mismos dirigentes, apoyaron a Gabriel Boric para el ballotage, el pasado diciembre.

Vale destacar, asimismo, que las decisiones de política exterior son de Estado y no de gobierno, y que, en relación al conflicto del Sahara, el actual presidente en funciones, el liberal Sebastián Piñera, zanjó el problema en carta con fecha del 11 de marzo de 2011, remitida a la presidencia de la Cámara de Diputados por el excanciller, Alfredo Morenco Charme.

En dicho documento, Moreno Charme recalca con absoluta claridad que la “RASD” no reúne los elementos constitutivos para ser reconocida como “Estado soberano”, es decir tener el control efectivo sobre un territorio y su población, un gobierno propio e independencia.

“A juicio de este ministerio, estos elementos no están presentes en el caso de la ‘República Árabe Saharaui Democrática’” y “en consecuencia, de acuerdo a principios de Derecho Internacional que Chile ha mantenido tradicionalmente, nuestro país no está en condiciones de reconocer la ‘República Árabe Saharaui Democrática’ como Estado”, afirma, agregando que “por las mismas razones (la RASD) tampoco es miembro la Organización de Naciones Unidas”.

Por eso, sería insensato que la futura administración busque alterar la esencia de ese documento o vaya en contra de los “principios de Derecho Internacional que Chile ha mantenido tradicionalmente”. No sería una buena opción, salvo que se pretenda deliberadamente confrontar. Tampoco sería buena señal para el resto del mundo libre. El nuevo presidente chileno tendrá bastante con intentar resolver el error que él mismo cometió, antes de ser electo, al expresar en sus redes sociales su animadversión hacia el Estado de Israel y Estados Unidos.

Otro equívoco seria que, en busca del difícil equilibro dentro de la AD, Boric se desatienda de la conducción de la política exterior y la deje en manos que no corresponde. No parece el caso, pero una posible inclinación en ese sentido puede acarrear serios problemas con otros gobiernos dentro y fuera de la región.

En el caso concreto del Sahara, des de resaltar que el “Gran Hermano” Guillermo Teillier, timonel del Partido Comunista (PC), se declara abiertamente antimarroquí, lo mismo que su correligionario, el palestino Daniel Jadue, ideólogo del partido, alcalde en ejercicio de la comuna santiagueña Recoleta y excandidato a la presidencia, derrotado en la primaria de AD por el propio Boric.

La otra pregunta obligada es saber si el futuro mandatario lograría sopesar con la claridad y la frialdad requeridas, los riesgos que encerraría dejarse llevar por el odio y la hostilidad que los dirigentes del PC manifiestan hacia el Reino de Marruecos.

Es bien sabido que Chile ha estado siempre del lado de Argentina y Brasil, dos democracias que tampoco reconocen a la presunta RASD. Pero eso, es de esperar que el presidente Boric no ceda ante presiones internas y extranjeras incitando a pasar por alto los “principios de Derecho Internacional que Chile ha mantenido tradicionalmente”.

Para Marruecos, es bueno tener presente el ejemplo uruguayo, cuando los llamados ministros “argelinos” Reinaldo Gargano (exteriores), José Díaz (interior) y José Mujica (ganadería y futuro presidente) pusieron sobre la mesa del último consejo de ministros del año 2005, sin previa inclusión en el orden del día de la reunión, el reconocimiento a la república de membrete RASD.

Es un hecho que Argelia, la padrina del Polisario, cuenta con otro cómplice, el régimen de Irán que ha desarrollado fuertes nexos en diferentes centros de estudios universitarios, incluida la Universidad de Chile, considerada como alma mater de esa nueva élite de políticos chilenos.

También es un hecho que Argelia ha invertido sumas millonarias en su lobby chileno y, sin duda, aprovecharía el relevo en La Moneda para volver a enfocar la mirada hacia ese país tal como hizo durante el primer mandato de la presidenta Bachelet, especialmente en 2009, cuando grupos de izquierda en la Cámara de diputados hicieron aprobar, por 69 contra 4 votos, un “Proyecto de Acuerdo” (resolución interna no vinculante para el ejecutivo), favorable al separatismo saharaui.

Por lo pronto, es de gran importancia observar que la mayoría entre los jóvenes que componen el selecto grupo que rodea al presidente electo son laureados de la Universidad de Chile o conocidos durante la agitación social de 2011 y las protestas estudiantiles de los últimos tres años, movimiento que cambió el curso de la historia y de la vida política y social en el país.

Del mismo modo que el Partido Comunista de Guillermo Treillier y Daniel Jadoue se agranda gracias a su nueva generación de militantes, como la diputada Camila Vallejo, asegurada de ocupar un puesto de primer nivel en el futuro ejecutivo, o la diputada Karol Cariola, favorita para presidir la Cámara baja.

La otra cantera de dirigentes y militantes la constituyen Convergencia Social (CS), partido fundado por Boric en 2018, y los partidos coaligados, todos de nueva constitución, como Revolución Democrática (RD), Comunes, la Federación Regionalista Verde Social (FRVS) y otras agrupaciones y movimientos minores.

También se pueden sumar al gabinete otros políticos de más edad, militancia y experiencia, en representación del PS de Michel Bachelet y del PPD de Ricardo Lagos, piezas clave en el triunfo de Gabriel Boric en la segunda vuelta presidencial. Tampoco se descarta la participación de la Democracia Cristiana (DC), el partido de centroderecha que condujo la transición en 1990 (en coalición con el PS y el PPD) durante los mandatos de los presidentes Patricio Aylwin (1990-94) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000).

La composición del futuro gabinete se está debatiendo en el círculo chico o comité político del presidente electo, por los representantes de Apruebo Dignidad, excompañeros de Boric en su etapa de militante estudiantil (presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile) o que lo acompañaron durante sus dos mandatos como deputado a partir de 2014.

Como fijos en todas las combinaciones, se filtran los nombres de las diputadas comunistas Camila Vallejo (expresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, a quien sucedió en el cargo el propio Boric) y Karol Cariola. También lo son los jóvenes Giorgio Jackson, Izkia Siches y Ka Quiroz, Flavia Torrealba y un periodista, Felipe Valenzuela, etiquetado como el “mejor amigo y compañero de vida” del presidente electo.

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