Honduras/Escándalo: relaciones con la “República saharaui” a cambio de dinero y petróleo argelinos


Por Hassan Achahbar

A dos semanas de asumir, el gobierno de Honduras anunció el restablecimiento de las relaciones con el separatista Frente Polisario y su autoproclamada República saharaui. Si bien la decisión era de esperar desde el momento mismo en que se supo el nombramiento de Gerardo Torres Zelaya, un agente al servicio de Irán y Venezuela, en el puesto de viceministro de relaciones exteriores, sorprende la rapidez con que se ha movido en ese sentido.

Tal apresuramiento no concernió, por ejemplo, a Palestina pese a que el vicepresidente de la República hondureña, Salvador Nasralla, es de descendencia palestino-libanesa. Más aun, el gobierno “progresista” ha reconsiderado la promesa de campaña de la presidenta Xiomara Castro de Zelaya de establecer relaciones con China continental y opta por priorizar y profundizar la cooperación con Taiwán.

Se entiende dado que, según el Banco Central, a noviembre de 2021, la deuda externa de Honduras con Taipéi ascendía a 11.321 millones de dólares y no hay forma de pagarla. “La relación con Taiwán sigue”, dijo al periódico Voz de América, Pedro Barquero, miembro del equipo encargado de diseñar el plan para los primeros 100 días de gobierno de la nueva presidenta.

A su vez, el excanciller hondureño, Ernesto Paz, explicó que la situación fiscal del país centroamericano es demasiado apremiante porque el recaudo de impuestos apenas se está ajustando para pagar los gastos de funcionamiento del Estado, los pagos de capital e intereses de la deuda externa.

“Es algo más de lo que invertimos en salud y educación, entonces la prioridad de Honduras es readecuar, renegociar, o en último caso, buscar una moratorio del pago de la deuda porque la viabilidad del país está comprometida”, dijo Ernesto Paz, agregando que a Honduras no le resuelve sus “problemas abriendo una relación con un tercer país (China continental)”.

Lo mismo pasa, guardando todas las diferencias, con Estados Unidos. “Necesitamos mucha ayuda económica para poder reperfilar la deuda y tener acceso a nuevos fondos y de esa manera poder tener lo que se requiere para hacer la inversión social que se necesita”, sostuvo Pedro Barquero que considera que la presencia de la vicepresidenta estadunidense, Kamala Harris, en la toma de posesión de Xiomara Castro, es una clara señal de que la relación entre ambos países va a ser muy estrecha y “obviamente vamos a recibir mucha colaboración del gobierno de Estados Unidos para lograr nuestros objetivos”.

No cabe duda que Xiomara Castro de Zelaya ocupa el sillón presidencial para el desfrute de su clan familiar y el júbilo de sus aliados políticos. Pasaron doce años desde el derrocamiento de su esposo, Manuel Zelaya, en 2009, por las fuerzas identificadas con la política hemisférica de Estados Unidos e Israel y contra de Cuba, Venezuela e Irán.

No obstante, imposibilitado de tomar represalia, el clan Zelaya ha decidido pasar página y olvidar. El jefe de la diplomacia estadunidense, Antony Blinken, fue uno de los primeros en felicitar a Xiomara Castro tras confirmarse su victoria y el resto quedó a cuenta de la súper-embajada norteamericana en Tegucigalpa.

Israel tampoco desperdició la oportunidad. Ante la mirada de Irán, el ministro Enrique Reina, recibió, el 10 de febrero, al embajador israelí en Honduras, Eldad Golan, “con el objetivo de generar acercamientos entre ambas naciones”.

Según la prensa local, durante el encuentro, el diplomático israelí expresó el interés de su país por profundizar los niveles de relación entre los dos gobiernos y el jefe de la diplomacia hondureña le manifestó su disposición de continuar trabajando con los países “amigos y socios” en una agenda común como parte de las prioridades de la política internacional de la presidenta Castro de Zelaya.

En la imposibilidad de confrontar con Estados Unidos e Israel en suelo hondureño, Irán y Hezbollah apostaron por Argelia y con su ayuda y complicidad, el Polisario se sacó la lotería y se llevó a Tinduf el premio “Gordo” cuando el vicecanciller Gerardo Torres Zelaya se presentó en los campamentos para su proclama.

Es inmoral, pero el gobierno de Tegucigalpa ganó y cobro la apuesta. El restablecimiento de las relaciones con el Polisario es un acto premeditado y deliberado que tiene dos claros objetivos. En primer lugar, tapar el incumplimiento de los compromisos de la campaña electoral con respecto a temas más candentes de la agenda política regional e internacional y en segundo lugar, recibir a cambio, financiamiento argelino y petróleo subvencionado.

En cuanto a Irán, que, en 2009, vio frustrados sus planes de penetración en Honduras, aplaude el retorno triunfal del clan Zelaya, pero Estados Unidos puede mucho más en la región. Así lo demuestra la designación como titular de la cancillería hondureña del liberal Eduardo Enrique Reina, que no garantiza a los persas el trato diferencial que reciben en Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

No obstante, Irán tiene a su servicio al vicecanciller y lo usa para asuntos de menor trascendencia como en el caso del Sahara. Tal es así, que Torres Zelaya planeó su apresurado viaje a Argelia y el desplazamiento a los campamentos del separatismo saharaui en Tinduf, de donde lanzó su proclama.

Y fue después de cumplida la misión en Tinduf que Torres Zelaya pudo, por fin, desarrollar su “visita de trabajo” a Argelia y tener, el 14 de febrero, último día de su estancia, “importantes reuniones” con los ministros de petróleo y energía, Mohamed Arkab, de asuntos exteriores, Ramtane Lamamra, y de comercio, Kamel Rezig, según un comunicado de la cancillería hondureña.

En su encuentro con el ministro de petróleo y energía se acordó “crear un grupo de trabajo para encontrar respuestas a la crisis energética y a los altos precios de los combustibles en el país centroamericano”. Un verdadero escándalo: el restablecimiento de relaciones con el la “República saharaui” tenía su costo en especie y metálico. Que alguien diga si a eso no se le puede llamar soborno.

Para Marruecos, no queda claro si debe lamentar u ofenderse ante tal atropello. Ni desagravio puede reclamar. Al fin y al cabo, semejante vaivén en las posiciones cambiantes de los gobernantes de turno es propio de Repúblicas bananeras. Un déjà-vu, desgraciadamente, recurrente en la región.

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