En pleno debate sobre el "giro" del gobierno espanol, polisaristas son invitados al 20 Congreso del Partido Popular
Polisaristas invitados al 20 congreso del Partido Popular, en pleno debate sobre el "giro" en la postura española

Argelia y el Polisario dejaron de tener centralidad en el debate abierto en España


Por Hassan Achahbar

Argelia y el Polisario son espectadores y dejaron de tener centralidad en el debate abierto en España por la decisión del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, de apoyar la propuesta de autonomía marroquí para el Sahara como “la solución más seria y realista que se ha planteado en más de cuarenta años de conflicto”.

Lo llevo advirtiendo por más de 20 años y los acontecimientos de las últimas semanas me confortan en esta afirmación. Siempre sostuve que es el gobierno español que tiene la llave de solución para el conflicto del Sahara y no Argelia. Siempre la tuvo, aunque durante 47 años cedió el protagonismo a los corsarios de Argel.

Para alegría de pocos y asombro de muchos, Madrid impuso nuevas reglas del juego. Por vez primera y pensando en grande, el jefe del ejecutivo español, juez y dueño de la Plaza, salió al ruedo y ordenó el cambio de tercio y deshizo todo el tramado.

Se venía madurando desde aquel frio día 10 de diciembre de 2020 en que el presidente norteamericano, Donald Trump, reconoció la plena soberanía marroquí sobre sus provincias saharianas. Pero los españoles, sin mirar más allá del ombligo, seguían tirando la piedra y escondiendo la mano. Eso les llevó a cometer el sacrilegio de introducir clandestinamente en su territorio, al hispano-saharaui, Ibrahim Ghali, jefe de las milicias separatistas, supuestamente para atenderle de las complicaciones de su Covid-19.

Lo que verdaderamente molesta a los vecinos no es el “giro” en la postura del gobierno sobre el Sahara y mucho menos una posible retaliación argelina, sino porque consideran que el cambio debilita a España frente a Marruecos. En el fondo no existe motivo alguno que justifique el alboroto que se armó en torno a la decisión del presidente del gobierno, lapidado sin piedad desde todos lados, inclusive por los socios en el ejecutivo, no tanto por el fondo sino por la forma en que se hizo el anuncio.

Se entiende el enfado de quienes consideran inconsulta la decisión de Pedro Sánchez, pero no la implacable histeria, digna de unos delincuentes semánticos, desatada contra Marruecos, blanco como es habitual en ellos, de todo tipo de ataques en los ámbitos políticos y mediáticos peninsulares e insulares.

No me refiero a las diatribas de los furibundos jefes de las ONGs “solidarias con el pueblo saharaui” que, en sí, no aportan nada para el debate y solo se agitan como perros con tenia porque temen perder la rosca saharaui. Tal vez conviene que los vecinos de enfrente se sinceren y dejen de atormentarse y fingir defender “causas justas” en la otra orilla del estrecho, llámense éstas, saharaui o rifeña. Basta de dobleces.

Intriga, sobre todo, la incoherencia de quienes lamentan la deterioración de las relaciones entre España y Marruecos, pero no dudan en poner los palos en las ruedas, como José Manuel García-Margallo, eurodiputado y exministro de asuntos exteriores (2011-2016) en el gobierno de Mariano Rajoy.

En entrevista periodística, el diplomático ha juzgado como un tremendo error la decisión del gobierno socialista de apoyar el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara. Ha sostenido que Pedro Sánchez opta claramente por la soberanía de Marruecos, desechando la otra alternativa, que es la independencia del Sáhara, y que la decisión supone un cambio radical de la política exterior, cosa que no había hecho nunca ningún gobierno de España.

Vale recordar que no es lo que pensaba García-Margallo hace menos de un año, cuando aseguraba que, si bien la Unión Europea ha dicho que el problema del Sahara se resuelve en la ONU, “es obvio que Naciones Unidas no es un organismo marciano y está compuesto por Estados y cada uno tiene que manifestar cuál es su opinión”.

En sendas declaraciones publicadas en mayo y julio de 2021, el ex-canciller español ha reprochado a Pedro Sánchez su “comportamiento bastante torpe” por no tener en cuenta un “hecho capital” que se ha producido en diciembre de 2020 con el reconocimiento de Estados Unidos de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

La cuestión de fondo aquí es el Sáhara y hay comportamientos bastantes torpes por parte del gobierno español que no ha sabido identificar las señales de indignación que estaban viniendo desde Marruecos, ni leer el contexto internacional que cambia con el reconocimiento de Trump, le dijo a Antena3. “En fin, lo que se va a pedir a los países de la Unión es que tomen posiciones”, acotó.

Ahora que ese mismo gobierno español toma su “posición”, ese paso adelante a García-Margallo le suena a “autocracia” y a “franquismo”. Es la decisión de un autócrata y nos retrotrae al franquismo, a los tiempos en que quien ejercía la máxima autoridad política era responsable solo ante Dios y ante la Historia, sostuvo.

El muy allegado al flamante presidente del partido pajarito (PP), Alberto Núñez Feijóo, el eurodiputado sermoneó a Pedro Sánchez por no haber informado a priori al representante personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sahara, a los socios de España, a la aliada Argelia y, por poco, añade a la virtual RASD.

