Sede de la embajada de Cuba en Rabat

La deuda histórica de Cuba con Marruecos


Por Hassan Achahbar

Durante la “Guerra de las Arenas”, la blitzkrieg norafricana que, en octubre de 1963, opuso Argelia a Marruecos, la Cuba recién estrenada comunista, desplazó a la zona de combate, un contingente militar a Pedido de Argel y por órdenes de Fidel Castro. “Un batallón de tanques con 22 T-34; un grupo de artillería con 18 obuses de 122 mm; un grupo de morteros con 18 piezas de 120 mm; un grupo de artillería antiaérea con 18 piezas 14,5 mm y una batería de cañones antitanque de 57 mm”, relata el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista.

Los cubanos no llegaron a entrar en acción. La guerra acabó temprano, pero el temible batallón tenía planeado romper las líneas defensivas del enemigo, “tomar territorios fronterizos” y seguir su balada campestre, bordeando los montes Atlas para “no parar hasta Casablanca”. Así lo relata un general de división de la reserva, Ulises Ro­sales, al diario Granma del 20 de octubre de 2015.

“Estábamos cerca de la frontera y de Tindouf. Preparamos un golpe por esa parte norte de la zona de combate, donde Hassan (II) no tenía grandes fuerzas. Entraríamos por delante de los montes Atlas hasta Casablanca. La idea era pasar la frontera, avanzar de 60 a 70 km y hacer entrar allí a los guerrilleros africanos que se entrenaban en Sidi bel Abbes y Orán con anuencia argelina”, dijo el soldadito.

Agregó que “la Operación se planificó para realizar un ataque simultáneo en tres direcciones: una principal con la agrupación cubano-argelina en la dirección Aricha-Berguenet; otra en Tlem­­­cen-Oudja a unos 78 km de la primera, con dos batallones de infantería argelinos y una compañía de tanques 55 de Egipto; y la tercera sobre Figuig, también con dos batallones de infantería argelinos”.

Nada más fácil. Solo un pequeño paseo y el “batallón” cubano habría alcanzado un hito histórico, una hazaña militar donde fracasaron, a lo largo de siglos pasados, los fatimís, los otomanos, los españoles y los portugueses. Pero bueno, soñar no está prohibido.  

El hecho históricamente comprobado es que la Cuba comunista se involucró del lado de Argelia. Así se lo prometió Fidel Castro al presidente argelino (de origen marroquí), Ahmed Ben Bella, y así se lo reiteró el hermanito Raúl Castro a Abdelaziz Bouteflika.

“Para Argelia cualquier ayuda que necesite”, dijo el primero en 1963 en La Habana. “Estamos al lado de Argelia y la apoyamos”, remachó el segundo en mayo de 2015, en Argel.

No obstante, Cuba no fue de los primeros países del continente en reconocer, a partir de 1979, la virtual y autoproclamada República saharaui, inventada por Argelia en 1976. No lo hizo porque temía por el fracaso de la Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) que debía organizar en La Habana en septiembre del año 1979. Debió esperar hasta enero del siguiente año.

En su afán por quedar bien con los argelinos y su alineamiento incondicional sobre la posición de Argelia con respecto al conflicto del Sahara, los cubanos han causado muchos problemas a Marruecos. Por ello, hoy, deben sincerarse y asumir que la incoherencia tiene sus límites y también su precio.

Hace unos días atrás, llegó a La Habana un nuevo embajador marroquí, Hicham El Aloui, en medio de renovadas expectativas por un avance sustancial en las relaciones bilaterales rotas durante 37 y reanudadas en 2017.

Es de desear que el diplomático marroquí, por su formación y talante, logre sortear sin dificultad los obstáculos que supone estar acreditado ante un gobierno cuyas preferencias se expresan en voz alta a favor de los argelinos, estos últimos empeñados durante casi medio siglo en sabotear por todos medios a su alcance los esfuerzos de Marruecos por afianzar su integridad territorial.

La represalia argelina contra Cuba por el tímido reencuentro cubano-marroquí es una tormenta perfecta con consecuencias difícil de dimensionar. Argelia le dio donde más le duele. De hecho, se confirman las sospechas sobre la supuesta mala suerte que el destino le deparó al millar de cooperantes caribeños que, todavía en 2019 prestaban servicio en Argelia y aportando al tesoro cubano nada menos que 71 millones de dólares al año.

Argel y La Habana ni confirman ni desmienten. Los argelinos siempre pueden alegar que ellos mismos tienen graves problemas de liquidez debido a la caída abrupta en los precios de los hidrocarburos, su monoproducto exportable. Pero el caso es que Argelia le ha soltado la mano a Cuba en medio de una crisis multidimensional, que amenaza con ser terminal.

Sin la ayuda externa, la economía cubana está al bordo del colapso. Faltan insumos y el circulante para las inversiones productivas. Las empresas estatales son paralizadas, la industria azucarera y la agricultura de subsistencia pasan por serias dificultades y el comercio exterior no arranca, en tanto que las reformas lanzadas por el general presidente Raúl Castro en 2007 se diluyen en un mar de dudas y en medio del desgaste del modelo político, del burocratismo estatal y de la apatía de una población desalentada a nos mas poder.

Los analistas pintan de la realidad económica isleña un cuadro sombrío con las arcas públicas desangradas, el desguace del Estado, el frenazo a la exportación de bienes y servicios profesionales, la baja de las remesas desde Estados Unidos y los países receptores de las “brigadas médicas” cubanas, la paralización de la industria de turismo por la pandemia de Covid-19 y la ruptura del suministro petrolero, antes subvencionado o regalado por los amigos Venezuela y Argelia.

Ese cuadro desalentador impacta en la convivencia social y en la actividad laboral que de por sí, ya está al rojo vivo. Los grandes pilares de la producción nacional resienten de grandes deficiencias por falta de dinero fresco para la inversión. El resto corre por cuenta de la pandemia y del impacto de las sanciones norteamericanas agravadas por el expresidente republicano Donald Trump y mantenidas por su sucesor, el demócrata Joseph Biden.

No obstante, hasta en medio del descalabro brutal y absoluto, Cuba continúa apostando por un irrealizable milagro argelino y no se hace a la idea que puede sacar más provecho a su relacionamiento con Marruecos, tal como hacen otros países líderes en el mundo, incluida la China comunista.

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