El Perú desgobernado que apoya el separatismo saharaui


Por Hassan Achahbar

Frívola, arbitraria, injusta, calumniosa y reprobable ha sido la decisión peruana, tomada el pasado 8 de septiembre por el primer gobierno del presidente Pedro Castillo, reanudando el trato con el separatismo saharaui y dando al traste con todo lo positivo que hay en las relaciones históricas con Marruecos.

Pese a ello, no creo que el Reino deba sentirse afligido por ese acto errático, hostil, irracional y perverso de un gobierno que no encuentra su rumbo. Más bien debe compadecerse del estado de pestilencia política en que se encuentra el país andino, inmerso en una inestabilidad política e institucional que la impericia de su nuevo presidente, Pedro Castillo, aficionado a la política, no ha hecho sino profundizar. Pesan en contra sus muchas limitaciones, carencias e incapacidad para dirigir un país grande y complejo, todas ellas manifiestas desde el arranque mismo de su mandato.

Su hándicap estaría en el poco tiempo que tuvo para prepararse para asumir como jefe de Estado. Según Platón, un gobernante necesita practicar durante al menos 20 años y Pedro Castillo, apenas tuvo unas semanas después de ser proclamado vencedor de la elección de junio de 2021.

Por eso, no sabe cómo enfocar para ocultar y escapar a sus errores. La clara muestra de la errática política ha sido la deplorable decisión antimarroquí, tomada por el “primero” de una serie, hasta hora, de tres gabinetes ministeriales formalizados y cesados en solo seis meses de mandato. El último ejecutivo, nombrado el 1° de febrero, duró tres días y siquiera llegó a ser confirmado en el Congreso. Hasta la fecha, el aprendiz de presidente sigue sin lograr conformar un nuevo ejecutivo por lo que aumentan las especulaciones y las pujas para que dé un paso al costado y que la vicepresidenta Dina Boluarte tome las riendas y enderece el rumbo a tiempo.

Sintiendo la presión, en medio del descalabro, el jefe de Estado afirmó, el lunes 7 de febrero, que “estamos próximos en anunciar un gabinete más participativo y en ancha base para un mayor beneficio de los peruanos”, al tiempo que denunció intentos golpistas contra su (no) gobierno por parte de sectores políticos y mediáticos que “promuevan de manera sistemática una innecesaria vacancia presidencial”.”Esta nueva campaña mediática tiene como objetivo promover la vacancia presidencial, sale al descubierto las actitudes antidemocráticas de algunos sectores que buscan desestabilizar al país”, sostuvo, apelando a la clase política a actuar “responsablemente en el país y no en meros intereses particulares”.

Su calamitoso primer ejecutivo, de tinte bolchevique presidido por el castro-chavista Guido Bellido, arrancó caótico el 29 de julio de 2021. No terminaba de encontrar el rumbo para poner orden en casa y se ofreció para pleitos lejanos, apoyando a un grupo separatista en el distante África a cuesta de las hasta entonces, buenas relaciones con Marruecos. El desdibujado presidente no se pronunció.

Pero Castillo, que llegó al poder de forma accidentada, solo sirve de fachada para los planes maquiavélicos de la izquierda retrograda que lo colocó a la cabeza del Estado para aprovechar sus debilidades y, ahora, amenaza con sacarle la tarjeta roja si persiste en ir por libre.

Así lo expresa claramente su mentor, el controvertido secretario del gobernante partido “Perú Libre”, Vladimir Cerrón, en un tuit subido a la Red el 7 de febrero y luego eliminado: “Si el nuevo Premier (el cuarto de la serie) no le garantiza al presidente curules cautivas, va rumbo a aperturar la suspensión o la vacancia”.

El Perú otrora envidiado por su estabilidad y su crecimiento económico a tasas asiáticas, se está desangrando y empieza a oler a putrefacción. Fuerte se siente el hedor a conspiración en un país desgobernado, que el aprendiz de presidente está llevando al desorden político, económico e institucional. Una fuerte señal para el vecino Chile que, el próximo 11 de marzo, estrenará presidente de izquierda.

Si bien la crisis política peruana viene de lejos, el presidente novato la complica aún más por carecer de temple de estadista, de autoridad, de programa político, de plan de gobierno, de visión estratégica, de aliados leales, de base parlamentaria sólida y de todo.

Mientras aprende el oficio, todo su alrededor se viene abajo. El presidente “está aprendiendo a un costo enorme para el país”, recalcó un veterano periodista peruano, César Hildebrandt. “No hubo un primer control a este presidente irresponsable”, declara el politólogo Eduardo Dargent a una emisora europea.

Sin el respaldo firme de Perú Libre, que lo postuló y lo llevó a la presidencia en junio de 2021, Pedro Castillo pasa el tiempo corrigiendo errores. No todos. Queda pendiente resarcir el daño causado a las relaciones con Marruecos.

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