En la actualidad prevalecen dos hechos que el eurodiputado había resaltado en entrevista a Atalayar en mayo de 2021. Además del “cambio de escenario geopolítico” favorable a Marruecos, dijo que el peso de Argelia “en el tema del Sáhara se está sobreestimando” y que “Estados Unidos tiene una tentación con Marruecos”.

También remarcó que “era obvio que Estados Unidos iba a acabar reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara, porque no quieren tener un Estado enfrente en el Atlántico, cuya viabilidad, es más más que discutible” por lo que consideró que Marruecos pasó a presionar “para que la Unión Europea siguiese los pasos de Estados Unidos”.

Desde la óptica de la oposición mayoritaria, el también expresidente del gobierno, Mariano Rajoy, habló en una conferencia en la Universidad Europea de Madrid del giro dado por el gobierno español sobre el Sahara y lo hizo en un tono medido y moderado, según informó el sitio web de Telemadrid.

Mariano Rajoy no entra al fondo de la cuestión, pero sí critica las formas con las que ha actuado el gobierno. “Nos hemos enterado de que España cambia su política en el Sáhara, tras 45 años, por una carta enviada al Rey marroquí y no por los cauces deseados”, ha señalado Rajoy que opina que todo debería haber sido pactado “o al menos consultado” con la oposición y las naciones Unidas.

Contradice el tono medido de Rajoy, la agresividad del expresidente del gobierno, José María Aznar, quien salió a afear a Pedro Sánchez, tildando su decisión de “temeridad” y “error” que España va a “pagar muy caro”. “Sin consenso, sin debate se ha modificado una posición histórica en relación con un país amigo como es Marruecos, pero que afecta a responsabilidades históricas de España”, dijo el hombrecillo, en una entrevista en “Las Mañanas” de Radio Nacional de España. 

“Habiendo demostrado y entregado una parte de nuestras responsabilidades a cambio de nada, acabamos de mandar un mensaje de: oiga, ustedes decidirán cuándo quieren aprovechar la próxima ocasión. Ese es un mensaje de debilidad y vulnerabilidad muy claro”, ironizó.

En términos similares se expresó la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) que preside el propio Aznar, calificando de “derrota política y diplomática de grandes proporciones” asumir el plan de autonomía para el Sáhara planteado por Marruecos, para mejorar las relaciones con el país africano.

A Aznar le contestó el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Le pidió “más prudencia” y le recordó dos de las metidas de pata durante su gestión, el bochornoso incidente del islote Perejil (Leyla, en 2002) y la intervención en la II guerra del Golfo con el pretexto de las armas de destrucción masiva iraquíes.

Zapatero ha defendido que la posición de Sánchez está absolutamente alineada con las resoluciones de las Naciones Unidas y que ésta, “es una propuesta que ni es nueva ni es un giro”, ya que desde 2008, cuando él era presidente del gobierno, la defendió “sin que en ese momento hubiera mayor revuelo”.

“El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas viene recogiendo la propuesta de Marruecos presentada en abril de 2007 y haciendo una valoración positiva del esfuerzo que suponía para el avance en la solución del conflicto”, insistió el expresidente del gobierno español.

El veterano Felipe González, presidente del ejecutivo entre 1982 y 1996, también defendió la posición de su correligionario Sánchez y lo hizo ante los medios en Nueva York, previo al acto de entrega de los premios del “Queen Sophia Institute”, presidido por la Reina Sofía.

Citado por el diario madrileño ABC, Felipe González aseguró que la política que defiende Marruecos para el Sahara es “la mejor solución” para el conflicto y agregó que la propuesta marroquí “es la solución más seria y realista que se ha planteado en más de cuarenta años de conflicto”.

El socialista no quiso pronunciarse sobre la forma en la que Sánchez cambió la política de España sobre el Sahara ni sobre las presiones de Marruecos para conseguirlo, pero calificó la propuesta marroquí como “la más seria, creíble y realista”, una expresión similar a la que Sánchez usó en su carta al Rey Mohammed VI y la misma que Donald Trump escogió en 2020, cuando Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí del Sahara y que a su vez es calcada de la que Marruecos usa desde 2007 cuando presentó esta propuesta ante la ONU.

Por su parte, el exembajador en Rabat y exjefe del espionaje español, Jorge Dezcallar, admitió que la solución planteada puede ser realista, aunque lamentó que el jefe del ejecutivo no haya explicado las ventajas para España ni tampoco “cómo va a progresar un conflicto enquistado cuatro décadas”. Dezcallar, uno de los diplomáticos más reconocidos de España, dijo que le “sorprendió mucho enterarnos de algo así a través de un comunicado del Palacio Real de Marruecos citando una carta del presidente de España que era de cuatro días antes”. “Hay que tener buenas relaciones el problema es a qué precio y qué grado de confianza pones en la otra parte y aquí ha dado la sensación de que la presión de Marruecos ha conducido a este cambio de actitud, lo que proyecta una imagen de debilidad de nuestro país”, dijo.

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